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Administración

PyMEs: La caja fiscal que nadie gestiona

Los embargos crecieron con fuerza este año. Pero la historia empieza mucho antes, en una función que en la mayoría de las empresas del sector no tiene dueño.

17 de septiembre de 2026 - 18:50

Por Mauricio Gaiero y Darío Moreira. Llega el resumen de los vencimientos, el número es más alto de lo que se esperaba, y no hay una explicación clara a mano. Se paga igual. Se sigue.

Esa escena tiene menos que ver con la contabilidad que con la gestión. Es el síntoma de algo más simple y más incómodo: en la mayoría de las empresas, la caja fiscal "no tiene un dueño" que la gestione.

El contador liquida. Administración paga. El dueño firma. Tres funciones necesarias, y ninguna de las tres es gestionar.

Nadie está mirando ese flujo del modo en que se mira la cobranza o el stock: cuánto entra, cuánto sale, cuánto quedó inmovilizado y qué se puede hacer con eso antes de que sea tarde.

Y los papeles pueden estar impecables mientras eso ocurre. Ese es el punto que más cuesta aceptar: cumplir es muy distinto a gestionar.

El drenaje que no se siente

Acompañando a empresas de rubros muy distintos (industria, servicios, comercio electrónico), vemos un patrón que se repite con independencia del sector.

No hay una deuda grande que aparezca de golpe. Es la multiplicidad de regímenes funcionando al mismo tiempo: anticipos, pagos a cuenta, retenciones y percepciones en distintos impuestos y jurisdicciones.

Es como una gotera. Probablemente una gota no te preocupa demasiado, pero a los tres meses tenés el techo lleno de humedad. Pocos corren a arreglar una gotera: se termina arreglando el techo.

Ese es exactamente el problema. Cada régimen por separado parece demasiado poco para ocupar la agenda del dueño y la suma es demasiado grande para ignorarla.

El daño solo se vuelve visible cuando ya es grande, y para entonces reconstruir la caja es mucho más difícil que haber evitado que se vaciara.

Entonces, ahí empieza la lógica reactiva. Se corrige el daño, no la causa. Se buscan paliativos.

Y la empresa entra en un modo de gestión, lo que una PyME sabe hacer con mucha fluidez, que consiste en apagar incendios mientras el origen sigue funcionando.

Una cuenta que podés pedir hoy

Antes de seguir, hay una medición que cualquier empresa puede hacer esta semana y que no requiere ningún diagnóstico externo.

Elegí un impuesto -empezá por Ingresos Brutos, sumando todas las jurisdicciones donde operás, y después repetilo con IVA- y pedí el total de lo que te retuvieron y percibieron en ese impuesto durante los últimos doce meses, sumando todas las jurisdicciones donde operás.

Compará ese número con lo que efectivamente determinaste a pagar por ese mismo impuesto en el mismo período. En Ganancias la cuenta es la misma, pero mirando el ejercicio cerrado.

La cuenta se hace por impuesto separado porque el saldo a favor de un impuesto no se aplica libremente a la deuda de otro. Por eso la plata puede estar trabada en un impuesto mientras la empresa sigue pagando con plata en el banco.

Si el primer número es bastante más grande que el segundo, no tenés un problema impositivo. Tenés capital de trabajo financiando al Estado sin plazo ni interés, mientras tu empresa necesita financiarse afuera y paga tasa.

La mayoría de las PyMEs nunca hizo esa cuenta. Y no es porque sea difícil, sino porque no es terreno de nadie: ninguna declaración jurada la exige, ningún vencimiento la pide y por eso nunca aparece sola.

La información existe, pero llega repartida entre la administración interna, el banco y el estudio contable.

Hay que ir a buscarla y consolidarla, y eso solo pasa cuando alguien decide que hay que hacerlo.

Las decisiones que se toman antes, o no se toman

La consecuencia práctica de que nadie gestione ese flujo es que las herramientas para corregirlo quedan sin usar.

No porque no existan, sino porque tienen fecha, y esa fecha suele pasar sin que nadie la esté mirando.

Los anticipos de Ganancias se determinan sobre el impuesto del ejercicio anterior, mientras la empresa está viviendo el ejercicio actual.

Si el negocio se achicó, cambió o perdió margen, la empresa le está adelantando al fisco plata calculada sobre una realidad que ya no existe.

La normativa prevé la salida: la reducción de anticipos puede pedirse a partir del quinto como regla general, desde el tercero si se proyecta que el total a ingresar superará en más del 25% la obligación del período, y desde el primero si esa sobreestimación supera el 40%.

La palabra que decide todo ahí es proyectar. La herramienta existe, pero exige algo que muchas PyMEs no tienen incorporado a su gestión: una proyección fundada del resultado del ejercicio en curso.

Sin proyección no hay opción que ejercer. Y no es un trámite declarativo: hay que poder sostener la estimación, porque las diferencias con lo que finalmente correspondía pagar devengan intereses. Le da aire a quien proyecta en serio y le pasa factura a quien improvisa.

Con los certificados de exclusión de retenciones y percepciones pasa algo parecido, hay que llegar con las condiciones cumplidas al momento de pedirlos, y eso se planifica con anticipación.

En IVA, las MiPyMEs tienen un trámite simplificado y pueden solicitarlo con saldo a favor en dos períodos fiscales consecutivos anteriores al pedido.

El beneficio está disponible. Lo que falta, casi siempre, es haber llegado a tiempo.

No se trata de pagar menos de lo que corresponde. Se trata de no adelantar lo que no corresponde.

Cuando nadie mira, la secuencia avanza sola

Hay un dato del Observatorio PyME que describe lo que pasa después mejor que cualquier explicación: entre el tercer trimestre de 2025 y el segundo de 2026 los atrasos en pagos se duplicaron, y no se distribuyen parejo.

El 15,3% de las empresas demora pagos a proveedores, el 17,3% posterga obligaciones impositivas y solo el 8,6% reconoce atrasos financieros.

Esa asimetría no es casual: describe un orden. Primero se estira el plazo con proveedores. Después se difieren impuestos.

El banco queda para el final, porque perder el crédito deja a la empresa afuera del sistema.

Ninguna de esas tres cosas se decide. Se llega a ellas. Y al final del recorrido está la escena que este año se volvió mucho más frecuente.

Un informe de la Fundación Apertura para la Red de Instituciones por la Producción, elaborado con datos oficiales de la Delegación Regional Rosario de ARCA, muestra que entre 2021 y julio de 2026 se trabaron allí 27.045 embargos y que el 92% recayó sobre empresas caracterizadas como MiPyMEs.

Una microempresa tarda en promedio 181 días en resolverlo.

Seis meses. Para una empresa que planifica su caja a noventa días, eso no es un trámite que se resuelve mientras la operación sigue su curso. Es medio año decidiendo con la caja condicionada.

Lo que el plan de pagos resuelve y lo que no

Cuando la deuda ya existe, el régimen especial de facilidades vigente hasta el 30 de octubre es una herramienta válida: hasta 18 cuotas para micro y pequeñas empresas y 15 para medianas de los tramos 1 y 2.

Pero conviene leer la letra chica antes de firmar.

Para retenciones y percepciones impositivas -lo que la empresa retuvo de terceros- el plazo baja a 9 y 7 cuotas, y la financiación es del 2,75% mensual, sin condonación de intereses ni de multas. Llevada a doce meses y capitalizada, esa tasa supera el 38%.

Ahí se cierra el círculo de la cuenta que proponíamos más arriba: una empresa financiando su deuda fiscal a esa tasa mientras mantiene saldos a favor acumulados que no se actualizan por inflación.

Plata cara para sostener la operación y plata propia inmovilizada rindiendo cero.

Un plan de pagos ordena una deuda, no corrige lo que la generó. Si una empresa necesita financiar sistemáticamente sus impuestos, el problema puede no ser la deuda: puede ser que esa caja no la esté gestionando nadie.

Lo que sí se puede decidir

Una PyME no controla la inflación, las tasas ni el nivel de actividad.

Sí controla cuánto de su capital de trabajo deja inmovilizado en el sistema tributario, si gestiona activamente el recupero de saldos a favor y la exclusión de retenciones, y si sus anticipos guardan relación con el año que está transitando.

Eso no es, en el fondo, una discusión sobre impuestos. Es una discusión sobre previsibilidad: saber cuánto se va a pagar antes de que llegue el vencimiento, y que la plata que es de la empresa vuelva a la empresa.

La diferencia no está en pagar menos, está en decidir antes, en vez de enterarse después.

Y ninguna de esas decisiones se toma igual en dos empresas distintas.

El mix de regímenes, las jurisdicciones donde opera y la fecha de cierre del ejercicio cambian por completo dónde está la caja atrapada y qué se puede hacer con ella.

Lo que no cambia es cuándo conviene mirarlo: antes de que el daño sea visible, cuando todavía es una gotera.

El embargo bloquea una cuenta. La falta de gestión bloqueó la caja mucho antes.

Grupo DM-Estrategas Fiscales con visión de negocio

Mauricio Gaiero: https://www.linkedin.com/in/mauriciogaiero/

Darío Moreira: https://www.linkedin.com/in/dariomoreiract/

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