Por Delfina Gallo. La Inteligencia Artificial cambió la forma en que trabajamos, nos comunicamos y accedemos a información.
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SUSCRIBITENo es verdad el mito de que “ya no hace falta aprender inglés”.
Por Delfina Gallo. La Inteligencia Artificial cambió la forma en que trabajamos, nos comunicamos y accedemos a información.
Hoy existen más de 500 millones de usuarios activos de herramientas de traducción automática en el mundo. Google Translate procesa más de 100.000 millones de palabras por día.
Plataformas de IA generativa permiten redactar correos, contratos y presentaciones en segundos, en múltiples idiomas.
Frente a este escenario, surge una idea tentadora: Si la tecnología traduce todo, ¿para qué aprender inglés?
El argumento parece lógico. Pero los datos y la experiencia empresarial muestran algo distinto.
El inglés sigue siendo el idioma dominante del comercio global. Más del 80% de las multinacionales lo utilizan como lengua corporativa principal.
Cerca del 60% del contenido profesional online está publicado en inglés. En sectores como tecnología, finanzas y economía del conocimiento, ese porcentaje es aún mayor.
Además, más del 50% de las páginas web del mundo están escritas en inglés, mientras que menos del 6% de la población mundial lo tiene como lengua nativa.
Esa desproporción revela algo clave: el idioma funciona como infraestructura del sistema económico internacional.
La Inteligencia Artificial facilita la comprensión pero no reemplaza la competencia comunicativa.
En negociaciones internacionales, reuniones estratégicas o procesos de inversión, la comunicación no es solo transmisión de palabras. Es lectura de contexto, interpretación cultural, capacidad de respuesta inmediata y construcción de confianza. La traducción automática puede asistir, pero no liderar.
En el ámbito corporativo, distintos estudios sobre productividad muestran que los equipos que comparten un idioma operativo común reducen tiempos de coordinación, minimizan errores y mejoran la toma de decisiones.
Cuando la comunicación depende exclusivamente de herramientas externas, aumenta el riesgo de ambigüedades, especialmente en conversaciones complejas.
Otro dato relevante: el mercado global de servicios basados en conocimiento -uno de los sectores más dinámicos para Argentina- supera los US$ 1,5 billones anuales. En este ecosistema, el idioma no es un accesorio; es el canal principal de operación.
Las empresas que exportan servicios profesionales, tecnología o consultoría compiten en un entorno donde la interacción directa es constante: presentaciones ante clientes, reuniones virtuales, liderazgo de equipos multiculturales.
En esos escenarios, depender exclusivamente de traducción automática puede generar fricciones invisibles que afectan la percepción de profesionalismo.
Diversos estudios en educación y neurociencia muestran que aprender un segundo idioma mejora habilidades como flexibilidad mental, resolución de problemas y adaptación intercultural.
No se trata solo de hablar otra lengua, sino de desarrollar una estructura mental que facilita la interacción global.
La IA optimiza procesos. Pero el diferencial humano sigue estando en la capacidad de persuadir, negociar y liderar sin intermediarios.
En el mercado laboral internacional, el inglés continúa siendo una de las habilidades más demandadas.
En plataformas globales de empleo remoto, la mayoría de las ofertas en sectores de alto valor agregado exige dominio conversacional del idioma, aun cuando el puesto no esté ubicado en un país angloparlante.
La tecnología democratiza el acceso a la información. Pero no elimina las jerarquías comunicativas.
En la práctica, quienes dominan el idioma operan con mayor autonomía. Pueden leer contratos sin depender de traducciones, participar activamente en debates estratégicos y reaccionar con rapidez en contextos dinámicos. Quienes no lo hacen, aunque cuenten con talento técnico, suelen moverse con mayor cautela.
El mito de que “ya no hace falta aprender inglés” parte de una confusión: equipara comprensión con competencia.
La inteligencia artificial es una herramienta extraordinaria. Reduce barreras iniciales y amplía oportunidades. Pero en la economía global, el idioma sigue siendo una ventaja competitiva estructural.
La traducción automática puede abrir la puerta. El dominio real del idioma permite cruzarla y negociar lo que hay del otro lado.
En un mundo cada vez más automatizado, las habilidades humanas que generan confianza y liderazgo valen más, no menos. Y entre ellas, el inglés sigue ocupando un lugar central.
Delfina Gallo, profesora de Inglés Cambridge y especialista en certificación internacional.

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