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Diario de un emprendedor millennial: ¿Cómo elegí mi franquicia?

31 de mayo de 2023 - 13:13

Por Facundo Eneas Gárriz. Qué significa tener una franquicia y cómo crecer en ese sentido.

Entender que no somos dueños de una marca, sino creadores de un know-how propio para administrar nuestros ingresos, que el foco de crecer está en la diversificación de nuestra cartera.

Acá te cuento todo eso y te doy los secretos que la experiencia me regaló.

Aprendiendo de la historia

Ser hijo de un padre emprendedor me llevó a pensar que en mi genética algo de eso se había colado.

La pasión y los estudios en el periodismo lo retuvieron algún tiempo, pero con algún recorrido freelance y corporativo ya empecé a amigarme con la idea de desarrollar algo propio.

No quería que fuera dentro del contexto familiar. Quería tener mi propio camino, darle mi impronta, jugar mis cartas para ver después qué podía pasar.

No había norte claro y si quería hacer algo distinto no podía siquiera tocar los contactos existentes. Y de esos “una cosa lleva a la otra” apareció una marca muy conocida que quería empezar su proceso de franquicias.

Un poco qué la elegimos, porque era originaria de mi pueblo natal, y otro poco porque el destino nos la dejó en la puerta de casa.

Porque no todas las estrategias se inician con el sin fin de excel y el cálculo exacto del VAN y cashflow; ni es que todas las ideas caigan de las lluvias de ideas o los estudios de mercado.

Muchas veces el emprendedor ve una oportunidad en el mercado y va a por ella.

A veces el instinto tiene que ser más escuchado que cualquier planilla que nos pueda mostrar caminos alternativos.

El primer año nos demostró lo acertado de la decisión.

Pero no podíamos quedarnos con ese solo negocio, menos sin ser los dueños de la marca.

Estableciendo el rumbo

Nos dimos cuenta que nuestro potencial no estaba en incentivar el crecimiento de una marca, sino que habíamos ganado un know-how en la administración de un negocio que podíamos replicar con otras marcas; incluso con una propia, pero esto es menester de otra columna.

Fue así que decidimos probar con otra marca y empezamos a buscarla.

Teníamos algún norte al que apuntar, pero la brújula un poquito imprecisa.

Metimos mucho Google y mucho salir a la calle a ver qué elegía la gente. Mandar algunos mails y encontrarnos con agencias que vendían franquicias y nos ponían condiciones de ingreso excesivas.

Tentaba la idea de trabajar a un nivel tan organizado, pero también nos generaba conflicto cultural con nuestro espíritu PYME familiar.

Entonces ya no se trató tanto de pensar en los clientes y las tendencias del mercado, que igual teníamos súper mapeadas, sino en pensar con quién queríamos asociarnos.

Entender que muchas veces “qué estamos haciendo” puede tener mucho sentido, pero “con quién lo estamos haciendo” puede determinar el futuro de cualquier negocio, y de cualquier cosa en la vida.

Pensamos en nuestro propio espíritu nacional, de la cultura del trabajo, de no dar saltos que no sepamos amortiguar, en diversificar sin meternos en industrias de las que no sepamos.

Estábamos dentro del rubro gastronómico pero de los desayunos teníamos que pasar a los almuerzos. No teníamos que tener más de lo mismo, sino seguir aprendiendo en donde pudiéramos aplicar lo aprendido.

Lamparita prendida

La búsqueda sesgada a marcas de moda y con buenas proyecciones, se convirtió en tratar de dar con dueños directos, tener reuniones y “ver cómo nos sentimos”. Con mi socio fuimos a varias de las que salimos conformes, pero sin dar con la tecla.

Hasta que un día de mucho Instagram se me cruzó una marca que era conocida, pero no tanto; que parecía vender un montón, pero no tener una escala masiva. Capaz era por ahí.

Escribí en su perfil de Instagram y a la semana siguiente tenía a los dueños sentados tomando un café conmigo. Entendí que se trataba de esto.

De emprendedores que quisiéramos tirar para el mismo lado, en un contexto totalmente adverso como lo es siempre el argentino, pero sin miedo a nada. Con ganas de probar sin pensar -inmediatamente- en los beneficios.

Y así nos asociamos para un primer local. Y yo entendí que nuestro aporte estaba en la administración del local, no tanto en lo que podía aportar al crecimiento de la marca y que mis cañones tenían que apuntar a mis propias cuentas bancarias.

Entender que administrar es mirar los costos más que salir a buscar ventas, que el secreto de manejar una franquicia significa ganar con lo que tenés y no depender de un futuro incierto.

El know-how había empezado con nuestra interiorización en la industria, pero lo que había ganado de fondo era un timing justo para el gasto y la inversión.

Que todo eso que yo pensaba que era instinto, era la acumulación de experiencias que el cepo al dólar, las inundaciones, la pandemia y la traba de importaciones me había dado.

No tenía la brújula rota, sino lo suficientemente adaptada a la toma de decisiones en tiempo real.

Y fue así que teníamos la nueva franquicia dentro del ecosistema de nuestra pequeña empresa. Y eso del gen emprendedor no era una fantasía.

¿Cómo sigue? Después les cuento.

 

Facundo Eneas Gárriz es redactor de SOMOS PYMES y emprendedor.

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