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Negociar

Negociar en una PYME: Cómo es el duro costo de llegar al win-win

17 de mayo de 2023 - 18:26

Por Facundo Eneas Gárriz. Negociar me demostró que soy capaz de hacer o decir cosas en las que no creo del todo con tal de conseguir mi propósito.

¿Eso me convierte en un monstruo? ¿Cuál es el límite de ese “cualquier cosa”?

No me enorgullece, pero a veces el win-win tiene un costo que no estamos dispuestos a pagar.

Hace rato vengo pensando en estas cosas que hacemos o decimos como emprendedores con el objetivo de “ayudar” a nuestro negocio.

Los café que nos tomamos con personas con las que no nos sentaríamos si no hubiera un interés de por medio, las promesas que hacemos sin estar del todo seguro de poder cumplirlas y las mentiras que nos hemos inventado para justificar malos procederes nuestros o de nuestro equipo.

En algún debate universitario se citaba la frase maquiavélica de “el fin justifica los medios” y yo, un Facu joven lleno de ideales sobre el mundo justo, la castigaba como inapelablemente mala.

Pero con el fragor del “hacer negocios” encima estoy empezando a creer que puede ser así, que finalmente el vil metal termina por corromper hasta los más moralistas.

Había una vez…

Un señor con quien nos juntábamos a tomar el té una vez al mes, con quien llegamos a tratarnos como familiares postizos.

Hasta que un día esos intereses que nos unían en un vínculo casi fraternal se desencontraron.

Del cariño, que ahora entiendo era completamente impostado, pasamos a poner abogados y nunca más hablarnos cara a cara.

La historia termina con parte de la ganancia para él y parte para mí, una relación dañada y un futuro incierto para el negocio.

Y en el medio, un montón de actitudes de mi parte que no me genera orgullo haber tenido, que me encuentro justificando simplemente porque al final de la discusión algo gané.

Pero no sé si me gusta haber quedado como el malo de la situación, como el que trajo un problema y solo logró sacar su beneficio particular.

Y quizás estuve mal. No digo que no.

Lo trato en terapia, lo prometo.

Pero a veces eso del win-win es medio una utopía tan inalcanzable como el perfecto socialismo que de tan perfecto siempre falló en la práctica.

Si uno gana, el otro pierde; si uno baja, el otro sube. Eso ya lo aprendimos de chicos en el inocente juego de plaza.

Lo que nadie te explica es que al jugar de adultos, nadie se divierte tratando de mantener el equilibrio en el medio como lo hacía con mi hermano.

El quid de la cuestión

Trato de consolarme con un desdoblamiento maradoniano diciéndome: “Fue el Facundo empresario, no fui yo”.

También me hago creer que “soy tremendo para negociar” como si al hacerlo usara lógicas que después no proyecto en mi vida personal.

Hace un tiempo alguien me hizo conocer esta frase: “Rara vez dos personas se encuentran si no es con un interés de por medio”.

Y por más raro que parezca estar parafraseando a una serie de detectives –Expedientes X–, eso me dio una especie de tranquilidad.

En los negocios todos sabemos al juego que nos prestamos, solo hay que saber cuándo de verdad estamos pasando ese límite que ni en el nombre de la mayor de las ganancias deberíamos cruzar.

Como emprendedores seguramente se hayan sentido así alguna vez.

No es que nos quiera preocupar, pero tal vez pensar que el mundo del win-win, si bien es fácticamente imposible, es al que más deberíamos aspirar.

No creo que el fin justifique a todos los medios. Quizás algunos, quizás alguna vez.

 

Facundo Eneas Gárriz es redactor de SOMOS PYMES y emprendedor.

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