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Legislación

Reforma laboral: menos relato y más vínculo

Cómo ordenar el trabajo sin romperlo.

Somos Pymes | Juan Pablo Chiesa
Por Juan Pablo Chiesa 7 de noviembre de 2025 - 18:06

La reforma laboral no se mide por slogans, se mide por vínculos. Si el vínculo entre dependiente y empleador es caro, incierto y litigioso, el empleo formal se esconde.

Si el vínculo es claro, previsible y humano, el empleo aparece. Ése es el eje correcto del debate: ir al vínculo, no al empleo en abstracto.

El proyecto en discusión ordena piezas importantes. Actualiza facultades de organización del trabajo con un estándar de razonabilidad (LCT 66) y pone plazos y formas a la disciplina (LCT 67).

Digitaliza pagos y recibos, y amplía beneficios sociales no remunerativos -comida, salud, guardería, conectividad- que bajan el costo total sin tocar el salario de bolsillo. Es modernización con sentido común.

También habilita negociación de bancos de horas y regímenes sectoriales, preservando 12 horas de descanso.

Productividad negociada, no impuesta. Y flexibiliza vacaciones con criterio familiar y organizacional.

Los efectos de la reforma laboral

El gran desafío para el sector PyME no es sólo adaptar las normas, sino volver a generar empleo real.

Porque la ley puede ordenar, pero el empleo aparece sólo cuando el sistema deja de castigar al que contrata.

Hoy una PyME que quiere incorporar personal enfrenta una carga fiscal que roza lo absurdo: entre aportes, contribuciones y seguros, el costo laboral se multiplica hasta 2,5 veces el salario de bolsillo.

No hay empresa que resista si cada puesto nuevo se convierte en un pasivo potencial.

La reforma laboral, entonces, debe ser también una reforma del empleo: bajar la carga, simplificar registros, digitalizar procesos y acompañar con crédito productivo.

El ejemplo es claro: una firma mediana como ROTGER SRL, con apenas cuatro empleados, paga cerca de 3,5 millones de pesos mensuales en cargas sociales. Esa ecuación destruye empleo formal antes de que nazca.

Por eso, cuando decimos que “la reforma laboral no genera empleo”, no es una crítica, es una advertencia.

Legislación relativa a los tiempos posmodernos

El empleo se genera cuando el marco tributario, la seguridad jurídica y la tecnología empujan en la misma dirección. Ahí está el verdadero motor.

Hay dos puntos delicados. Primero, el tope de intereses a IPC + 3% en créditos laborales: trae previsibilidad, sí, pero si la inflación es alta puede licuar sentencias y premiar la demora.

La regla debe caminar con prudencia judicial y monitoreo macro.

Segundo, el tope a costas y cuota litis: ordena, pero exige control de calidad en la defensa del trabajador para que la economía del juicio no se coma al derecho.

Lo positivo del capítulo de incentivos al empleo es directo: un bono de crédito fiscal por nuevas altas y el empalme con planes por hasta 13 meses.

Premia a quien blanquea y sostiene nómina. Si se gestiona bien, esto puede mover la aguja donde importa: en la decisión de contratar.

Pero nada de esto funcionará si no alineamos coherencia tributaria y seguridad jurídica. El costo de formalizar no puede superar la capacidad real de los sectores, porque entonces ganamos en papeles y perdemos en fábricas. Formalidad genuina o colapso fiscal, no hay término medio.

La pieza que falta es estratégica: Inteligencia Artificial aplicada al trabajo.

Con IA podemos predecir conflictos, detectar patrones de incumplimiento antes de que se conviertan en juicios, y diseñar compensaciones personalizadas que premien productividad sin empujar a la informalidad.

No es futurismo: es gestión. Ya lo demostré en columnas previas: la IA reduce litigiosidad, acelera conciliaciones y protege mejor a quienes más lo necesitan.

La oportunidad es ahora. Si la reforma se concentra en el vínculo, ordena incentivos para formalizar en serio y suma IA para bajar la conflictividad, este tiempo no será recordado como un derrumbe sino como el inicio de una reconstrucción profunda del empleo argentino. Ése es el camino.

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