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Diario de un emprendedor millennial

PyMEs: cómo es el arte de saber delegar

Qué delegar y en quién hacerlo no responde a ningún excel, data analytics o meta-realidad. Es lo más artesanal que verás hacer a un emprendedor en la época de la digitalización. Claves para tomar buenas decisiones.
Somos Pymes | Facundo Gárriz
Por Facundo Gárriz 24 de noviembre de 2023 - 19:03

Yo: Creo que estoy equivocado

Terapeuta: ¿Por qué?

Yo: Porque quiero delegar cosas que sí o sí tengo que hacer yo.

Terapeuta: ¿Y por qué querés delegarlas?

Yo: Porque no tengo tiempo para hacerlas.

Terapeuta: ¿Y si delegás las que te quitan tiempo para hacerlas, en vez de delegar esas que tenes que hacer vos sí o sí?

Delegar es un arte. Todos los emprendedores sabemos que es una magia que se hace con la varita de la intuición y depende de la suerte del destino.

Qué delegar y en quién hacerlo no responde a ningún excel, data analytics o meta-realidad. Es lo más artesanal que verás hacer a un emprendedor en la época de la digitalización.

Y hubo un tiempo en que consideré que lo estaba haciendo muy mal.

Delegaba tareas para las que los empleados no tenían las herramientas necesarias, mientras yo me llenaba de tareas operativas que, según yo creía, aportaban más al negocio.

Tenía una vana esperanza de que si yo me metía en algunos procesos operativos, que con mi acceso a caja y autoridad de decisión se resolvían más fácil, ellos iban a tener tiempo de pensar mejor sus tareas y organizarse de cara al futuro.

Hasta que ese día en terapia, me di cuenta que estaba delegando lo intangible de la estrategia, mientras centralizaba en mi rol las cuestiones del día a día.

Yo solucionaba y pretendía que otros pensaran, cuando debía ser completamente a la inversa. Suena re obvio, porque yo mismo ahora lo veo obvio, pero hasta ese momento, no lo era.

Tener el poder de decisión te convierte en el empleado más eficiente. Como cuando un local necesitaba unas luces de emergencia que hacía tiempo estábamos presupuestando pero nadie compraba.

Un día pedí el link de mercado libre y lo compré, fin del conflicto. “Ven que fácil es” dije, y todos me miraron como diciendo “claro, si vos sos el que decide, obvio que es fácil para vos”.

Y por suerte ese día… tenía terapia.

“No se puede delegar la estrategia, pero tampoco llego a pensarla”, le dije a mi terapeuta, que con mis sesiones ya hizo una licenciatura en administración de empresas. “Entonces hacete el tiempo para pensar”, me dijo ella y ahí entendí mi error.

Yo estaba delegando lo indelegable, no estaba errando un poco, estaba errando en el total de la ecuación. Creer que aquello para lo cual los empleados nos vienen a buscar, es aquello que tenemos que hacer. Cuando nosotros como líderes, dueños, socios, gerentes generales, CEO o como le quieras decir a tu rol, tenemos que estar un paso adelante, traer soluciones a los problemas futuros.

Y así fue que empecé a pensar más allá.

Dejé que el equipo se encargara de la operación con algo más de independencia.

Por supuesto que pagaron algunas cosas más caras de lo usual e hicieron cosas de una forma que yo no lo hubiese hecho, pero mal que mal, el barco siguió navegando.

La dirección podía ser menos precisa, pero yo estaba seguro de soplar las velas para que avance.

Como ese día que armé el organigrama, o cuando pensé los objetivos de cada rol de la empresa, cuando armé el panel de control, cuando empecé a involucrar personas fuera de la familia. En cada uno de esos momentos pensé en el todo y no en las partes.

Porque no fue hasta que entendí qué era lo indelegable, que pude saber qué era factible de delegar.

No se trata de “gestionar el tiempo”, un concepto muy arraigado al delegar, porque si de esos se tratara la solución sería muy simple: se renuncia, y esa palabra debe ser el insulto más fuerte que recibe un emprendedor.

No delegues. Ponete a pesar qué es aquello que nunca vas a delegar, y el resto sucede solito. Te lo prometo.

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