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Capitalización

Comprar Bienes de Uso: ¿Una decisión financieramente ineficiente?

Adquirir la máquina no siempre es la mejor forma de tenerla.

23 de septiembre de 2026 - 19:50

Por Fabián Canoni. A veces, ser dueño del equipo es la forma más cara de usarlo. Te lo muestro con un ejemplo propio de nuestra Consultora.

Hay un reflejo muy argentino, y muy de dueño de PyME (y esto nos pasa a muchos empresarios hasta que comenzamos: a conocer los distintos instrumentos que el ecosistema financieros nos ofrece): querer ser dueño de todo.

La máquina, la camioneta, las computadoras, el local. "Es mío" nos da seguridad. Y está bien, hasta que ese reflejo empieza a tomar decisiones financieras por vos.

Porque hay una pregunta que casi nadie se hace: ¿Y si ser dueño del equipo fuera, muchas veces, la forma más cara de usarlo?

Venimos conversando sobre esto desde hace tiempo. En la columna anterior te dije que una empresa vale por lo que genera, no por lo que tiene. En otra, que no dejes la plata quieta.

El leasing es esas dos ideas hechas herramienta. Y hoy le toca a él.

Dos mitos que hay que sacar del medio primero

Antes de entrar, dos creencias instaladas que te hacen dejar plata sobre la mesa.

El primero: "el leasing es para maquinaria y rodados". Es la asociación automática. Y no es falsa (de hecho, hoy hay líneas bancarias con tasa subsidiada para eso: BIND, por ejemplo, ofrece leasing de utilitarios a tasa TAMAR más 3,5%, de las más bajas del mercado).

Pero el leasing no termina en la camioneta. Sirve para tu equipamiento informático, tus servidores, tu tecnología. Casi cualquier bien de uso.

Seguí leyendo que en un rato te cuento cómo lo usamos nosotros para las notebooks.

El segundo mito, más caro todavía: "esto es para empresas grandes". Falso.

El leasing es, en todo caso, más útil para una PyME que para una gran empresa, justamente porque la PyME es la que más sufre inmovilizar capital.

La grande tiene espalda para comprar; vos necesitás que cada peso esté trabajando. El instrumento no pide tamaño. Pide orden.

Qué es, sin ponernos técnicos

El leasing está regulado por la Ley 25.248. En criollo: una empresa (el dador) compra el bien que vos elegís y te lo da para que lo uses, a cambio de una cuota (el canon). Y te da una opción de compra al final.

Fijate en esa palabra: OPCIÓN.

No es una obligación. La ley es clara: el bien recién pasa a ser tuyo si al final ejercés esa opción y pagás su valor residual. Si no querés, no comprás, y devolvés el bien (o renovás). Guardate esto, porque es la clave de todo lo que viene.

Pero ojo: acá está el punto. No es que sea más barato. Es que es más eficiente.

Y acá me interesa poner un poco más de énfasis porque no quiero que me leas pensando que soy un Ejecutivo de Cuentas de un Banco que quiere venderte un Leasing: sumando todo, el leasing muchas veces no es más barato que comprar al contado. ¿Por qué? Porque estás pagando la financiación.

La ventaja no es el costo. Es la eficiencia financiera. Son cosas distintas, y confundirlas es un error muy caro. Mirá lo que ganás:

No inmovilizás un capital grande de golpe. En vez de descargar una fortuna el día uno, pagás una cuota. Esa plata que no enterraste queda libre para lo que sí genera renta: tu capital de trabajo, tu crecimiento, tu operación.

El IVA no lo pagás todo junto. Cuando comprás, pagás el 10.50% o el 21% de IVA sobre el total (dependiendo el tipo de bien que compres), el primer día.

En el leasing, el IVA se va devengando con cada cuota (así lo fija la propia ley). Es capital de trabajo que no se te va de golpe.

La cuota es deducible y el esquema tiene ventajas impositivas que conviene aprovechar con tu contador.

No te quedas con la obsolescencia del bien. Se la trasladas a quien te financia el Leasing.

En una frase: comprar te hace dueño de un fierro que se deprecia. El leasing te deja usar ese fierro mientras tu plata trabaja en otra cosa.

Ahora sí, nuestro caso. Y una vuelta de tuerca.

En EMA Group Consultores, parte de las notebooks las tenemos bajo este esquema. Cinco equipos de gama alta por menos de $500.000 por mes. Si, menos de $500.000 mensuales.

Hagamos algunas cuentas

Pensá en la alternativa de comprarlos. Un equipo así hoy ronda los 1.000 a 1.200 dólares: son cinco desembolsos fuertes de una vez, más el IVA completo el primer día. Y desde ese día (el mismo que lo comprás), el bien empieza a perder valor.

Si bien no hay un único criterio sobre en cuántos años se amortiza una notebook. Cada empresa lo estima de forma razonable según el desgaste y la obsolescencia, aunque por uso y costumbre se suele tomar cinco años (un 20% por año, línea recta).

Con ese criterio, un equipo de 1.100 dólares baja unos 220 por año.

Y ahí aparece algo interesante. A los tres años (lo cual es un nivel de obsolescencia lógico para un equipo informático) cuando esa notebook ya quedó tecnológicamente vieja, en tus libros todavía figura valiendo unos 440 dólares.

Seguís cargando en el balance un activo que en la vida real seguramente debas reemplazas o reacondicionar.

Ese desfasaje, entre lo que dice el papel y lo que vale de verdad, es uno de los costos ocultos de comprar tecnología.

Ahora la vuelta de tuerca, que es lo que hace especial nuestro caso:

Nuestro contrato no es un leasing clásico apuntado a comprar. Es un esquema DaaS (Device as a Service): lo que contratamos no es el equipo, es el uso más el servicio. Soporte y cambio de equipo ante cualquier falla, incluidos en la cuota.

Y viene lo mejor. Nuestro contrato termina en cuatro meses. ¿Qué hacemos? No ejercemos la opción de compra (no queremos quedarnos con cinco notebooks que en uno o dos años son piezas de museo). Renovamos por cinco equipos nuevos.

Resultado: nunca nos quedamos con tecnología vieja, nunca inmovilizamos el capital, y el riesgo de obsolescencia se lo queda el que nos da el servicio, no nosotros.

Eso es un círculo virtuoso. En lugar de comprar un equipo y, a los 3 ó 5 años tener un fierro devaluado y obsoleto, con este esquema, siempre tenés lo último y la plata nunca se enterró.

Leasing clásico o DaaS: no son lo mismo, y elegir bien importa.

El ejemplo de EMA Group Consultores

Mi regla es simple. Para un bien que conserva valor y querés poseer (una máquina que dura veinte años, un inmueble), el leasing clásico con opción de compra tiene todo el sentido: apuntás a quedártelo.

Para un bien que se vuelve obsoleto rápido (tecnología), el DaaS es más inteligente, porque justamente no querés terminar siendo dueño de algo que va a envejecer mal.

No es que uno sea mejor que el otro. Es elegir el instrumento correcto para el tipo de bien y el más eficiente en materia financiera.

Volviendo al principio. Ser dueño, no es un valor financiero en sí mismo. Es un medio, no un fin.

Lo que le da resultado a tu empresa no es figurar como propietario de un equipo en tu balance. Es usar ese equipo para producir, mientras tu capital trabaja donde más rinde.

Comprar la máquina no siempre es la mejor forma de tenerla. A veces, la mejor forma de tenerla es, sencillamente, usarla.

Con esta edición, terminamos la parte de herramientas concretas de esta miniserie. En la próxima, la que la cierra, vamos a hablar de algo mucho más importante que las herramientas en sí mismas: de qué depende, en el fondo, poder acceder a todo esto.

Porque el ecosistema, el leasing, las tasas buenas, no se le abren a cualquiera. Se le abren a la PyME que tiene una sola cosa en orden. Y esa cosa es la que más depende de vos como dueño y empresario.

Antes de firmar la próxima compra grande de tu empresa, ¿te preguntaste si te conviene ser dueño, o solo te conviene usarlo?

Cada semana, una idea sobre finanzas, decisiones y negocios para empresarios PyMEs. Sin tecnicismos. Sin vueltas.

Si esto resuena con lo que vivís en tu empresa: Bienvenido a En Clave PyME.

Y si querés ir más allá de la lectura, en EMA Group Consultores trabajamos exactamente en eso.

El licenciado Fabián Canoni es CFO Fractional y socio en EMA Group Consultores.

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