De "vivir con lo nuestro" pasamos a "vivir de prestado". Así podrían resumirse de forma sucinta las estrategias macroeconómicas del gobierno kirchnerista y del actual, respectivamente, cuenta Jorge G. Herrera en una columna para ambito.com.
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SUSCRIBITEDe "vivir con lo nuestro" pasamos a "vivir de prestado". Así podrían resumirse de forma sucinta las estrategias macroeconómicas del gobierno kirchnerista y del actual, respectivamente, cuenta Jorge G. Herrera en una columna para ambito.com.
Con relación a la gestión de Cambiemos, sin duda todo el andamiaje de la política económica implementada se sustenta en la bonanza y buena predisposición de los mercados de capitales internacionales. Es que más allá del pensamiento intrínseco del PRO, cierto es que la herencia no daba mucho margen para encarar proyectos aventureros.
La situación socioeconómica y en particular el deterioro de las cuentas fiscales no permitía vislumbrar un fuerte ajuste. Fue así que se apostó a la lluvia de inversiones ante la idea que la situación fiscal no era tan dramática.
De modo que mientras se va por el sendero del gradualismo, ello es, continuar con elevados déficits fiscales totales (o sea, incluyendo el pago de intereses, municipios, provincias y el cuasifiscal) se recurre a los inversores extranjeros para cubrir el agujero fiscal vía la compra de títulos públicos del país.
O sea, el principal pilar de la política económica es el endeudamiento y por ello el funcionario clave del Gobierno es el ministro de Finanzas, Luis Caputo.
Claro que detrás de todo esto está la gran apuesta a un crecimiento económico sostenido, que por lo menos en una década, corregirá los fuertes desequilibrios macro y así todos los indicadores en términos del PBI se licuarán.
Sin embargo, la dinámica económica de estos primeros dos años dieron lugar a una inesperada y temprana aparición de los déficits gemelos: el fiscal y el de cuenta corriente (del balance de pagos). Es lógico que bajo un proceso de reestructuración y cambio económico surjan desequilibrios por el lado del sector externo.
Desde el Banco Central se ocuparon recientemente de exponer las bondades de tener déficit de cuenta corriente ya que ante la recuperación del nivel de actividad las importaciones reviven con fuerza y es esperable un déficit comercial.
Además, hay un proceso de financiar la transición o el cambio del modelo por lo que la cuenta capital es superavitaria dando lugar el rojo de la cuenta corriente. Todo ello es comprensible pero no con el ritmo e intensidad con que se arribó a esta altura al rojo de la cuenta corriente. De ahí es que surgieron críticas y advertencias de parte de los economistas (que el BCRA procuró calmar).
Las estimaciones privadas apuntan a un déficit de la cuenta corriente cercano al 5% del PBI este año y al 6% el año que viene. Lo que sumado al déficit fiscal primario (ya que si se toma el total el guarismo asusta) se está hablando de 9% y 10% del PBI respectivamente.
La preocupación de los economistas no solo radica en la velocidad y magnitud de los déficits gemelos sino en las experiencias históricas.
Al respecto un trabajo del Estudio Broda da cuenta que hay cuatro episodios de elevados déficits gemelos en la historia argentina que terminaron mal, o sea, el ajuste macro fue inevitable:1975, 1981-83, 1987 y 1998-2001.
En 1975 el déficit gemelo fue de 14,1% del PBI y todo termino con una inflación que pasó del 24% anual al 450%, una devaluación de más del 70% y dos años de recesión. En 1981-83 los déficits sumaron más de 12% del PBI y la inflación saltó del 104% al 345% y la devaluación fue del 60%.
En 1987 el rojo gemelo fue de 9% del PBI la inflación estalló del 131% al 3.000% y la devaluación sumó 80% (hubo tres años recesivos posteriores).
Finalmente a fines de los '90 los gemelos rondaron el 6% del PBI y todos conocen como terminó la convertibilidad. El déficit de cuenta corriente no es bueno ni malo, lo importante es qué financia: inversión o gasto.
Fuente: ambito.com