Por Mauro Torres. El primer balotaje disputado de la Argentina, el corolario de la vida útil de Aníbal Fernández, el descenso de la clase política porteña sobre territorio bonaerense y la desvalorización del mito peronista entre las mayorías argentinas fueron algunos de los puntos claves que marcaron las elecciones presidenciales 2015 (versión-octubre).
Quedó claro en los primeros minutos del lunes 26 de octubre, que la manera de enforzar el poder ejercida durante la última década se agotó en cuerpo y forma, dando a luz al nuevo bebé que tanto anticipaba Elisa Carrió a mediados de la década pasada, cuando manifestó que la Argentina estaba pariendo otro país (sic).
Mauricio Macri disputará un balotaje a todo o nada contra Daniel Scioli a fines de noviembre, pero cualquiera que gane la Presidencia tendrá que hallar un aliado en la figura de María Eugenia Vidal, la flamante gobernadora electa de Cambiemos en la provincia más importante del país.
Desde la vuelta a la democracia, en 1983, la historia argentina se vio signada por tres grandes procesos históricos, liderados por Raúl Alfonsín (1983-1989), Carlos Menem (1989-1999) y Néstor/Cristina Kirchner (2003/2015).
La más rupturista de estas expresiones fue la del alfonsinismo, ya que sirvió para empezar a dejar atrás el fantasma de la lacerante dictadura que se inició en 1976, consolidando el ideario colectivo de que la Constitución era algo que debía ser respetado sin miramientos.
En términos fácticos, el radicalismo logró en 1983 asestarle un doloroso golpe electoral al peronismo -el gran movimiento político-social del siglo XX-, cuando se impuso en "la madre de todas las batallas", la de la Provincia de Buenos Aires.
Ese inédito éxito electoral le entregó a la UCR una validación ante la sociedad que oportunamente se encargó de dilapidar. El efecto fue tan grande, entonces, que obligó a una transformación del Partido Justicialista, la cual derivó en un giro a la derecha y el neoliberalismo, enmascarado en las simpáticas patillas del entonces caudillista riojano Carlos Menem.
Luego, la década ganada del menemismo redundó en una subsiguiente debacle política de la Alianza (UCR+FREPASO), que tuvo como principal protagonista al aletargado Fernando De la Rúa. Y esto dio paso a la década ganada del kirchnerismo, que hace sólo que cuatro años supo darle la reelección a CFK con el 54 por ciento de los votos.
En estos últimos años, la ciudadanía volvió a interesarse en la política -en buena medida por tracción propia del partido situado en el poder- aunque nunca se mostró decidida a meter un saludable volatanzo para cualquier democracia. Esto le facilitó al kirchnerismo perpetuarse unos 12 años en la Casa Rosada.
"La fiesta de la democracia" vivida el domingo (Alberto Pérez dixit), mostró un agotamiento de la población respecto a esta manera de hacer peronismo y se apostó por una promesa de cambio que ni siquiera es peronista.
Lo que hizo a la ocasión especial fue precisamente la cuasi repitencia de lo sucedido en 1983 en el campo de batalla bonaerense, esta vez con un ingrediente especial: quien tendrá la batuta ahora no será un peronista ni tampoco varón/barón.
A partir de diciembre, María Eugenia Vidal será la primera gobernadora de "La Provincia" en su corta y alargada historia.
El magnificente kirchnerismo del 2011 nunca pensó, mucho menos después del 54%, que cuatro años después, un político proveniente de la no política, una clara expresión de la clase media alta, y un antónimo del proclamado proyecto nacional y popular pudiera llegar a copar la parada de la política argentina... de Macri estamos hablando.
El resultado negativo del domingo fue todo de Cristina, ya que fue ella quien armó todas las listas, y designó a Aníbal Fernández para dar una no pelea en BA y a Daniel Scioli como su sucesor en el Ejecutivo nacional. Sin CFK en el poder no habrá cristinismo ni kirchnerismo.
El 22 de noviembre, la suerte y/o verdad designará al próximo Presidente de la Nación, que muy posiblemente sea Mauricio Macri, o bien otro peronista quien ocupe ese lugar. Por entonces, este oficialismo y su manera de transitar los caminos de la política serán parte del pasado.
El pueblo en su mayoría decidió el cambio y habló en las urnas, castigando la mala gestión de la señora De Kirchner desde 2011 hasta acá, completando la faena iniciada en las PASO. La historia bien podrá decir en unas cuantas décadas, que el 25 de octubre del 2015 fue el día que marcó el principio del fin de ciclo del declamado proyecto K.