El gobierno de la India defendió su política de compra de petróleo a Rusia frente a las presiones de Estados Unidos.
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SUSCRIBITEEl anuncio se volvió algo "imperativo" pese a la presión de Estados Unidos.
El gobierno de la India defendió su política de compra de petróleo a Rusia frente a las presiones de Estados Unidos.
Al respecto, aseguró que su estrategia no responde a criterios políticos, sino a la necesidad de garantizar la seguridad energética de su población.
"En cuanto al abastecimiento de energía, hemos mantenido una política consistente y he dejado claro en varias ocasiones que nuestra política se basa en las dinámicas del mercado global, así como en el imperativo para nosotros de proporcionar energía a tasas asequibles a nuestros 1.400 millones de habitantes", expresó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores indio, Randhir Jaiswal, en rueda de prensa.
La declaración se produce apenas unos días después de la visita del presidente ruso, Vladímir Putin, quien ofreció a Nueva Delhi envíos ininterrumpidos de combustible.
El gobierno indio es una respuesta directa a las advertencias de la Casa Blanca, que reclama limitar los ingresos del Kremlin.
El portavoz indio trasladó la responsabilidad final de las compras al sector privado, desvinculando al Ejecutivo de las decisiones corporativas que mantienen el flujo de importaciones desde Moscú.
"En lo que respecta a la compra de petróleo y energía por parte de nuestras empresas privadas, es algo que deben decidir ellas basándose en consideraciones comerciales", manfiestó el funcionario, quien reiteró que estas operaciones dependen exclusivamente de la oferta y la demanda internacional.
Desde el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, India se convirtió en el mayor importador de petróleo ruso por vía marítima.
Cubre actualmente más de un tercio de su demanda total con hidrocarburo a precio reducido.
En agosto, Estados Unidos impuso aranceles de hasta el 50% a productos indios bajo el argumento de que Nueva Delhi alimenta la llamada "laguna de la refinería".
Se trata de una puerta trasera que permite al crudo ruso ser procesado en la India y vendido posteriormente a Europa, esquivando las sanciones occidentales.