Por Agustín Remondino. El Presupuesto 2027, aunque no esté definido aún, marca mucho más que un escenario de inflación de alrededor de18%, crecimiento del PBI del 4% y un dólar proyectado en $1.847 a diciembre.
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SUSCRIBITEPlanificar de cara al próximo año no significa hacer un presupuesto y guardarlo en un cajón.
Por Agustín Remondino. El Presupuesto 2027, aunque no esté definido aún, marca mucho más que un escenario de inflación de alrededor de18%, crecimiento del PBI del 4% y un dólar proyectado en $1.847 a diciembre.
Si estos supuestos comienzan a consolidarse, implica el ingreso a una etapa en la que las empresas argentinas van a tener que tomar decisiones con una lógica completamente diferente.
La discusión ya no pasa solamente por sobrevivir a la inflación, pasa por construir compañías capaces de competir en una economía más previsible, más exigente y potencialmente más abierta.
Para las PyMEs, esto significa que 2027 no puede empezar en enero.
Se empieza ahora, porque las empresas que lleguen al próximo año sin haber revisado costos, estructura, productividad, financiamiento, inversiones, procesos, tecnología y estrategia van a arrancar corriendo detrás del mercado.
Una inflación significativamente menor va a cambiar la manera de administrar. La remarcación dejará de ser una herramienta suficiente para defender márgenes y la eficiencia pasará a tener un peso mucho mayor.
La empresa que no conozca con precisión cuánto le cuesta producir, vender, financiarse y sostener su estructura va a perder capacidad de decisión.
Cuando la inflación baja, la ineficiencia deja de poder esconderse detrás del precio.
También va a cambiar la lógica del capital. Si el crédito continúa normalizándose, endeudarse dejará de ser solamente una herramienta de emergencia y volverá a ser una decisión estratégica.
El financiamiento tendrá sentido cuando permita aumentar productividad, incorporar tecnología, ampliar capacidad, desarrollar mercados o mejorar procesos.
Un crédito barato no convierte una mala decisión en una buena inversión. El empresario va a tener que decidir dónde poner cada peso para generar más valor y no simplemente dónde conseguir dinero.
La inversión también va a recuperar protagonismo.
Una PyME que durante años postergó maquinaria, sistemas, automatización, capacitación o profesionalización va a tener que definir qué necesita para producir mejor y competir con mayor eficiencia.
Y esto va a llevar a una discusión mucho más profunda, crecer no será solamente vender más, sino aumentar la capacidad de generar valor sin aumentar en la misma proporción la estructura y los costos.
La competitividad va a convertirse en el centro de la agenda empresarial. Y no va a depender solamente de las empresas.
Argentina tendrá que mejorar las condiciones que determinan cuánto cuesta producir, en conceptos claves como impuestos, infraestructura, energía, logística, financiamiento, regulación, acceso a mercados y reglas previsibles.
Pero al mismo tiempo, las empresas van a tener que asumir su propia responsabilidad en lo que respecta a productividad, tecnología, procesos, gestión, profesionalización y capacidad de ejecución.
El país puede generar las condiciones para competir, pero ninguna política económica puede hacer competitiva a una empresa que no se transforma.
Esto va a ser especialmente importante si el crecimiento económico y una mayor apertura comercial generan más competencia.
El mercado argentino ya no va a poder ser pensado únicamente desde la protección del mercado interno.
Muchas empresas van a tener que prepararse para competir con productos, servicios y compañías que tienen otras escalas, otras tecnologías y otras estructuras de costos.
Eso las obliga ahora a tomar decisiones sobre qué producir, qué dejar de producir, dónde invertir, qué mercados desarrollar, qué procesos automatizar y qué capacidades internas construir.
Durante años, demasiadas decisiones empresariales estuvieron condicionadas por la urgencia. En una economía con menor inflación y mayor previsibilidad, el horizonte se puede extender.
La empresa que empiece a planificar a tres años mientras otras siguen administrando a treinta días va a construir una ventaja competitiva enorme.
Eso implica trabajar 2027 desde cinco variables fundamentales: rentabilidad, productividad, caja, inversión y mercado.
No alcanza con proyectar ventas, hay que proyectar márgenes, capital de trabajo, necesidades financieras, estructura, capacidad productiva y retorno de las inversiones.
No alcanza con saber cuánto se factura. Hay que saber cuánto valor se genera por cada peso invertido.
También va a cambiar la relación con los costos. La inflación ya no podrá ser la respuesta automática frente a una estructura ineficiente.
No todo costo que aumenta puede trasladarse al cliente, algunos costos tienen que desaparecer.
Esa diferencia va a separar a las empresas que solamente actualizan precios de las que realmente gestionan.
En este nuevo escenario, la información va a valer más que la intuición.
Las PyMEs van a necesitar saber qué productos son rentables, qué clientes generan valor, qué procesos destruyen margen, cuánto capital está inmovilizado y qué inversiones tienen retorno.
La profesionalización dejará de ser una cuestión de tamaño y pasará a ser una cuestión de supervivencia competitiva.
Por eso, el Presupuesto 2027 puede terminar siendo mucho más importante para las empresas por lo que implica que por los números que contiene.
Si la Argentina logra avanzar hacia menor inflación, equilibrio fiscal, crecimiento, mayor crédito, inversión y una economía más integrada al mundo, el desafío dejará de ser solamente estabilizar la empresa y pasará a ser hacerla competitiva.
Y ahí va a producirse una selección natural empresarial. Algunas empresas van a crecer porque van a invertir, profesionalizarse y ganar productividad. Otras van a perder mercado porque mantendrán estructuras diseñadas para una economía que ya no existe.
No va a alcanzar con esperar que el país mejore. Las empresas van a tener que prepararse para aprovechar esa mejora. 2027 no va a premiar a la empresa que mejor sobreviva al contexto.
Va a premiar a la que mejor se prepare para competir.
Argentina puede estar entrando en una etapa en la que la inflación deje de definir cada decisión empresarial.
Por eso, para una PyME, planificar 2027 no significa hacer un presupuesto y guardarlo en un cajón. Significa decidir desde ahora qué empresa quiere ser cuando las reglas del juego cambien.
Porque si el país empieza a normalizarse, también van a seguir cambiando las condiciones. La próxima ventaja competitiva no va a estar en quién remarca más rápido.
Va a estar en quién produce mejor, decide antes, invierte mejor y puede competir más.
Agustín Remondino, consultor estratégico de empresas.
AR Grupo Consultor – www.agustinremondino.com
