domingo 09 de junio de 2024
  • Temas del Día

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Somos Pymes. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
Diario de un emprendedor

¿Cómo armé mi equipo con millennials y centennials?

Contratar y fidelizar a las nuevas generaciones parece ser la odisea de toda pyme. Claves para conquistar su atención y mantener una relación armónica y constructiva.
Somos Pymes | Facundo Gárriz
Por Facundo Gárriz 10 de julio de 2023 - 10:08

Los millennials somos esa extraña raza de personas con altas pretensiones, conocedores de nuestros derechos y habitantes del mundo. Sea porque hayamos viajado o porque tenemos acceso a internet casi desde la cuna, ya sabemos que los límites no son los que marca un mapa o el alcance de su medio de transporte de confianza. Especialmente en Argentina somos esa generación que nació en un estado de derecho y garantías, por lo que no pensamos en un contexto que no sea el presente.

Nos insertamos en la industria del trabajo entendiendo que no se trataba de cumplir sin cuestionar, sino que se podía empezar a exigir sin romper la relación, o incluso rompiéndola, total había un mundo de posibilidades esperando.

En ese contexto emprendí, y por empatía o porque no quería tener gente de mayor edad con la que trabajar, contraté a millennials.

Y si bien las Pymes tenemos ese no-se-qué de “ponerse la camiseta de la empresa” como valor intangible que incluso atraviesa a los millennials, sigo teniendo las dificultades de contratar a ese sector de la población que no se proyecta en ningún lado y no se compromete con nada.

Una de las discusiones que ahora se dan más fuertes es la de los sueldos.

Ya nadie lo calla con el pretexto de que “hablar de eso es complicado”.

Hoy las charlas se ponen sobre la mesa y no es fácil pretender contratar a jóvenes si no se paga lo que corresponde. Algo que para una Pyme suele traducirse en “asociarlo a ventas”, “dar porcentajes”, “ajustar sueldos según crecimiento”.

Y esto tiene una sustentabilidad poco proyectable, especialmente cuando se pasa de 2 ó 3 puestos de jerarquía a 10 o más.

Mis emprendimientos están dentro del rubro de la gastronomía, quizás uno de los más pseudo-militarizados, donde es importante que cada empleado venga a la hora pactada y haga las tareas repetidas que no pueden fallar. Y así era al principio, cuando pensaba que lo más importante era el cumplimiento de ciertas formalidades para entender que las cosas funcionaban.

Pero me tocó contratar a una empleada a la que veía un gran potencial, pero que ajustándose a parámetros de trabajo clásicos no terminaba de rendir lo que yo creía.

Y entre las charlas que me permití tener, descubrí que si bien en su set de valores el trabajo escalaba a las primeras posiciones; su hija, su casa y sus estudios lo ocupaban de la misma manera.

Y con el correr de algunos trabajos ella había entendido que era posible cumplir con todo, pero para eso las reglas tienen que flexibilizarse. Me hizo acordar a esos primeros mates que me tomé con el Sindicato.

Dejé de pensar en un horario en el que podía encontrarla en el local, y empezamos a hablar más por teléfono que en persona. Manejamos las mismas cuestiones que antes, incluso más, pero con un llamado o dos o diez por día. Capaz algunos límites de la prudencia se pasaron al principio, pero con algunos entre-cruces se fueron ajustando.

Y mientras más existía esa flexibilidad, de más cosas decidía ocuparse y con mayor responsabilidad las hacía.

Me costaba entender que no iba a saber para cuándo iba a hacerlo, cómo y dónde. Pero llegado el deadline el trabajo estaba hecho y cuando revisaba los números a fin de mes, los objetivos habían sido cumplidos.

Podía exigir más formalidad, pero eso iba a ir en contra de los resultados que sí se estaban generando.

Empecé a expandir ese acuerdo a otros puestos jerárquicos y empecé a entender que la mayoría daba resultados en la medida que se creían “dueños” de su trabajo, capaz porque eran dueños de su tiempo que es un valor fundamental para los millennials.

Nacemos con la presión de que nunca es suficiente, con la crisis existencial del éxito temprano, con la adrenalina de un mundo que avanza incluso mientras nosotros dormimos.

Por lo tanto, saber que podemos hacer nuestras vidas mientras trabajamos, es mucho más cómodo que pensar en dejar de vivir para trabajar 6, 8 ó 9 horas según el contrato que nos ofrezcan.

Y sí. Acá está la famosa trampa de la flexibilidad que termina haciéndonos trabajar más. Algo que de a ratos puede parecer así. Pero estoy seguro que si hacemos un diagrama de kant nos vamos a dar cuenta enseguida que la balanza queda siempre del lado del empleado, aunque los resultados del lado del empleador.

¿Y no es eso lo que todos queremos?

Por lo menos yo aprendí que no quiero personas reportándome horas de su vida, sino objetivos con resultados tangibles. Y con esta Flexibilidad con Responsabilidad es que pude formar un equipo de empleados millennials comprometidos con una causa que de a ratos parece ser la propia.

Una modalidad para la que los objetivos SMART fueron la mejor de las guías.

¿Les interesa que hablemos de eso en otro episodio?

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar