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DE RUSIA, CON AROMA A NEGOCIOS

Sin embargo, nuestro imaginario peca a veces de acotado, dominado por consideraciones históricas y geo-políticas que sobresalen, y que no siembre están fundamentadas en evidencia firme, sino en prejuicios o informaciones obsoletas. Por ello, cuando se habla de Rusia, es necesario ceñirse a datos concretos y mantener una perspectiva abierta.

El comercio exterior es quizás uno de los temas de mayor potencial a la hora de descifrar a la Rusia surgida tras el abandono del régimen socialista a comienzos de los años ’90. Desde ese entonces el país se ha ido integrando gradualmente al resto del mundo, llegando incluso a formar parte de la Organización Mundial del Comercio en agosto de 2012, tras 11 años de negociación. Cabe recordar que la OMC es el organismo multilateral que regula, entre otras disciplinas, el comercio de bienes y servicios a nivel mundial.

Dentro del comercio exterior de Rusia, el capítulo de la relación bilateral con Argentina ocupa un rol ciertamente discreto. En 2012, las importaciones provenientes de Argentina constituyeron un 0,4 % de las importaciones totales rusas, mientras que las exportaciones rusas dirigidas a Argentina representaron en un 0.1 % del total de las exportaciones de dicho país.

El principal proveedor de Rusia es China, y su comprador más destacado son los Países Bajos. El rubro que moviliza la economía rusa son los combustibles y aceites minerales, que en 2012 se han exportado por más de u$s 300.000 millones, correspondiendo a la Argentina la importación de ese rubro por casi u$s 800 millones.

En este escenario, es fundamental no perder de vista que existen posibilidades de crecimiento en los intercambios entre Rusia y Argentina. De hecho, las estadísticas de los últimos años muestran un gradual aumento en el comercio bilateral. En ese sentido, un punto a considerar es el trabajo político que se viene realizando para fomentar la relación comercial de ambos países. El Memorando de Entendimiento celebrado en 2011 entre Argentina y Rusia puede considerarse un hito. En dicho documento se estableció como meta un comercio bilateral por u$s 5.000 millones para 2015, la cual puede parecer algo lejana si se la contrasta con los casi u$s 2.600 que conformaron el intercambio de 2013. Lejana, pero tal vez no imposible.

En la actualidad, las exportaciones rusas a la Argentina se concentran principalmente en combustibles y aceites minerales. Por otra parte, Rusia importa de Argentina, principalmente productos primarios (PP), o bien, manufacturas de origen agropecuario (MOA), como por ejemplo, peras frescas, harina y "pellets" de la extracción del aceite de soja, despojos de la especie bovina n.e.p. congelado, entre otros.

Teniendo en cuenta que Rusia posee vastos recursos energéticos y producción cerealera propia, Argentina debería apostar a entrar al mercado ruso con bienes de mayor valor agregado. Tal es el caso de las maquinarias agrícolas, tubos de acero sin costura para la industria del petróleo, automóviles y autopartes, los cuales se exportan a Rusia pero en cantidades todavía menores, tanto en términos absolutos como relativos, si se las compara con los PP y las MOA. Por otro lado, si tenemos en cuenta los principales rubros de importación de Rusia, entre los que se encuentran los reactores nucleares, vehículos, productos farmacéuticos y tecnologías, existe un potencial para la venta de productos químicos por parte de nuestro país.

Por último, la presencia en Rusia de consumidores cada vez más exigentes e informados, abre la posibilidad de colocar allí cueros y pieles, y bebidas y alimentos de alta calidad. Ese podría ser el caso del vino, un producto que Argentina vende a Rusia, pero mayormente “a granel”. La expansión creciente de los canales de distribución modernos –súper e hipermercados– a lo largo de Rusia facilitarían este tipo de intercambios de productos de alta gama.

Desde luego, la tarea de ampliar el comercio bilateral no es tan sencilla. Las distancias entre un país y otro no son muy favorables y eso encarece los costos de transporte. Sin ir más lejos, si se observa la ubicación de los principales proveedores de Rusia –China, Alemania, Ucrania, Italia y Estados Unidos– es posible apreciar que la cuestión geográfica es importante. Además, para concretar negocios en Rusia es menester conocer los detalles de su cultura de negocios, la cual es muy diferente a la de los países latinoamericanos. En ese sentido, es importante poder apoyarse en la colaboración y consejos que puede brindar la Embajada de Argentina en Rusia para minimizar los choques culturales y los problemas que podrían surgir por el desconocimiento de la burocracia de ese país.

A modo de cierre, es posible decir que el comercio bilateral entre Argentina y Rusia tiene potencial para seguir desarrollándose, tal como lo ha venido haciendo hasta ahora, o incluso a un ritmo aún mayor que le permitiría alcanzar la meta para el año 2015 de u$s 5.000 millones. Lo importante es no descuidar la relación que existe en la actualidad, y encontrar los acuerdos necesarios para garantizar el beneficio mutuo.

Este último no es un punto menor, si se considera que las exportaciones rusas a la Argentina vienen creciendo a un ritmo más pronunciado que las que se realizan en sentido inverso. Así, quizás, en un futuro cuando hablemos de Rusia complementaremos las clásicas alusiones a su historia y su geografía con consideraciones acerca de un floreciente comercio bilateral.

Por el Centro de Estudios en Comercio Internacional (CECI)
Lic. Diego Rafael Mazzoccone
Lic. Johanna Fedorovsky
Lic. Romina Cerezoli

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