La historia de Rosalina Caballero y Antonio Leguizamón es una que enaltece y caracteriza al espíritu emprendedor argentino.
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SUSCRIBITELa historia de Rosalina Caballero y Antonio Leguizamón es una que enaltece y caracteriza al espíritu emprendedor argentino.
Luego de pelearla durante años, la pareja decidió utilizar una máquina de coser como arma para dar el paso inicial del proyecto que se convirtió en 'EsperanZa'.
Desde 2017, el emprendimiento que involucra a toda la familia se dedica a la confección de mochilas y carteras con un estilo único.
Todo esto desde el barrio Costa Esperanza, un asentamiento humilde en el partido de San Martín, que terminó dándole nombre y valor a una marca que tomaron como propia figuras destacadas de la escena nacional como Valeria Mazza, Juliana Awada e Iván de Pineda.
En una entrevista con SOMOS PYMES, Caballero, fundadoras de carteras EsperanZa, contó cómo fue la génesis de la PYME familiar y las posibilidades de exportación que se presentan hoy día.
A un costado de la casa familiar, conectado por una puerta, está el taller de la empresa. Antonio corta con un molde los rollos de cuero.
Y un grupo de vecinos, una mayoría de mujeres jóvenes, cosen las bolsas del packaging y pegan las distintas partes de las carteras.
“Mi marido trabajó durante varios años para una marroquinería que confeccionaba carteras para grandes marcas. Ahí aprendió el oficio”, relató la emprendedora sobre el comienzo de la iniciativa.
“Yo venía haciendo trabajos textiles, como cubre camas, entre otras cosas. Vendía en el barrio pero siempre tenía el sueño de tener un taller propio. Mi marido tenía un largo viaje desde San Martín a Avellaneda (su lugar de trabajo), con lo cual le propuse emprender", ilustró.
En un momento, “decidimos comprar materiales económicos como ecocuero en Boedo. Y en 2017 comenzamos a vender mochilas escolares a $300 y bolsos a $600”, reflejó la entrevistada.
“Vendíamos en el barrio, y a la gente que no podía pagar en el momento, le dábamos la posibilidad que lo pagaran en cuotas”, ilustró Caballero.
“Nos íbamos hasta La Plata, eran todos encargos de boca en boca. Era difícil porque las telas las pagamos el contado y después íbamos recuperando la plata de a poco”, aclaró la protagonista de la fábula hecha realidad.
“Al mismo momento, abrimos un comedor en nuestra casa para que los chicos del barrio al menos pudiesen tener una merienda”, destacó.
“Dos años después, en 2019, nos contactó la gente de la ONG 'Construyendo' porque vieron el trabajo que hacíamos con los niños y las mochilas escolares que diseñábamos”, recordó la empresaria.
“Nos consiguieron un lugar en la feria COAS (La Rural). Allí fue la primera vez que vendimos al público en general”, puntualizó.
En ese sentido, Caballero mencionó: para la ocasión “llevamos solo 27 carteras para vender y terminamos vendiendo 150 al cabo de diez días; todos los días nos quedábamos sin stock”.
“Mi marido cocía en mi casa con mis hijos y yo iba de 12 a 20 hs a la feria. Ahí conocimos a Iván de Pineda, que quedó como cliente permanente”, celebró la emprendedora.
Según la creadora de EsperanZa, “ese fue un momento clave para nosotros porque no teníamos la posibilidad de vender en el Centro de San Martín, por todos los gastos que implica tener un local”.
“Esta ONG nos ayudó con las redes sociales, la página web y con productos más caros como el cuero”, manifestó Caballero.
Luego de transitar el duro camino de la pandemia, el proyecto apunta a expandirse y llegar a otras partes del mundo.
“Ahora nos llaman algunas compañías para hacer regalos empresariales, y exportamos a México y Estados Unidos. Tenemos cubierto los meses de junio y julio, estamos tapados de pedido”, subrayó la diseñadora.
“De 3.000 seguidores pasamos a tener 36.000 en Instagram, en tan solo dos semanas. La cartera Mariana es la más vendida, con un precio de $9.000. Recorremos los barrios privados repartiendo pedidos”, enfatizó Caballero.
Y remarcó: “Tenemos 22 empleados, siete personas se dedican solo a atender el teléfono”.
“El año pasado vendimos 3.000 productos en total. En 2022 calculamos que en julio ya venderíamos 3.000". Por eso, ya "estamos capacitando a vecinos del barrio para que puedan tener una salida laboral”, precisó.
“Todos nos costó muchísimo, esto es un milagro, ojalá que a otras personas les toque lo que nos tocó vivir a nosotros”, concluyó la emprendedora.
Producción: Rodrigo Porto
Redacción: Mauro Torres