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Dólares

Mundo Líquido

17 de diciembre de 2021 - 11:21

Por Federico Pablo Vacalebre. Mediante fuertes cantidades de dólares se pudo estabilizar a los mercados interbancarios globales (entre marzo y abril de 2020).

En general, ante una crisis de esta magnitud y sin precedentes, los países tienen que realizar mayores pagos en monedas que, por definición, no emiten.

¿Qué comprende esto? Desde la reversión abrupta de flujos de capitales (cuando se corta el financiamiento en moneda extranjera, hay presiones depreciatorias sobre las monedas locales y el uso de reservas internacionales se vuelve habitual) hasta mayores necesidades de financiamiento público por la caída de los ingresos y aumento de los gastos, pasando por la interrupción de los flujos comerciales externos.

Esta situación (de financiamiento en monedas duras o de reserva, aquellas usadas ampliamente en operaciones de comercio y finanzas globales, como las emitidas por los bancos centrales) afectó a algunos países avanzados el año pasado en un plazo mucho más corto (que a los emergentes) y en algunos mercados específicos.

¿De qué magnitudes estamos hablando? La respuesta multilateral a la crisis fue muy significativa: 1,5 billones de dólares otorgados entre abril de 2020 y fines de este año, cerca de 1,8% del PIB global.

¿Qué incluyó esto? Swaps de monedas entre bancos centrales, la suspensión de servicios de deuda pública oficial de países de bajos ingresos por parte del G20 junto con un marco común para tratar problemas de deuda, líneas de financiamiento del FMI, el Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo y la asignación general de derechos especiales de giro (DEG) por u$s 650 mil millones.

Desde el 2020, los bancos centrales de los países desarrollados reactivaron las líneas de swaps bilaterales (contratos de intercambio de monedas) y en lo que va de 2021 se han mantenido en el orden de u$s 600 mil millones (de los cuales u$s 450 mil millones corresponden a la Reserva Federal de Estados Unidos, u$s 110 mil millones al Banco Central Europeo, u$s 26 mil millones al Banco de China y u$s 7 mil millones al Banco de Japón).

Asimismo, cabe destacar que estos montos corresponden a líneas abiertas, no a las cifras que efectivamente se utilizan y tampoco consideran una línea ilimitada existente entre la Fed, el BCE, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el Banco Nacional Suizo.

Durante el primer semestre de 2021, la Fed extendió las líneas acordadas con Australia, Brasil, Corea del Sur, Dinamarca, México, Noruega, Nueva Zelanda, Singapur y Suecia hasta diciembre de 2021, mientras que el Banco Central Europeo prorrogó las operaciones acordadas con Albania, Croacia, Hungría, Macedonia del Norte, Rumania, San Marino y Serbia hasta marzo de 2022.

En 2020, los países del G20 suspendieron los servicios de deuda de países de bajos ingresos (miembros de la International Development Association y los subdesarrollados según la clasificación de las Naciones Unidas).

La iniciativa se extendió durante este año y llevó a una suspensión del cobro de capital e intereses de préstamos bilaterales oficiales para unos 50 países por un monto estimado de u$s 12.700 millones.

A la par, el FMI también dispuso, a través del Catastrophe Containment and Relief Trust, que a principios de noviembre de este año abarca a 29 países de bajos ingresos por u$s 850 millones, otro alivio en términos de deuda.

Y lleva otorgados u$s 117 mil millones de financiamiento a 87 países desde fines de marzo de 2020, de los cuales un 85% se otorgó durante el año pasado.

Las líneas de préstamos más relevantes fueron la Flexible Credit Line a Chile, Colombia, Jordania y Perú (44% del total) y el Rapid Financing Instrument otorgado a unos 38 países (18% del total).

Aunque la medida más significativa en términos de liquidez global fue la asignación general de DEG entre los países miembros.

Finalmente, el Banco Mundial y otros bancos multilaterales de desarrollo comprometieron nuevas líneas por unos u$s 230 mil millones y el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB) consensuó mayor flexibilidad en la aplicación de las normas internacionales acordadas por sus miembros luego de la crisis financiera global.

En sí, vale la pena destacar dos puntos:

1_ Las medidas han sido efectivas pero un 60% está destinado a los países de altos ingresos.

Esto obedece en gran medida a la magnitud de los swaps y las líneas Flexible Credit Line (FCL) y Precautionary and Liquidity Line del FMI (46% del total de la asistencia), que se destinan a países de altos ingresos (48%) y medio altos (51%) principalmente.

2_ Casi el 60 POR CIENTO de la asignación de DEG fue para países desarrollados.

¿A qué conclusiones podemos llegar? Las medidas revelan las limitaciones del actual herramental de los organismos internacionales en cuanto a países de ingresos medios o países que no califiquen ni como de fundamentos sólidos ni como de ingresos bajos.

En este aspecto será importante el debate sobre las opciones hoy bajo estudio para una posible recirculación de DEG desde países con posiciones externas sólidas a países vulnerables.

En efecto, está bajo estudio la posibilidad de usar parte de los DEG asignados para incrementar la capacidad prestable de los bancos multilaterales de desarrollo.

Cabe explorar que instrumentos puedan llegar a cubrir de manera más extensa a los países de ingresos medios.


Federico Pablo Vacalebre es Profesor de la Universidad del CEMA (UCEMA)

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