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El nuevo mandato de Maduro puede ser un punto de inflexión para Venezuela

La Asamblea Nacional controlada por la oposición tiene legitimidad para dar un golpe de estado, pero antes debe unirse y compartir el poder hasta nuevas elecciones.

Cuando ayer Nicolás Maduro juró ante la Corte Suprema de Venezuela su segundo mandato de seis años como presidente, faltaba un notable juez. Christian Zerpa, antes aliado de Maduro, hace poco huyó del país.

Entrevistado esta semana en Florida, Estados Unidos., el ex juez de la Corte Suprema afirmó que el gobierno de Maduro es "desastroso" y, lo que es más importante, "ilegítimo".

Es un factor legal crucial. Estados Unidos, Canadá y la mayoría de los países europeos y latinoamericanos tampoco reconocerán la legitimidad de la presidencia de Maduro.

Venezuela está en caída libre social, económica y política. Sus instituciones son sobornadas por Maduro y su círculo íntimo. La base legal de su segundo término presidencial son las elecciones de mayo pasado, que casi todo el mundo excepto Rusia, China o Turquía, las ha declarado fraudulentas.

Como resultado, también lo es su presidencia. Y lo que empeora aún más la situación: si Maduro es removido del poder la semana próxima, muchas potencias internacionales no podrían tratarlo como un golpe porque nunca reconocieron la presidencia.

Por lo tanto, este juramento del segundo término marca un punto de inflexión para el país. El mayor aislamiento internacional es un hecho. Si bien la intervención militar está casi descartada, las actitudes de los países de América del Sur se están endureciendo, especialmente en Brasil con su flamante presidente de derecha Jair Bolsonaro. Es probable que aumenten las sanciones a los funcionarios venezolanos considerados culpables de corrupción y de abuso a los derechos humanos.

Es posible también, aunque sea una medida más extrema, que la administración Trump prohiba a las compañías estadounidenses vender los diluyentes y otros químicos que Venezuela necesita para mezclar con su crudo pesado porque, de lo contrario, no lo puede comercializar.

Si eso sucediera, y el país no puede conseguir sustitutos en otro lugar, se vería afectada una cuarta parte de su producción actual, o unos 300.000 barriles diarios. Ese sería un gran golpe financiero, con consecuencias sociales innegables.

Eso reduciría la ayuda financiera que Venezuela puede aportar a Cuba a cambio de inteligencia militar. También socavaría los costos que le cubre a los militares por su apoyo al régimen. Maduro logró coopera a los generales con dinero de la corrupción estatal. Eso será más difícil de mantener a medida que la economía inevitablemente empeore con o sin sanciones.

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La ilegitimidad internacional de su presidencia también les quitará a los militares la constitucionalidad detrás de la cual se han escondido para justificar su apoyo. Es posible que haya una transición al estilo Zimbabwe mediante un golpe de Estado.

Independientemente de lo que pase luego, será clave el rol de la Asamblea Nacional controlada por la oposición. Es la única institución política cuya legitimidad es reconocida por la mayor parte de la comunidad internacional.

Sin embargo, para que sea verdaderamente efectiva, y cumpla el papel de actor central en la transición, la fragmentada y desorganizada oposición debe unirse.

Una oposición unificada, con apoyo internacional, debería negociar con los representantes del gobierno y estar lista para asumir compromisos y compartir poder hasta que haya elecciones libres. Será necesario acordar, una salida segura y el exilio para los funcionarios clave, por más desagradable que sea.

Hoy Venezuela está más frágil que nunca. Maduro quizás por un tiempo sobreviva como dictador verdaderamente autoritario. Pero finalmente todas las situaciones insostenibles llegan a su fin. También ocurrirá con el régimen de Maduro.

Fuente: Financial Times