El concepto de inteligencia colectiva se terminó poniendo en contra de esta compañía argentina.
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SUSCRIBITEEl concepto de inteligencia colectiva se terminó poniendo en contra de esta compañía argentina.
En 2006, Matías Botbol, su hermano y un amigo compraron una pequeña empresa con el objetivo de escalarla y hacer algo grande.
Se llamaba Taringa! y la hicieron funcionar a partir del concepto de inteligencia colectiva, recuerdan Eugenia Iglesias y Lucila Lopardo en una nota para apertura.com.
Esto significaba que no iban a generar contenido propio ni iban a tener redactores. Todo lo iban a hacer los usuarios.
Tampoco iban a desarrollar la marca e incluso el logo surgió a través de un concurso que hicieron entre sus seguidores.
“La filosofía era que la construcción se hacía entre todos y a partir de ahí surgían ideas y nosotros lo llevábamos adelante”, explican.
En ese concepto recayó el gran error de Taringa!. Por manejar así los procesos, la marca comenzó a asociarse con la piratería y todavía hoy está pagando ese fracaso.
Si bien el tráfico relacionado con ese contenido era bajo (el 13 por ciento, según su fundador), el top of mind de la marca estaba relacionado con que se trataba de un sitio de descargas ilegales. Por haber dejado todo librado al azar, el modelo se puso en su contra.
Con eso vinieron, además, problemas legales. Primero llegó una demanda penal de la Cámara Argentina del Libro, pero en ese momento los fundadores no le dieron importancia.
“Pensamos que no entendían nada y que les íbamos a demostrar que estaban equivocados. No le prestamos atención. Salíamos en los medios pero no atendíamos a los periodistas. Hasta que el día del cumpleaños de mi padre salió en la tapa de La Nación un titular que decía: ‘Taringa! en la mira del FBI por piratería’”, recuerda Botbol.
El conflicto se había destapado porque la agencia estadounidense había cerrado Megaupload, un sitio de descargas muy grande, y habían detectado que desde Taringa! se le refería mucho tráfico. Ya era tarde, pero el trío comenzó a trabajar para revertir el caos que se había generado.
“Empezamos a hacer acciones, hablamos con la prensa, dimos de baja las cosas piratas, cortamos libertades y acomodamos la inteligencia colectiva”, recuerda.
Finalmente, las denuncias fueron retiradas y en el orden legal todo se solucionó. Sin embargo, la marca todavía carga con el estigma de ser un sitio de descargas ilegales.