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Reinventarse a los 48

Cómo Carolina Winograd logró crear un ecosistema de bienestar que sacude la industria de la belleza

La historia de la emprendedora que superó sus obstáculos personales y logró generar soluciones que mejoran de manera tangible las vidas de las personas.

Somos Pymes | Redacción Somos Pymes
Por Redacción Somos Pymes 6 de agosto de 2026 - 14:45

A punto de cumplir medio siglo de vida, Carolina Winograd dio un giro radical a su vida. Superó problemas de salud crónicos, se capacitó en el exterior y hoy lidera Kaliope Glow, una escuela de wellness y yoga facial, y Glorious, una línea de productos centrados en el cuidado de todo tipo de piel.

La emprendedora transformó una búsqueda personal en un modelo de negocios disruptivo y escalable dentro de la economía plateada y el bienestar consciente.

La abogada de profesión, cantante de tangos, autora y conferencista pudo llevar adelante un mecanismo que desafía los estereotipos tradicionales de la industria cosmética.

Hablar de envejecimiento hoy ya no es sinónimo de ocultar los años, sino de buscar vitalidad, salud y propósito.

En una entrevista con Somos Pymes, la creadora del método RESETEATE habló de su reconversión profesional y el detrás de escena de su marca.

Ecosistema de bienestar

Winograd pasó de vender conocimiento, asesorías y consultoría -un modelo donde el cuello de botella es tu propio tiempo- a estructurar una línea de productos físicos como Glorious.

"La verdad es que no hubo un clic puntual. Se fue dando naturalmente: Kaliope Glow, las clases, los programas, el libro, las conferencias y ahora Glorious siempre formaron parte de un mismo universo", relató.

"No son negocios que compiten entre sí, sino distintas maneras de expresar una misma filosofía: ayudarnos a querernos más, cuidarnos mejor y hacerlo de una forma simple, natural y posible de sostener todos los días", explicó.

Glorious nació con un producto premium: un sérum con astaxantina que se agotaba prácticamente cada vez que volvía a estar disponible.

"Esa respuesta nos mostró que había una necesidad concreta y una comunidad dispuesta a elegir algo diferente. Como consumidora, también entendí que muchas de mis propias necesidades eran compartidas por muchísimas mujeres y hombres", identificó la emprendedora.

E ilustró: "Vivimos en un mercado saturado de productos, pero eso no significa que sea fácil encontrar propuestas verdaderamente distintas: fórmulas simples, efectivas y agradables de usar, que eleven los cuidados faciales, corporales y capilares cotidianos sin obligarnos a seguir rutinas eternas o complicadas, o que no dan los resultados esperados".

"Glorious no apareció como una diversificación forzada ni como un negocio separado. Fue una extensión natural de todo lo que ya veníamos haciendo en Kaliope Glow", admitió al respecto.

"Si hablábamos de cuidado consciente, de volver a lo esencial y de elegir mejor, también tenía sentido crear productos que llevaran esa misma mirada a la vida cotidiana", argumentó.

Según Carolina, "cada parte del ecosistema cumple una función diferente. Una persona puede llegar a través de una clase, del libro, de una conferencia, de un programa o de un producto. Pero el punto de partida y el propósito son siempre los mismos. Desde lo financiero, lo importante fue entender que crecer no significa hacer todo al mismo tiempo".

"En una PyME, diversificar sin perder el foco exige avanzar por etapas: comenzar con pocos productos, hacer partidas acotadas, validar la respuesta, escuchar, corregir y escalar solamente cuando la demanda demuestra que existe", puntualizó.

Y aclaró: "No se trata de sumar categorías porque sí. Se trata de incorporar propuestas que tengan sentido dentro del universo de la marca, respondan a necesidades reales y fortalezcan todo lo que ya se construyó".

Lecciones de una emprendedora

Para Winograd, "el mayor desafío no fue el stock en sí, sino entender que, cuando pasás a producir a escala, nada depende de una sola persona ni sucede a la velocidad de una idea".

En ese sentido, expresó: "Soy una persona de acción rápida. Cuando veo con claridad lo que quiero hacer, quiero ponerlo en marcha. Adaptarme a los tiempos del desarrollo industrial fue -y todavía sigue siendo- un gran aprendizaje".

"Una fórmula puede entusiasmarte desde el primer prototipo, pero después hay que coordinar laboratorios, proveedores, insumos, envases, pruebas de estabilidad, compatibilidades, producción y logística. Y cada etapa tiene sus propios tiempos, y contratiempos", especificó.

"También soy muy exigente a la hora de formular. Sé qué ingredientes quiero utilizar, cuáles funcionan en mi piel y en mi cuerpo y cuáles pueden provocarme alergias o reacciones indeseadas. Pero hacer cosmética de autor no significa desarrollar algo que funcione solamente para mí", alertó.

"El verdadero desafío es transformar esa visión personal en un producto seguro, estable y efectivo para muchas personas, y lograr que conserve la misma calidad en cada partida", enfatizó la entrevistada.

"En Argentina, además, conseguir determinados insumos, materias primas o envases puede ser complejo. A veces un componente que parece secundario demora todo el proyecto. Aprendí que no alcanza con tener una gran fórmula: cada parte del producto tiene que estar disponible, funcionar correctamente y poder sostenerse en el tiempo", amplió.

"Eso impacta directamente sobre el capital de trabajo. Cada envase comprado antes de tiempo, cada insumo que queda detenido y cada demora entre una etapa y otra representa dinero inmovilizado", subrayó.

"Por eso, hoy trato de coordinar mucho mejor la secuencia: no comprar grandes volúmenes antes de validar, trabajar inicialmente con partidas acotadas, probar el producto completo y escalar recién cuando el producto y la demanda están alineados", completó.

Para una PyME, "el diferencial no está solo en la cercanía con la comunidad, sino en crear una experiencia premium completa, cuidada desde la fórmula hasta el último detalle", opinó Carolina.

"No compito tratando de parecerme a una multinacional ni haciendo versiones pequeñas de lo que ya existe. Mi lugar está en crear algo verdaderamente distinto.

Glorious es cosmética de autor y nace con una vocación premium. Eso significa cuidar cada decisión: los ingredientes, la concentración de los activos, la textura, el aroma, el envase, la forma de aplicación y, sobre todo, cómo se siente la persona mientras usa el producto y cómo queda su piel o su cabello después", graficó.

"Para mí, un producto premium no es solamente un packaging lindo ni una fórmula llena de ingredientes de moda. Es una experiencia coherente. Tiene que funcionar, ser agradable, simplificar el cuidado cotidiano y generar esas ganas de volver a usarlo. Tiene que sentirse especial, pero al mismo tiempo ser fácil de incorporar a la vida real", afirmó, a modo de enseñanza.

Y remarcó: "Mi ventaja como PyME está en poder involucrarme personalmente en cada etapa. No compro fórmulas genéricas para colocarles una etiqueta ni desarrollo productos solamente porque una categoría está creciendo. Parto de una necesidad concreta, muchas veces de algo que yo misma no logro encontrar como consumidora, y trabajo hasta conseguir una fórmula que realmente me convenza".

"También escucho muy de cerca a una comunidad que ya probó muchísimo y que sabe distinguir entre una promesa de marketing y un producto que verdaderamente aporta algo diferente", añadió.

Según la especialista, "esa conversación cotidiana permite entender qué les incomoda, qué les falta, qué rutinas no logran sostener y qué experiencia están buscando".

"La trinchera de una PyME está en la atención al detalle, la coherencia y la capacidad de crear con identidad propia. Está en ofrecer productos que no fueron pensados para completar una góndola, sino para transformar un gesto cotidiano de cuidado en un ritual simple, efectivo y profundamente disfrutable", diagnosticó.

Y aseveró: "No quiero hacer más de lo mismo. Quiero que, cuando alguien pruebe Glorious, sienta que todo fue pensado para brindarle una experiencia verdaderamente distinta".

Respuesta ante la demanda del mercado

En el tramo final de la charla con Somos Pymes, Winograd manifestó que "el consumidor argentino está cada vez más informado, pero también es muy exigente con el valor que recibe".

"No alcanza con decir que algo es natural o sustentable. El producto tiene que funcionar, durar, sentirse bien y resolver una necesidad concreta. Por eso, prefiero hablar de rituales de alta performance: productos simples y conscientes, pero también efectivos. La sustentabilidad no puede convertirse en una excusa para ofrecer menos desempeño", admitió.

"En nuestra línea sólida, por ejemplo, el Shampoo & Body Wash cumple dos funciones y el Hair Balm puede utilizarse como acondicionador, tratamiento profundo y crema de peinar sin enjuague. Son fórmulas concentradas, multipropósito y con menos envases. La propuesta consciente se vuelve mucho más clara cuando la persona entiende que no solamente está reduciendo residuos: también está comprando menos productos y obteniendo más usos", argumentó la experta.

"Para comunicarlo hay que bajar los conceptos a beneficios concretos. No hablar únicamente de cuánto plástico se evita, sino de cuánto dura el producto, cuántas funciones cumple, cómo simplifica la rutina, qué resultados reales ofrece y cuál es su costo por uso", dijo al respecto.

Y continuó: "Como PyME también tenemos que ser muy cuidadosos con aquello que agregamos al precio. No todo el lujo está en una caja compleja. Para mí, el verdadero lujo tiene que estar en la fórmula, en la experiencia, en la efectividad y en cómo queda la piel o el cabello después de usar cada producto.

"La conciencia no debería convertirse en un privilegio inaccesible. El desafío es encontrar el equilibrio entre calidad, diseño, sustentabilidad y un precio honesto, sin sacrificar aquello que hace valioso al producto", definió.

¿Qué filosofía de “prueba y error” aplicaste cuando la rentabilidad o los costos se pusieron cuesta arriba? "Más que una herramienta de gestión, lo que me salvó fue la capacidad de tener cintura sin perder el rumbo", contestó Carolina.

"Emprender en Argentina te obliga a estar despierta: cambian los costos, los tiempos, los insumos y muchas veces también las reglas. Aprendí a moverme con esa realidad, pero teniendo muy claro qué puedo ajustar y qué no estoy dispuesta a negociar: la calidad, la identidad de la marca y el propósito con el que hago las cosas", reconoció la protagonista de la historia.

"No espero que todo esté perfecto para avanzar. Hago, pruebo, escucho y corrijo. Muchas de las mejores decisiones aparecieron así: prestando atención a la respuesta real de las personas y no quedándome aferrada a un plan escrito meses antes", confió.

"Emprender cerca de los 50 es, para mí, una enorme ventaja. No empecé de cero: empecé con historia, experiencia, intuición y una claridad que antes no tenía. Hoy sé mejor dónde quiero poner mi energía, qué quiero construir y, sobre todo, de qué manera quiero hacerlo", comentó.

"La verdad es que no hubo un “día uno” en el que decidí construir este ecosistema. Se fue armando de manera muy natural: una clase abrió la puerta a un programa, la comunidad fue mostrando nuevas necesidades, llegó el libro y Glorious apareció como una extensión de todo lo anterior", sentenció la emprendedora.

"No hay una gran decisión financiera, de stock o de contratación que hoy borraría. Mi error de novata fue más personal. Soy muy de hacer y de avanzar. Y eso fue una fortaleza, pero también tuve que aprender que no todo depende de empujar más. Hay desarrollos, vínculos, productos y proyectos que necesitan ser probados, escuchados y madurados a su propio ritmo", esgrimió.

"Si pudiera volver atrás, no cambiaría el camino ni las decisiones que me trajeron hasta acá. De todo aprendí y sigo aprendiendo, sobre todo de lo que no salió como esperaba", concluyó.

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