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Simposio Regional FERTILIDAD 2026

Cómo efectuar una nutrición efectiva y responsable de pasturas

La falta de fertilización estratégica en planteos de alfalfa degrada la estructura física, provoca la pérdida de carbono y acelera procesos de acidificación que desploman la oferta forrajera.

Somos Pymes | Redacción Somos Pymes
Por Redacción Somos Pymes 22 de mayo de 2026 - 12:21

En el marco del Simposio Regional FERTILIDAD 2026, el ingeniero agrónomo Cristian Álvarez, del INTA General Pico y de la Facultad de Agronomía de la UNLPam, expuso sobre nutrición de pasturas en regiones semiáridas, donde el balance físico y químico del suelo condiciona directamente la producción de carne y leche.

Al respecto, señaló que, en zonas de secano, la productividad está íntimamente ligada a la eficiencia en el uso del agua (EUA).

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Nutrición efectiva

Un manejo integrado de la nutrición puede elevar la conversión biológica desde un piso de 12 kg hasta alcanzar los 22 kg de materia seca por milímetro de agua por hectárea.

Sin embargo, esta dinámica se rompe ante la degradación física y la consecuente compactación de los lotes.

A través de ensayos regionales, el especialista demostró que la fertilización estratégica con fósforo y azufre incrementa la producción entre 28% y 106% en alfalfa pura, y de hasta 46% en pasturas consociadas.

Además, este manejo impacta de forma directa en el medio ambiente: los lotes degradados mostraron un alarmante balance negativo de carbono (perdiendo hasta 760 kg de C/ha al año), mientras que los planteos correctamente nutridos revirtieron la tendencia, logrando secuestrar hasta 690 kg de C/ha anuales.

Al respecto, Álvarez fue enfático en el impacto negativo de no fertilizar el recurso forrajero: "Las pasturas no son ajenas a la realidad del suelo; expresan el maltrato a través de una menor producción, problemas para persistir en el tiempo y una caída drástica en su calidad nutricional".

"Cuando fertilizamos bien con fósforo y azufre no solo producimos más forraje, sino que logramos dar vuelta el balance ambiental”, puntualizó.

El especialista apuntó especialmente a “la enorme exportación de nutrientes” que representa la cosecha forrajera sin reposición.

Evaluaciones sobre una producción acumulada de 33,3 toneladas de materia seca en tres años en Anguil y Dorila revelaron que la alfalfa extrae del suelo la impactante cifra de 673 kg/ha de cationes totales (desglosados en 425 kg de potasio, 205 kg de calcio y 43 kg de magnesio), además de 37 kg/ha de azufre y 48 kg/ha de fósforo (equivalentes a 110 kg/ha de PO).

Esta fertilización óptima permitió saltar de 4,65 a 6,6 toneladas de proteína pura acumulada por hectárea.

No obstante, el técnico advirtió que, si se remueve ese volumen forrajero sin esquemas de reposición, el suelo sufre una pérdida severa de bases intercambiables, abriendo la puerta a la acidificación.

Cuando el pH del perfil cae por debajo de 6,8, las pérdidas de rendimiento en alfalfa son drásticas, llegando a producir menos del 65% del potencial hídrico regional.

La baja reposición de nutrientes en la soja y el girasol

Los cultivos de soja y girasol, tradicionalmente considerados menos dependientes de la fertilización que los cereales, comienzan a mostrar respuestas crecientes a nutrientes como fósforo y azufre debido al deterioro de la fertilidad de los suelos agrícolas.

Así lo mostró Mirian Barraco, investigadora del INTA General Villegas, durante su presentación sobre nutrición en soja y girasol en el Simposio Regional FERTILIDAD 2026 realizado en Santa Rosa.

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Barraco presentó trabajos que corresponden al noroeste y oeste bonaerense, regiones con ambientes restrictivos, de menor contenido de materia orgánica y suelos frecuentemente arenosos, donde las respuestas a fósforo, azufre y boro comenzaron a hacerse más visibles.

“Tradicionalmente son cultivos que recibieron poco aporte de fertilización porque se consideraba que se sembraban en suelos bien provistos. Pero la baja reposición de fósforo llevó a situaciones de deficiencia y ahora empiezan a mostrar respuestas interesantes”, señaló.

Aclaró que la soja y el girasol poseen características fisiológicas diferentes respecto de las gramíneas y también requerimientos nutricionales particulares, especialmente por su alta demanda de fósforo y azufre vinculada a la calidad de grano y aceite.

En soja, la especialista destacó el papel de la fijación biológica de nitrógeno, que aporta cerca de 50% de las necesidades del cultivo. Pero advirtió que problemas de acidificación y falta de calcio “se reflejan en una menor nodulación”.

En ese contexto, resaltó que la inoculación continúa siendo una de las tecnologías de mayor retorno agronómico. “Aporta entre 200 y 300 kilos y no puede ser sustituida con fertilizantes”, aseveró.

Barraco también alertó sobre el deterioro de los niveles de fósforo disponible en los suelos. En concreto “50% de los lotes de nuestra región deberían recibir fertilización fosfatada”, indicó. No obstante, remarcó que tanto el cultivo de soja como el girasol son cultivos sensibles a altas dosis aplicadas en la línea de siembra porque pueden desencadenar problemas de fitotoxicidad.

Por eso insistió en pensar el fósforo como una estrategia de reposición de largo plazo y no sólo como una práctica anual. “Tiene que tener un plan de reposición sostenido en el tiempo”, explicó.

También planteó la situación del azufre, apuntando que la pérdida de materia orgánica y los años de agricultura continua están generando respuestas crecientes. “Más años de agricultura y lotes pobres en materia orgánica muestran mayor respuesta al azufre”.

En girasol, Barraco mostró respuestas importantes a fósforo, nitrógeno, azufre y boro, aunque aclaró que el manejo de N “debe ser cuidadoso: si aplico altas dosis puedo tener caída del contenido de aceite”. Por eso recomendó estrategias “moderadas” con aplicaciones en estadios V4 o V6. “El azufre le da un escalón de rendimiento”, aseguró.

Finalmente, la investigadora remarcó que las rotaciones y los cultivos de cobertura serán claves para recuperar fertilidad y sostener productividad en sistemas agrícolas cada vez más exigidos.

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