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Rentabilidad en crisis: Cuanto más vendés, menos ganás

La estrategia que deben adoptar los dueños de las empresas locales en tiempos donde no predomina la inflación.

3 de septiembre de 2026 - 20:28

Por Esteban Nardi. Los últimos meses la economía argentina ha atravesado, como ya es costumbre, turbulencias macroeconómicas que nuevamente sacudieron las expectativas y deslizaron incertidumbre sobre el futuro de la actividad económica.

En este período, aunque puede ser aplicable a muchos otros, hubo un comentario que fue factor común de muchas charlas con empresarios PyME: “Se vende relativamente bien, trabajando quizás un poco más, pero no tengo idea dónde se va la plata”.

Sí, la sensación que muchos sentimos de asfixia financiera es real.

El ajuste de los últimos dos años ha impactado de lleno en la capacidad de consumo de la población, y su recuperación se ha vuelto muy heterogénea.

Sin embargo, los hábitos han cambiado. La desaceleración de la inflación y su tendencia bajista, junto con la caída del poder adquisitivo, puso un freno de mano a la opción discrecional de trasladar a precios cualquier incremento de costos, incluso en porcentajes “porlasdudistas”. Y ese freno fue brusco.

Pero hubo algo más: el techo del precio se hizo presente mucho más rápido que el de los costos.

La “inflación de costos” siguió su curso con una tasa de desaceleración más relajada que los precios, por lo que el empresario se ha encontrado con que las tarifas, alquileres, salarios, servicios, materiales, etc., siguieron aumentando pese a que esos ajustes no los podía trasladar a precios.

Combo letal: precios fijos y costos en aumento. Los márgenes se reducen cada vez más y, encima, no se dónde se va lo poco que me queda a final del mes.

La hora de la espiritualidad

El psicoanalista suizo Carl G. Jung acuñó una frase que, posteriormente, se volvería muy famosa: “Quien mira hacia fuera, sueña. Quien mira hacia dentro, despierta”.

Durante las últimas décadas los argentinos nos acostumbramos a vivir con inflación: se nos es conocida, familiar, habitual, casi parte de nuestro ADN.

La historia argentina de los últimos 70/80 años estuvo caracterizada por la existencia persistente de la inflación, en mayor o menor medida.

Y cuanto más descontrolada es la inflación, más le prestamos atención y más “fácil” se nos hace subir los precios, por decirlo de alguna manera.

Así, nos ocupamos del exterior, y lo urgente le gana a lo importante. Pero cuando el maremoto exterior empieza a menguar, la bruma se disipa y el aire se tranquiliza, súbitamente recordamos que tenemos un interior, un adentro hacia el cual mirar, y que lo hemos descuidado.

Es hora, entonces, de dejar de mirar hacia afuera, y volver el foco hacia dentro. Hoy, ahora, es el mejor momento para analizar los costos del negocio.

No estamos hablando de empezar a recortar a ciegas, porque esto puede romper toda la operatoria, sino de centrar la energía en buscar optimizaciones inteligentes que nos permitan adaptarnos al nuevo contexto.

Revisar contratos vigentes, reevaluar la eficiencia de los procesos (productos, operativos, administrativos, estratégicos), “limpiar” esa suciedad corporativa que se acumuló por tantos años de desatención.

Pensémoslo así: cada punto porcentual que podamos “rescatar” mediante la optimización de la estructura del negocio es una bocanada de aire fresco para las finanzas de la compañía.

Un paso más allá

Ahora bien: ¿Qué pasa sí, sorprendentemente, tu principal traba no son tus costos? ¿Dónde poner atención si, luego de un análisis completo y profesional, llegamos a la conclusión que el problema central de tu negocio no es una cuestión de gestión?

A veces, el diagnóstico da un paso más. La empresa quedó enorme para su nivel de ventas actual.

Antaño, diseñaste una estructura robusta que permitía sostener tu nivel de actividad, y la pensaste para una escala de mercado que, o bien ya no existe, o bien se achicó considerablemente.

Así, con una restricción de la demanda tan notoria, la solución no pasa por querer vender a cualquier precio, achicando o directamente eliminando los márgenes, sino por rediseñar el punto de equilibrio para que la empresa se vuelva rentable con el nivel de actividad que el mercado valida hoy.

En última instancia, debemos trabajar para la caja, no solo para la facturación.

¿Y entonces?

Análisis-parálisis. El sobre-estudio de la situación y la consideración de miles de alternativas posibles, puede atraparte en un loop interminable de problema-solución, sin que des ningún paso concreto.

Uno de los peores errores, en este escenario, es paralizarse o dejar que el mercado se acomode solo.

Respondé esta pregunta: ¿Sentís que tu estructura trabaja solo para pagar tus costos, y no para generar una ganancia acorde a tu negocio?

Si la sensación es positiva, es hora de auditar tus números. Y para hacerlo, no estás solo.

Nuestro país cuenta con grandísimos profesionales de gestión que tienen las herramientas (y la experiencia) necesaria para acompañarte en este recorrido y ayudarte a atravesar el proceso de acomodamiento hacia tu nueva realidad.

El mejor momento para analizar tus costos, es ahora. No pierdas la oportunidad.

Esteban Nardi, founder en Vesta Negocios.

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