Por Sergio Candelo. Bill Gates publicó hace pocos días un texto largo sobre la era de la Inteligencia Artificial, titulado "The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical".
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SUSCRIBITESi la tecnología realmente empieza a liberar horas humanas a gran escala, no alcanza con decidir qué profesiones van a seguir en manos de personas.
Por Sergio Candelo. Bill Gates publicó hace pocos días un texto largo sobre la era de la Inteligencia Artificial, titulado "The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical".
El tono es distinto al de otros textos recientes sobre el tema: no hay entusiasmo desbordado ni promesa de abundancia inmediata. Hay una advertencia seria, con riesgos concretos y propuestas para gestionarlos.
Vale la pena tomarlo en serio, y también discutirlo.
Gates insiste en que esta transición no se parece a las anteriores. Cuando el trabajo pasó del campo a la oficina, el cambio llevó generaciones y creó empleos nuevos que requerían razonamiento humano.
Esta vez, dice, la tecnología puede sustituir directamente ese razonamiento, y lo hará en una década, no en generaciones, y en todos los sectores a la vez.
El diagnóstico coincide con algo que venimos sosteniendo desde hace tiempo: estamos ante un cambio de paradigma, no ante una mejora más de productividad.
Pero ahí conviene hacerle una pregunta: Si de verdad estamos liberando trabajo humano a esta escala, ¿la meta es simplemente administrar la transición para que la gente vuelva a trabajar en otra cosa, o es repensar qué lugar ocupa el trabajo en una vida con sentido?
Gates escribe algo revelador: que el empleo es, en una sociedad capitalista, la forma en que la mayoría de la gente consigue dinero para vivir, pero también una fuente clave de dignidad y conexión social.
Que hoy el trabajo cumpla esa función no significa que deba seguir cumpliéndola para siempre.
Durante casi toda la historia de la especie, la dignidad y la conexión social no vinieron del empleo asalariado, que es un invento reciente, sino de pertenecer a un grupo y de cuidar a otros.
Si la tecnología realmente reduce la necesidad de trabajo humano a gran escala, atar la dignidad de las personas al hecho de tener un empleo es quedarse corto justo cuando hay margen para pensar distinto.
El desafío no es solo evitar que la gente se quede sin trabajo.
Es evitar que la gente se quede sin un lugar desde el cual sentirse valiosa, tenga o no un empleo.
Hay una frase de Gates con la que coincidimos por completo: dice que va a usar su voz y su tiempo para que la equidad en la era de la Inteligencia Artificial ocupe un lugar central en la agenda pública, y que ese debate no debería quedar en manos de las empresas que desarrollan la tecnología, sino de la sociedad en su conjunto.
Es la línea sobre la que venimos trabajando desde 2024 en el marco de El Gran Despertar, donde proponemos redefinir el éxito por el impacto y no por la riqueza, medir el progreso con indicadores de bienestar y no solo de producto bruto, y correr el eje de una sociedad centrada en la productividad hacia una centrada en el propósito y la contribución al bien común.
Que hoy alguien como Gates lo diga en público, con su alcance, ayuda a que esta conversación deje de ser una inquietud de unos pocos y pase a ser un tema de agenda real.
La idea más original del texto de Gates es reservar deliberadamente ciertas tareas para que las hagan personas, no porque la máquina no pueda, sino porque perderíamos algo importante si dejara de hacerlas un humano.
Pone el ejemplo de los cuidadores que atendieron a su padre en los últimos años de Alzheimer, o el de dar un diagnóstico terminal. Compartimos la intuición de fondo: hay tareas donde lo que importa no es la eficiencia sino la presencia de otra persona.
El límite de la propuesta es que sigue pensando en puestos de trabajo. Si la tecnología realmente empieza a liberar horas humanas a gran escala, no alcanza con decidir qué profesiones van a seguir en manos de personas.
Hace falta decidir, además, qué parte de la vida cotidiana de cada uno queremos proteger de la misma manera: la cena sin el teléfono en la mesa, la conversación sin intermediarios, la crianza sin tercerizar cada decisión. Esa reserva no debería aplicarse solo a ciertas profesiones.
Debería aplicarse a la atención de cada persona.
Gates propone gravar el uso de Inteligencia Artificial y de robots, porque hoy el sistema impositivo castiga contratar personas y premia comprar una máquina: un empleado genera cargas laborales, una máquina se deduce como gasto.
Es una propuesta que él viene sosteniendo desde hace años y que ahora retoma con fuerza.
Coincidimos con el diagnóstico y con la herramienta. De hecho, ya la habíamos nombrado en esas mismas charlas de 2024, bajo la idea de una economía de token: que una parte del valor generado por las máquinas se distribuya de vuelta hacia la sociedad, en lugar de quedar únicamente en manos de quienes las poseen.
La diferencia está en el destino de esos fondos. Gates los piensa para financiar reentrenamiento y ayudar a la gente a volver a trabajar.
Nosotros pensamos ese mismo dinero también como sostén de un tiempo de vida que no necesita traducirse en un nuevo empleo: cuidar a la familia, participar en la comunidad, regenerar el ambiente, crear sin fin comercial.
No se trata de dejar de trabajar. Se trata de que trabajar deje de ser la única forma válida de merecer un lugar en la sociedad.
Llevar esto a la práctica a escala global no es trivial: requiere una arquitectura institucional que hoy no existe. Pero el diagnóstico de fondo es correcto, y corregirlo es más urgente que resolverlo a la perfección.
El plan que propone Gates es necesario: instituciones nuevas, impuestos rediseñados, ciertos trabajos reservados para personas.
Todo eso ayuda a que la transición sea menos brutal. Pero si esto es, como decíamos al principio, un cambio de paradigma y no una mejora más de productividad, administrar la turbulencia no alcanza: hay que decidir qué hacer con lo que libera.
Por primera vez, la humanidad tiene delante la posibilidad real de vivir en abundancia: liberar tiempo que durante toda su historia estuvo comprometido con la supervivencia.
Lo que hay que reservar no es un conjunto de trabajos para mantener ocupadas a las personas, ni una forma de retrasar o entorpecer esa liberación.
Es el destino de ese tiempo libre: disfrutarlo en momentos, vínculos, empatía y comunidad, tal como lo hicimos hace cien mil años, en cada tribu humana, pero ahora potenciados por este cambio de paradigma.
Es la primera vez en la historia de la humanidad que tenemos esta posibilidad. ¿Por qué no aprovecharla?
Sergio Candelo, ex-Economista, co-fundador de Snoop Consulting y ejecutivo del Sector Tecnológico.
Fue Presidente de la Cámara de Software (CESSI) y del Project Management Institute (PMI) Chapter Buenos Aires.
Para más información: www.snoopconsulting.com
Referencias:
Gates, B. (2026), "The turbulent AI era is here. The choices we make now are critical", Gates Notes.
Candelo, S. (2024), "El Gran Despertar: Cuando las máquinas trabajen...", LinkedIn. Disponible en: linkedin.com/posts/sergio-candelo_el-gran-despertar-cuando-las-máquinas-trabajen

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