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Evolución

Es la biología, campeón

Cómo funciona nuestro cerebro y lo que necesita para prosperar.

7 de enero de 2026 - 12:31

Por Sergio Candelo. Hace 70.000 años, el Homo Sapiens era un animal físicamente insignificante en un rincón de África.

No teníamos garras afiladas, ni caparazones duros, ni alas.

Sin embargo, en un parpadeo evolutivo, nos convertimos en los "dueños del mundo".

¿Qué nos permitió dar ese salto? Fue la empatía.

Nuestra especie prosperó gracias a un algoritmo biológico imbatible: la colaboración radical.

Desarrollamos un cerebro diseñado para leer la mente del otro a través de la mirada, para sentir su dolor como propio y para sincronizarnos en tribus.

La pertenencia no era un lujo emocional; era la única garantía de supervivencia. Ser expulsado del grupo significaba la muerte.

Por eso, la evolución nos cableó para sentir la desconexión social con el mismo terror que sentimos ante un depredador.

Hoy, sin embargo, estamos protagonizando una paradoja extraña: la misma inteligencia colaborativa que nos trajo hasta aquí ha creado herramientas que están transformando nuestra forma de conectar.

El desajuste evolutivo

Los científicos lo llaman "desajuste evolutivo" (evolutionary mismatch). Nuestro cerebro de cazadores-recolectores, diseñado para la conexión presencial y profunda, ahora vive en un entorno digital de alta velocidad para el que no está preparado.

No es que hayamos dejado de ser empáticos. Es que hemos cambiado radicalmente el tipo de conexión: de pocas-profundas-vitales a muchas-superficiales-prescindibles.

_Diseñados para mirar: Las neuronas espejo y la oxitocina, el pegamento de la sociedad, se activan principalmente con el contacto visual y la presencia física.

_Acostumbrados a bajar la cabeza: Hoy, la postura más común del ser humano no es la de otear el horizonte o mirar a su compañero, sino la de inclinar el cuello hacia una pantalla brillante.

La neurociencia señala algo inquietante: esta postura corporal de "cierre" le indica a nuestro cerebro que se retire, dificultando la empatía y aumentando la ansiedad.

La epidemia de la ausencia

Observa esto: estás cenando con alguien y, a mitad de conversación, baja la mirada a su teléfono.

¿Qué sientes? Probablemente una punzada de algo incómodo, aunque no sepas nombrarlo.

Los científicos sí tienen un nombre: phubbing (ignorar a alguien por mirar el móvil). Y descubrieron algo fascinante: no es solo mala educación.

Cuando alguien retira su atención hacia una pantalla, nuestro cerebro ancestral interpreta esa señal como: "No eres relevante para mi supervivencia. No perteneces a mi tribu".

El resultado es revelador. Las investigaciones confirman que este comportamiento genera un dolor social real en quien lo recibe y una soledad creciente en quien lo ejerce.

Nos estamos convirtiendo en individuos hiperconectados pero profundamente solos, rodeados de contactos pero hambrientos de contacto real.

Y hay otro fenómeno curioso: mientras la realidad nos pide presencia, el FOMO (miedo a perderse algo) nos arrastra a una ansiedad extraña.

Nuestro cerebro, que evolucionó para temer la exclusión de la tribu, ahora escanea compulsivamente redes sociales buscando una validación que nunca parece suficiente.

Vivimos preocupados por vidas que no son las nuestras, mientras la que tenemos enfrente transcurre sin nuestra atención plena.

¿Y ahora qué?

Si la empatía y la colaboración fueron lo que nos hizo humanos: ¿Qué nos está convirtiendo su transformación?

Aquí hay algo paradójico: tenemos más herramientas que nunca para comunicarnos, pero muchos reportan sentirse más desconectados.

El aumento global de la ansiedad y la depresión podría no ser casualidad; algunos investigadores lo interpretan como la señal de un cerebro social que funciona de forma distinta a como fue diseñado.

Pero hay una buena noticia: si fuimos nosotros quienes creamos este desajuste, también podemos ajustarlo.

La rebelión de la atención

No se trata de romantizar el pasado ni de demonizar la tecnología. Las herramientas digitales han traído beneficios innegables.

La pregunta es: ¿Las estamos usando nosotros, o nos están usando a nosotros?

Considera esto: ¿Cuándo fue la última vez que mantuviste una conversación completa sin que ninguno de los dos revisara el teléfono?

¿Cuántas veces has estado físicamente presente pero mentalmente ausente?

El acto más revolucionario hoy podría ser simplemente volver a mirar a los ojos.

Dejar el móvil en el bolsillo o en la cartera durante una cena y darle a la persona que tienes delante el mensaje silencioso de: "En este momento, tú eres lo más importante".

No es nostalgia. Es recordar cómo funciona nuestro cerebro y darle lo que necesita para prosperar.

Recuperar nuestra atención es recuperar algo esencial en nosotros. Y esa elección, esa pequeña revolución, comienza en cada uno.

La próxima vez que alguien te hable, antes de bajar la mirada a tu pantalla, pregúntate: ¿qué estoy eligiendo en este momento? La respuesta podría sorprenderte.

Sergio Candelo, es cofounder de Snoop Consulting.

Fue Presidente de la Cámara de Software (CESSI) y del Project Management Institute (PMI) Chapter Buenos Aires, entre otras instituciones.

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