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Dr Fernando Daniel Peiró

LOS DEMÁS SON NUESTRO PROPIO ESPEJO

1 de noviembre de 2013 - 17:52

Por el Dr. Fernando Daniel Peiró. Las personas con las cuales nos relacionamos son nuestros propios “espejos”. Los gestos y actitudes que nos agradan de ellas, las cosas que nos sorprenden gratamente de ellas, las que valoramos de ellas; son aquellas características que también tenemos y aceptamos de nosotros mismos.

Cualquier rechazo que experimentamos con los demás, son aquellas cosas que no aceptamos de nosotros mismos y que necesitamos “sanar” interiormente.

Las personas son auténticos “reflejos” de nuestra existencia. Ellas vienen a mostrarnos lo que somos en nuestras partes luminosas, tanto como en nuestras partes obscuras, que necesitan su lumbre para nuestra evolución.

Por lo tanto, permitirnos juzgar o condenar a los demás, criticar negativamente y quejarse es, por reflejo, algo que estamos haciendo con nosotros mismos y que a la corta o a la larga, se evidenciará en nuestra propia carne.

Entre las enseñanzas del Talmud, libro que contiene la tradición, doctrina y ceremonias religiosas del pueblo Judío, nos aconseja hacer uso de la prudencia en el lenguaje, diciéndonos que: “Tu amigo tiene un amigo, y el amigo de tu amigo tiene otro amigo; por consiguiente sé discreto”.

Las partes obscuras que no reconocemos de nosotros mismos, habitan en el territorio del “ego”, que pretende alejarnos de nuestra esencia, de nuestro verdadero Ser interior. Es por ello que, con frecuencia, ocultamos lo que creemos que es “lo malo” de nosotros y sólo mostramos “lo bueno” que nos caracteriza.

Estar atento a que las personas son un “espejo” nuestro, nos permitirá descubrir qué podemos “regularnos concientemente” y así obsequiarnos el contacto más íntimo con nuestra propia grandeza interior.

Louise L. Hay (1927), autora norteamericana de varios libros de superación personal, en los que se encuentran “Usted puede sanar su vida” y “El poder está dentro de ti”, manifiesta: “Adondequiera que vayas y con quienquiera que te encuentres, allí hallarás a tu propio amor esperándote”.

A medida que vamos aceptándonos a nosotros mismos en aquellas partes que no aceptamos de sí, vamos volviéndonos más enteros, más íntegros. Empezamos a tener más armonía, dejamos de lado nuestras máscaras, le damos menos importancia a nuestros “roles”, que son meros disfraces de nuestro ego y empezamos a aflorar nuestro auténtico”Ser”, donde nuestro amor y nuestra sabiduría interior se expande y resplandece.

Cada vez que tengo la oportunidad, digo que la palabra «sinceridad» viene de los tiempos antiguos cuando, para diferenciarse los acaudalados o poderosos del pobre, revestían o decoraban sus viviendas con piezas enteras de mármol. Los obreros de la piedra trabajaban las piezas enteras con delicadeza y pulido. Con los fragmentos que quedaban de estas piezas enteras de mármol, y mediante una cera especial (o resina), se fabricaban otras planchas para rescatar esos pedazos de piedra y darles una utilidad similar a los bloques enteros. Con el tiempo, este concepto fue utilizado en el vocabulario latino, para decir que una persona «sincera», es aquel ser humano «integro» (o indivisible - y de allí «individuo»). Es decir, las personas que no son «sin - ceras», pertenecen al grupo de los que interiormente están divididos por sus «contradicciones».

Con esto deseo expresar que, a medida que más nos sinceramos, más íntegros seremos.

La Relación Esencial

La relación esencial de cada ser humano, es la relación con su Ser Interior. Cada uno de nosotros tiene el desafío personal de descubrirse a sí mismo; ir al encuentro con la propia sabiduría interior, donde se encuentran todas las respuestas a nuestra existencia; donde habita el tesoro dorado de la Verdad.

El filósofo griego Platón (428 a 347 A.C.), en su libro “La República”, comenta mediante una parábola, conocida como el “mito de la cueva”, el encuentro del ser humano con su luz interior.

Relata que en una cueva subterránea, provista de una larga entrada, estaban atados unos hombres por las piernas y el cuello frente a la pared, desde que eran niños. Detrás de ellos, ardía el fuego de una hoguera, que proyectaba las sombras de algunos objetos que se encontraban en las cercanías de la esa fogata. Los prisioneros, al no tener conocimiento de estos objetos, consideraban como una realidad a las sombras que podían ver. Pero si alguno de estos hombres, que permanecían inmóviles dentro de la cueva, fuese desatado y liberado, descubriría la verdadera realidad al ver los objetos y la luz del fuego; y si lo obligaran a observar la luz por más tiempo y luego a regresar nuevamente a la cueva, para persuadir a sus compañeros encadenados, no podría ver con nitidez las sombras dentro de la cueva, por tener acostumbrados los ojos a la luz y lo considerarían como alguien que perdió la razón.

Este hombre liberado de las ataduras, que pudo conocer la verdad, tuvo el deseo de expresarla a los otros hombres, que aún se encontraban en la cueva.

Con esta alegoría, Platón expresa la importancia de descubrir esa luz, que está más allá de las apariencias. Salir de la cueva, es descubrir la luz de la sabiduría interior. Seguir siendo prisioneros, es estar encadenados a las sombras, que son sólo proyecciones.

Descubrirse a sí mismos, implica transitar un camino de permanente evolución, donde es necesario el desapego. Cuando esto sucede e ingresamos al mundo esencial, los límites desaparecen. En este mundo interior, estamos llenos de “Totalidad”; estamos unidos a través de un cordón universal al cielo divino. Este es el tesoro dorado de la Verdad, de la Luz, de la Conciencia.

La relación con Sí mismos, es una relación que reconoce y acepta la unión con Dios, fuente de Sabiduría.

El maestro de los maestros, Jesús, definió todo esto, cuando se expresó diciendo: “El Reino de Dios está dentro de Ti”.

Estamos relacionados con el universo. Nuestras almas forman parte de nosotros individualmente y, a la vez, es universal en este mismo instante. Somos esencialmente el reflejo de los demás y los demás son nuestro propio reflejo. De hecho, sin los demás, nosotros no tendríamos existencia.

Todas las relaciones interpersonales que tenemos nos hacen ser quienes somos. A medida que más tomamos en cuenta este pensamiento de Totalidad, más nos acercamos a nuestra esencia.

Carpe diem, Aproveche el día, con Plenitud.

Dr. Daniel Fernando Peiró

Consultor, Coach, Autor argentino
(Extraído del libro: Auto-liderazgo: 16 horas para templar el ser)
Derechos Reservados

Reseña Profesional:
Acerca del Dr. Fernando Daniel Peiró
- Autor argentino, ha escrito diversos libros sobre Liderazgo Integral, Desarrollo Humano, entre los que se encuentran: “Las 10 Miradas del Liderazgo Integral”, “Tres Poderes para la Superación Personal”; “Resiliencia, cómo tener éxito ante la Adversidad”; “Siete Mentiras Anti-Exito. Rompiendo Mitos”, y otras obras).
- Consultor empresarial especializado en RRHH, Management y Comunicación.
- Coach Organizacional y de Vida; Conferencista Internacional, ha recorrido hasta el momento 11 países hispanohablantes, por entrenamientos de coaching y habilidades directivas y conferencias de Liderazgo y Motivación.
- Coach ontológico certificado y Trainer en PNL.
- Licenciado en Ciencias del Desarrollo Humano y Doctor en Cs. Teológicas y Etica.
- Profesor invitado en Programas Académicos de Post-Grado.
- Reconocido como "Embajador para la Paz", por la Universal Peace Federation.
- Premio “Estrella de Oro Internacional” al mérito como Orador, por la Red Mundial de Conferencistas (Alemania).
- Premio “Speaker of the Year 2011” (Orador del Año), por LAQUI, Latinamerican Quality Institute.
- Líder Honorario del Programa de Liderazgo UCR, Universidad de Costa Rica.

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Web: www.drpeirocoach.jimdo.com

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