“Convocamos a todos. Pensar distinto no es ser enemigo. Es simplemente pensar distinto. Somos el depositario de millones de sueños de millones de argentinos. Los invitamos a tomarnos de la mano para caminar hacia el futuro”.
Para continuar, suscribite a Somos Pymes. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITE“Convocamos a todos. Pensar distinto no es ser enemigo. Es simplemente pensar distinto. Somos el depositario de millones de sueños de millones de argentinos. Los invitamos a tomarnos de la mano para caminar hacia el futuro”.
Con ese tipo de frases, el protagonista excluyente de las elecciones legislativas del 2013 no sólo le puso la rúbrica a su aplastante triunfo en territorio bonaerense, sino que, al mismo tiempo, marcó de qué lado se va a parar –porque “en la vida hay que elegir”- en los dos años que restan para que se sepa cual será el próximo presidente de los más de 40 millones de argentinos.
El susodicho en cuestión, Sergio Massa, fue el postulante que más claramente interpretó el deseo de la gente –los opositores al Gobierno nacional también lo son aunque otros piensen lo contrario-, que se cansó de ser arrinconada contra una pared, forzada a elegir entre blanco y negro.
El intendente de Tigre le bajó al electorado un mensaje que no necesitó de especialistas en marketing, ni cráneos prodigiosos en politiquería, aunque los haya necesitado. Él sólo, supo leer que no es momento para un discurso centrado en el pasado y/o en el presente, porque el pueblo ya no vota pensando en los setenta ni ve tan claramente la última década como una ganada.
Este pensamiento se reflejó en una frase simple: Argentina será un “nuevo país”.
Mientras otros candidatos apelaron a lo que se consiguió y no debería perderse, a preservar lo hecho en la historia reciente, a la alternativa del no cambio y a seguir en el presente porque es la única realidad, el líder del Frente Renovador dejó en claro que hay lugar para los sueños e instaló en sus votantes en factor motivante que es la expectativa de lo que vendrá.
En su discurso triunfante desde la fortaleza de Tigre, Massa centró su línea de pensamiento, entre otros factores, en lo importante que es una economía saludable para el bienestar del país, detalle que le valió una primera victoria en las PASO.
El diputado electo descartó la confrontación y recordó que puede existir una Argentina en la que conviva el campo con la industria, y que incluso sean parte de lo mismo. Donde las desatendidas PYMES sean forjadas como claves para el tejido productivo de la nación y no víctimas de cepos a la importación. Y donde la inflación no despegue a un nivel muy superior al crecimiento económico.
Más importante que todo esto, el candidato opositor al kirchnerismo les hizo creer a sus seguidores, un poco menos de la mitad del electorado bonaerense, que todo esto es posible, por lo menos desde lo discursivo.
El intendente de Tigre será en los próximos dos años un diputado más de los 257 que integran la Cámara Baja del Congreso nacional. Desde esa posición legislativa, no logrará el objetivo de mínima, que sólo podrá llevar adelante en caso de ocupar una posición ejecutiva. Pero corre con varias ventajas de cara al sillón de Rivadavia en 2015, su deseo máximo.
El esposo de Malena ganó la “madre de todas las batallas” sólo unos cuantos meses después de conformar su agrupación política y romper con la mística K. Ocupa un sector importante del peronismo, el partido político más fuerte del país que ruega por un nuevo líder. Y se erigió como la cara fresca de la política argentina -pocos recuerdan su paso por la Jefatura de Gabinete en el primer Gobierno de Cristina-.
Pese a competir con figuras que pueden llegar a compartir su prosapia y presentan semejanzas, como Mauricio Macri, Hermes Binner, Julio Cobos e incluso Daniel Scioli, el ahora hombre fuerte de “La Provincia” se encuentra lanzado a la arena política en el momento preciso y a la hora señalada.
Si logra con acciones concretas, mantener en la cabeza del electorado su visión del futuro, la de un upgrade del kirchnerismo, Sergio Massa será primero de la carrera con vistas a la Casa Rosada. Si no lo logra, quedará encerrado en su discurso, se convertirá en otro invento de corte duranbarbista y pasará a la posteridad como el nuevo De Narváez.
Una ilusión originada en el oasis de la dialéctica del “nuevo país”
Después de todo… dos años no es nada.
Por Mauro Torres
Periodista de Somos Pymes
