Con el objetivo de enriquecer el debate público, desde la compartimos una reflexión acerca del rol de las prácticas profesionalizantes.
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Más prácticas profesionalizantes, mayor desarrollo y cohesión social
Las prácticas educativas de los estudiantes secundarios y terciarios en empresas constituyen la parte central de las buenas experiencias de conexión entre el sistema educativo y el sistema productivo en la mayoría de los países más avanzados del mundo.
Especialmente en Europa, este instrumento es promovido como uno de los baluartes de la cohesión social, valor fuertemente sostenido por todas esas democracias.
Mayores posibilidades
Estas prácticas educativas, con sus distintos nombres en cada país, están en el origen de la mayor tasa de empleabilidad de los jóvenes, de la mejor inserción universitaria y, también, en el origen del nacimiento de miles de nuevos emprendimientos basados en el “saber hacer” de los ex estudiantes.
Este último resultado es de particular interés para Argentina, porque es sabido que la creación de nuevos emprendimientos es uno de los elementos fundamentales de la dinámica del crecimiento del empleo privado de los países.
Y Argentina, desafortunadamente, tiene un gran déficit en este tema, acreditando una de las menores tasas de creación de empresas del mundo, muy inferior además al promedio latinoamericano, como lo han ilustrado los sucesivos informes de FOP sobre este tema.
La difusión de las habilidades blandas y de las competencias técnicas entre la población no es ciertamente la única variable que afecta positivamente la creación de nuevas empresas, pero es uno de los tres factores principales, junto con el buen acceso al financiamiento y el bajo nivel de presión tributaria.
Del “saber hacer” de los estudiantes surgen ideas que se transforman en proyectos y luego en sujetos autónomos con
vida propia.
Contexto local
Afortunadamente, Argentina dispone de una excelente Ley de Educación Técnico Profesional, la Ley Nº26.058, promulgada en 2005, que promueve, regula y ordena las relaciones del sistema de educación técnico profesional del nivel medio y superior no universitario y de la formación profesional con el sistema productivo.
La Ley especifica que el sector empresario, previa firma de convenios de colaboración con las autoridades educativas, en función del tamaño de su empresa y su capacidad operativa, favorecerá la realización de prácticas educativas en sus propios establecimientos.
Las prácticas profesionalizantes constituyen una extensión de la actividad educativa del estudiante al ámbito de la empresa y no implican de ninguna manera una relación laboral con la misma; el estudiante no debe ser considerado un trabajador y por ello no implica el reemplazo de ninguno durante el desarrollo de la práctica.
Por tal razón, no requiere ser remunerado ni inscripto en obra social (a diferencia de las pasantías, reguladas por la Ley Nº 26.427, que sí implican el pago de una remuneración estímulo y la inscripción en una obra social).
Sin embargo, al combinar una capacitación práctica en contacto directo con procesos, equipos y máquinas y, al mismo tiempo, inducir a compartir e incorporar reglas, hábitos de horario y relaciones sociales en el ámbito de la empresa, la práctica profesionalizante genera un proceso de “socialización” que terminará produciendo graduados con una una mayor empleabilidad y con mayor capacidad técnica y organizativa para desarrollar sus propios emprendimientos.
Problemas endémicos
Desafortunadamente, esta Ley que regula institucionalmente la realización de prácticas educativas, denominadas “Prácticas Profesionalizantes en ambientes reales de trabajo”, es prácticamente desconocida por una gran parte de las empresas.
En Argentina no solo tenemos una matrícula de estudiantes secundarios técnicos que ronda la mitad aproximadamente de los países más desarrollados, sino que, además, de los 45.000 estudiantes matriculados en el último año, no más de 15.000 logran realizar su práctica profesionalizante en las empresas cercanas a su lugar de residencia.
Esta desconexión de los jóvenes con su entorno productivo territorial genera flujos migratorios hacia los grandes centros urbanos, vaciando las localidades más pequeñas de futuros talentos y disminuyendo las posibilidades del desarrollo local.
Si el contenido de la Ley de Educación Técnico Profesional, que protege a los estudiantes y a las empresas, fuera comunicado masiva y precisamente a todas las empresas de todas las localidades del país y se asistiera a las escuelas para superar los escollos organizativos para relacionarse con las empresas aledañas, Argentina tendría un decisivo vuelco positivo en el crecimiento del stock social de conocimientos y habilidades técnicas, que la mejor literatura internacional muestra como un pilar fundamental para el crecimiento de la riqueza de los países.
Menos Prácticas Profesionalizantes significa seguramente menor empleabilidad de los jóvenes, más flujos migratorios y menor desarrollo local, pero también menor innovación en las empresas y menor capacidad social acumulada para crear nuevos emprendimientos y producir nuevos jugadores autónomos en la sociedad argentina.
Todos pierden y nadie gana con la desconexión entre el mundo productivo y el mundo educativo.
La Fundación Observatorio PyME es una entidad sin fines de lucro, cuya misión es promover la valorización cultural del rol de las pequeñas y medianas empresas en la sociedad, la investigación microeconómica aplicada y las políticas públicas de apoyo al desarrollo productivo.