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Los precios en Japón llegaron a su mayor nivel desde 2014

La inflación en Japón marcó un nuevo repunte en agosto pasado al registrar un 2,8 por ciento interanual.

Se trata del nivel más alto desde 2014, según las mediciones del Ministerio de Asuntos Internos japonés.

Si se quitan las distorsiones generadas por aumentos de impuestos al consumo como el IVA, se trata de la mayor cifra en 31 años.

Causas y consecuencias

Gran parte del aumento inflacionario fue impulsado por los costos de la energía y de los alimentos procesados.

La tasa inflacionaria fue superior al 2,7% pronosticado por los analistas, y generará presiones para el banco central japonés que ha mantenido una política monetaria de estimulo.

La entidad se reunirá este jueves, aunque se espera que mantenga sus tasas de interés sin modificaciones.

El Gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, reiteró en diversas oportunidades que mantendrá las tasas en niveles bajos hasta que se verifiquen aumentos sólidos en los salarios.

Además, Kuroda insistió con que la inflación es temporaria dado que es fruto del boom en el precio de las commodities, aunque los analistas consideran que los incrementos están comenzando a reflejarse en otras categorías.

El índice de inflación núcleo que excluye a los alimentos y la energía totalizó 1,6% anual.

Trayectoria histórica

Por más de dos décadas, Japón afrontó un fenómeno deflacionario, lo cual ha sido un impedimento para el crecimiento económico junto con otros factores, como, por ejemplo, el envejecimiento poblacional.

El crecimiento del PBI japonés fue relativamente pequeño -a comparación de otras potencias- mientras que los salarios anuales solamente subieron 3% en los últimos 30 años, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

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Es por ello que Kuroda, al asumir el cargo en 2013, ha pretendido alcanzar una inflación del 2% anual que permita impulsar los salarios y el consumo.

Esta podría ser la última oportunidad de lograr su cometido ya que su mandato finaliza en abril último.

Sin embargo, los críticos de Kuroda señalan que la inflación de los últimos meses –mayormente provocada por fenómenos externos- ha reducido el poder de compra de los japoneses y no lo ha aumentado como se pretendía.

Las condiciones macroeconómicas

Otro cuestionamiento es que dicha política ha motivado a que el yen se devalúe y llegue a mínimos de 24 años contra el dólar –el cual se ha fortalecido en los últimos meses-, encareciendo las importaciones de energía y alimentos.

Sin embargo, la caída del yen también ha motivado que las firmas japonesas logren sus mayores ganancias desde 1954, al inflar los retornos que obtienen desde sus filiares del exterior.

“La suba de la inflación de Japón de agosto posiblemente no impulse al Banco de Japón a cambiar su política en la reunión de esta semana pero incrementará la presión hacia Kuroda para que explique hasta que punto el banco central pretenderá mantener su estimulo”, aseveró el economista Yuki Masujima.

En tanto, el primer ministro, Fumio KIshida, mantuvo su apoyo y le otorgó libertad de acción al banco central, implementando medidas y topes a los precios de las facturas para morigerar el impacto de la inflación en los hogares y las empresas.

La política monetaria del banco central japonés contrasta con la que han emprendido las entidades de las principales potencias como es el caso de la Reserva Federal estadounidense (FED), el Banco de Inglaterra y, más recientemente, el Banco Central Europeo (BCE), las cuales han comenzado a subir sus tasas de interés para reducir la inflación.

Fuente: Bloomberg y AFP