Por Mauro Torres. La frase que popularizó el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, durante su campaña de 1992 viene como anillo al dedo para describir las PASO 2013 (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias). Dos cosas quedaron claras. La primera, el Peronismo -incluyendo todas sus variantes de Deportivo Ecléctico- no puede jamás perder en la provincia de Buenos Aires. La segunda, la gente no se olvidó de lo que pasó en la economía durante los últimos dos años.
Al momento de dar su discurso post eleccionario -donde concedió subrepticiamente la derrota-, la presidente Cristina Fernández de Kirchner subió al escenario bajo el sonido de "Un Día Perfecto", canción de la banda Los Estelares. Ese día había ocurrido hace un par años, cuando logró recuperarse de la muerte de su esposo, Néstor Kirchner, para alzarse con una victoria aplastante del 54 por ciento de los votos.
El 11 del agosto del 2013 bien pudo haber sido el comienzo del fin para la "década ganada" (sic), etapa donde se consiguió revitalizar la alicaída economía postcrisis del 2001, cancelar una gran parte de la deuda externa degradante y recuperar con matices una industria nacional que fue depredada en los 90. En todo caso, muy lejos de ser el día perfecto.
Al momento de sufragar, la ciudadanía de la mayor parte del país -casi un 70 por ciento- eligió darle vuelta la cara al proyecto nacional que encara el kirchnerismo, el mismo que prometió una sintonía fina de la economía en 2011, y nos dejó un 2012 y un 2013 que serán recordados por las trabas a las importaciones, el cepo cambiario, el fallido blanqueo de capitales y una inflación que crece de manera galopante.
Un poco más atrás, quedaron otros grandes problemas de la Argentina como son la inseguridad y la corrupción, aspectos que –según las consultoras de opinión- fueron rechazados en mayor medida en grandes centros urbanos como la Ciudad de Buenos Aires y la zona norte del Conurbano bonaerense, donde también perdió el Gobierno nacional.
El alicaído sector de la construcción -que no repunta pese a los CEDINes-, los problemas para conseguir insumos de muchas empresas PYME y otras grandes también, la rebeldía del campo ante una política que los obliga a capitalizarse con un dólar oficial e importar con otro mucho más caro, y las críticas de quienes antes fueron sus aliados -véase la UIA y la CGT- son señales de una decadencia fáctica de la era K.
Las críticas de los analistas económicos, muchos de los cuáles pasaron a integrar las filas de la oposición en estos años -como pasó con José Ignacio de Mendiguren, Martín Lousteau, Miguel Peirano, Ricardo Delgado y Martín Redrado-, sobre el empeoramiento de una economía que cada vez tiene más remaches no pasó inadvertido esta vez.
Esta vez fue la gente -y no sólo los especialistas- quien supo detectar que los efectos negativos de las malas políticas económicas recientes, las cuales obligan a abrocharse el cinturón ante un elevado costo de vida, que no permite protección a través de un dólar atesorado, pese a vivir en un país que sigue creciendo pero que cada vez tiene menos reservas en el BCRA.
Es verdad que el kirchnerismo es todavía el partido político más fuerte en el país, pero pasó de ser la mayoría a quedar en tan sólo la primera minoría, en parte debido a la atomización de la oposición. Pero no se pierde de un día al otro más de un tercio del electorado que supo darte la confianza hace sólo dos años.
Los guiños del neo opositor Sergio Massa, gran ganador de la jornada del domingo, hacia cierto sector del empresariado sin dudas le entregó el voto de la zona norte y centro de la provincia de Buenos Aires. E incluso, junto al FPCYS de Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín, el massismo consiguió el voto del Interior bonaerense, que tiene una fuerte raigambre agropecuaria.
El campo también le dio la espalda al Gobierno, sobre todo en grandes provincias como Santa Fe y Córdoba. Y pese a la victoria del FPV en Entre Ríos, también hizo una gran elección el ruralista de FAA, Alfredo de Ángeli.
En la ciudad de Buenos Aires, el PRO (centro-derecha) y el frente UNEN (centro-izquierda) también dejaron atrás al oficialismo. El macrismo, de buena recepción entre los ámbitos empresariales, supo hacerse fuerte en base a políticas de desarrollo de polos tecnológicos, de apoyo a las PYMES a través del Banco Ciudad y de proyectar una imagen hacia el futuro, al igual que la alianza que lideran Elisa Carrió, Martín Lousteau y Pino Solanas.
El Frente para la Victoria también recibió el rechazo de provincias habitualmente aliadas como Jujuy, Salta, Catamarca y la mismísima Santa Cruz, bastión del poder K en las últimas décadas.
El Gobierno todavía cuenta con buena recepción en las zonas de clase media baja, las cuales se beneficiaron de la política inclusiva de la asignación universal por hijo, el plan PROCREAR y el Plan Argentina Trabaja, instrumentos a los cuáles el kirchnerismo no podrá volver a apelar si quisiera contarlos como efecto sorpresa.
Los últimos dos años no podrán olvidarse por ser aquellos donde la inflación se acercó o llegó al 30 por ciento, y el cepo al dólar sólo sirvió para que aquellos con más poder adquisitivo vacíen el contenido de sus tarjetas de crédito en el exterior y no en la economía local, por el cepo cambiario. La época donde conseguir reales para a ir a ver al Papa argentino a Brasil fue una tarea titánica.
La etapa de la falta de inversiones privadas. La del impuesto al salario, a través del pago en ganancias. Todos problemas del argentino común y silvestre, el habitual votante de Cristina Fernández de Kirchner.
Con gran parte del sindicalismo y el empresariado en contra -hartos de las medidas de parche del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno-, con el campo -principal fuente de divisas- todavía en rebeldía y con una gran parte del electorado que ya no cree en el relato, el Gobierno nacional -un buen gobierno de más de diez años al fin- deberá aprender a escuchar lo que le pide la gente -no sólo los acérrimos- para redondear un buen final de etapa, habilitando al próximo Ejecutivo una transición saludable a una nueva Argentina.
La Presidente, una mujer inteligente, seguro tomará nota para que su legado al país sea el de la era en la que la Argentina recuperó los derechos humanos, revitalizó la industria, levantó el consumo interno, combatió a los monopolios y logró que una mayoría de conciudadanos supere la línea de la pobreza al recuperar su poder adquisitivo.
En caso de elegir encerrarse en los fieles, se estaría corriendo el riesgo de pasar a la historia como la etapa de la inflación, la inseguridad y los ataques a todo aquel que no estuvo de acuerdo con acompañar a figuras desgastadas y cuestionadas como las de Moreno, Julio de Vido o Lázaro Báez, entre otros.
La etapa donde se perdió la oportunidad de dar el gran despegue económico para convertir a la Argentina en una potencia; como se pensó allá por los comienzo del siglo XX.
El resultado de las PASO podría repetirse en las generales de octubre. En todo caso, la historia la juzgará.