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Dinámica

LA DINÁMICA DEL DESEO

20 de mayo de 2016 - 17:53

Por Jacqueline Jones. La ilusión de satisfacción definitiva del deseo tiene en nuestras vidas una multiplicidad de sustituciones simbólicas.

El deseo insaciable por definición nos hace desplazar hacia diversos objetos que nos proporcionan los impulsos necesarios para la acción. El deseo, por definición, nos convierte en seres vivos.

Decimos que pasamos la vida buscando satisfacciones supuestamente alcanzables mediante la posesión de cosas que no tenemos.

La ansiedad y la tensión provocadas por una carencia reciente -un título profesional, o uno de posgrado, un mejor sueldo, una casa propia, un marido, un hijo- nos hacen sentir, pensar actuar.

La insatisfacción nos da el motor hacia adelante.

El deseo como referente simbólico de la falta, es lo que da origen al consumidor, es decir el sujeto de la demanda.

Se trata del sujeto que existe en razón de que demanda, que tiene una carencia, que tratará de neutralizar mediante el consumo. El deseo es el motor de la demanda y los negocios surgen de dicha fuerza.

Ese valor simbólico se traslada así al consumo y a toda la cadena de las transacciones económicas y de la oferta.

Es por eso que hoy, Henry Ford no podría decir: ¡yo vendo el auto que ustedes quieran, siempre que sea negro!

La ilusión de satisfacción total del deseo tiene actualmente como ejemplificación diversos actos.

El hombre sigue buscando sus alimentos, sus bebidas, su ropa, sus servicios, a través de shoppings, supermercados, compras por internet, entre otros; y también sus formas de pago: una de ellas por tarjetas de crédito, a través de las cuales se otorgan promociones de pagos y descuentos.

Ambos (centros de consumo y tarjetas) se constituyen en instrumentos indispensables para una mayor eficiencia en la actividad económica y satisfacción del cliente al retirar un producto de la góndola, aun cuando quede pasar por la caja; el ciclo se completó y se reinicia pasando de sector en sector y góndola por góndola.

Las compras online son otro ejemplo. Se trata de las mismas compras en shoppings aunque se satisfacen de otra manera.

Los accesos a la información fijan las nuevas reglas de juego, permiten al consumidor un ahorro de tiempo, buscar calidad, servicios, bajos precios, y celeridad.

La tarjeta de crédito, por su parte, permite evitar manejar dinero en efectivo, llevar una centralización de gastos y operar con financiación.

También podríamos agregar algunas conductas adicionales como la salida al shopping como paseo familiar o de amigas.

Sin embargo, desde el análisis del consumo ambos productos/servicios tienen la virtud de empoderar la satisfacción imaginaria del deseo. Forman parte de la posibilidad de tenerlo todo.

La necesidad de completar el carro del supermercado, el tocar y mirar los productos en la tiendas de los shoppings, el estar a un clic de nuestras elecciones por internet, es decir todas en su conjunto responden a la lógica del desplazamiento del deseo.

Del mismo modo sucede con el plástico, que permite entrar siempre en un nuevo negocio persiguiendo el deseo en un permanente y múltiple recorrido notando o no la casi restricción económica que opera como contrapartida de esa persecución simbólica interminable.

Lic.Jacqueline Jones

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - www.jacquelinejones.com.ar 

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