La Argentina está entre los países que más tiempo dedica a las redes sociales: promedia las 4,3 horas por día, según datos del estudio "We are social" del Global Web Index.
Además, cerca del 60% de la población tiene cuentas activas en las principales comunidades online, es decir, unas 25 millones de personas. De ahí que el 95% de las empresas tenga presencia en ese canal, según el informe "Redes sociales, el detrás de escena" de la Asociación Argentina de Marketing (AAM) realizado entre 164 compañías locales.
Sin embargo, estar no supone ocuparse: seis de cada 10 empresas no tienen un community manager (CM) interno full time.
Es decir, tras casi una década desde su aparición en el mundo corporativo, la posición no logra asentarse ni mucho menos escalar en jerarquía y nivel de reporte. El CM es una pelota que se pasan las áreas de Marketing y Comunicación Institucional, y que muchas veces termina en manos de terceros externos a la firma.
Así, mientras los especialistas no se animan a augurar la desaparición total de un puesto que debería ser considerado clave (por ser la cara de la empresa ante millones de consumidores actuales o potenciales), sí hablan de una transformación camaleónica permanente. Es decir, el community manager no despega.
"El CM agoniza y se reconvierte constantemente, porque en Internet el cambio es permanente", explica Matías Ghidini, gerente general de Ghidini Rodil. ¿Y de cara al futuro? "No se sabe hacia dónde ni cómo crecerá el puesto", dice Damián Di Masso, senior manager de PageGroup.
Es que, en algún punto, siguen siendo "los chicos de las redes", rápidos, versátiles y jóvenes; nativos en el uso de Internet e informales.
"No importa cómo vengan vestidos. Pueden estar en bermudas y hacer un gran posteo", dice Pablo Fuentes, director de la agencia de comunicación One Love.
Pero algunos especialistas coinciden en que sus currículums (y perfiles) no están a la altura de la gran responsabilidad de su tarea: gestionar redes y comunidades virtuales de las empresas líderes del país.