Los emprendedores argentinos deben superar una infinidad de obstáculos para crear un negocio rentable que perdure en el tiempo.
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SUSCRIBITEUna especialista en la materia se refirió al rol clave que tiene la lengua en el mundo de los negocios y la tecnología.
Los emprendedores argentinos deben superar una infinidad de obstáculos para crear un negocio rentable que perdure en el tiempo.
Esa tarea se complica aún más cuando llega el momento de llevar la marca a tierras foráneas.
Muchos trabajadores independientes y PyMEs están exportando actualmente servicios al exterior cuando tiempo atrás parecía muy difícil.
Para ser parte de las redes de networking y aumentar el flujo comercial, dominar el idioma inglés es fundamental.
En una entrevista con Somos Pymes, Delfina Gallo, especialista en certificación internacional, explicó qué cosas soluciona saber hablarlo, algo que no puede hacer la Inteligencia Artificial.
La rosarina fundó a los 26 años su propia academia de inglés virtual, y hoy es seguida por miles de profesionales en redes sociales para aprender la lengua de una forma innovadora y aprobar los desafiantes exámenes internacionales de Cambridge.
"El inglés se volvió imprescindible porque es la lengua franca de los negocios y la tecnología", afirmó la experta en el comienzo de la charla.
"Hoy, cualquier emprendedor que busque escalar su proyecto, ofrecer servicios en el exterior o simplemente estar al tanto de lo que pasa en su industria, necesita poder comunicarse, negociar y generar vínculos en inglés. No se trata solo de hablar un idioma, sino de abrirse a nuevas oportunidades", argumentó.
"Además, muchos de los recursos clave para emprender: cursos, eventos, contenidos especializados, mentorías, están disponibles principalmente en inglés", señaló.
Y aclaró: "Dominarlo permite a los emprendedores argentinos posicionarse mejor, aprender más rápido y conectar con un ecosistema global que no tiene fronteras".
¿Qué pasa con quienes dependen de intermediarios o traducciones? "La diferencia es enorme. Un emprendedor que maneja el inglés con fluidez puede tomar decisiones más rápidas, acceder directamente a información clave, negociar sin intermediarios y generar relaciones de confianza con socios o clientes internacionales", opinó.
"Tiene autonomía, seguridad y una presencia más sólida en entornos globales", exclamó Gallo.
"En cambio, quien depende de traducciones o intermediarios muchas veces pierde matices, oportunidades y tiempo", mencionó.
Y aseveró: "Esa dependencia puede limitar su crecimiento, su capacidad de adaptación y su credibilidad. En un mundo que valora la inmediatez y la autenticidad, poder comunicarte directamente marca la diferencia".
Gallo comenzó a estudiar el idioma desde los 6 años de edad. Eventualmente rindió los exámenes de Cambridge de más alto nivel (B2 First, C1 Advanced y C2 Proficiency).
En base a su experiencia, la emprendedora comentó: "El impacto positivo de saber inglés se ve con fuerza en sectores como tecnología, ingeniería, servicios profesionales, marketing digital y diseño, donde la proyección internacional es casi una condición para crecer".
"En estos rubros, dominar el inglés permite trabajar con clientes globales, participar en proyectos colaborativos, acceder a certificaciones y estar al día con investigaciones y desarrollos que marcan el rumbo de la industria", ejemplificó.
"En particular, en el campo de la ingeniería y la tecnología, el inglés es fundamental: la mayoría de la bibliografía técnica, los softwares especializados, las normativas internacionales y hasta los congresos del sector están en este idioma", describió la experta.
Y resaltó: "Quien lo maneja con fluidez tiene una ventaja competitiva clara, tanto en el ámbito académico como en el profesional.
Según Gallo, "los emprendedores que aprenden inglés con éxito comparten una mentalidad muy clara: ven el idioma como una inversión estratégica, no como una obligación académica. Tienen un propósito definido, saben que aprender inglés les abre puertas concretas y se comprometen con ese objetivo a largo plazo".
"Además, cultivan hábitos que marcan la diferencia: constancia, curiosidad, flexibilidad y una gran disposición a equivocarse y seguir adelante. No buscan perfección inmediata, sino progreso real", precisó Delfina.
"Entienden que aprender un idioma es parte del crecimiento personal y profesional, y lo integran naturalmente a su rutina diaria", completó.
En diálogo con Somos Pymes, Gallo admitió que "una de las creencias limitantes más comunes es pensar 'ya es tarde para mí' o 'no tengo oído para el inglés'".
"Muchos emprendedores también creen que necesitan un nivel perfecto para empezar a usar el idioma, cuando en realidad lo más importante es animarse a comunicar, incluso con errores. Esa búsqueda de perfección suele frenar más que ayudar", aconsejó la protagonista de la historia.
"Estas creencias se pueden revertir trabajando con objetivos concretos, estrategias personalizadas y experiencias positivas de aprendizaje. Cuando el idioma se adapta a su realidad profesional y se convierte en una herramienta útil, todo cambia", remarcó.
"La clave está en reemplazar el miedo por acción y entender que aprender inglés no es un fin en sí mismo, sino un medio para crecer", afirmó.
La recomendación para cada emprendedor: "Le diría que nunca es tarde si el inglés puede acercarlo a lo que realmente quiere", dijo al respecto.
"Aprender un idioma no es cuestión de edad ni de tiempo libre, sino de enfoque y propósito. No hace falta estudiar mil horas por día ni alcanzar la perfección: con una estrategia clara, práctica constante y acompañamiento adecuado, cualquier emprendedor puede avanzar, incluso con una agenda exigente", sentenció Delfina.
"Además, el inglés no se aprende 'fuera' de la vida, sino dentro de ella: aplicándolo a su negocio, a sus intereses y a sus desafíos reales", especificó.
"Cuanto más conectado esté el idioma con su día a día, más natural y posible se vuelve. El primer paso no es saber más inglés, sino decidir que se puede", concluyó.