“El rendimiento del maíz en nuestro país está entre el 40% y el 60% de su potencial. Para ponerlo en números claros: el promedio ronda las 7 toneladas por hectárea, mientras que el potencial alcanzable estimado es de 14,5 toneladas", indicó el Dr. Fernando Aramburu Merlos, investigador del INTA y del Instituto de Innovación para la Producción Agropecuaria y el Desarrollo Sostenible de Balcarce (IPADS).
Y remarcó "Estamos, básicamente, a la mitad de lo que el ambiente podría darnos”.
Lo hizo en el panel “Productividad, Rendimientos y Brechas”, en el marco del último Congreso MAIZAR 2026, que compartió con el Ing. Agr. José Micheloud, director comercial de Plexagro e integrante de I&D de AACREA; el Ing. Agr. Andrés Madias, gerente del programa Sistema Chacras Aapresid y que contó con la moderación de la Ing. Agr. María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar AC.
La brecha productiva en maíz
Según el especialista, alcanzar entre un 70-80% de ese potencial es un buen objetivo y destacó que entender cada lote resulta clave para definir dosis de nutrientes y densidad de plantas.
“¿Cómo cerrar la brecha? El factor con mayor respuesta es el nitrógeno, especialmente en maíces tempranos. En el caso del tardío, el retraso en la fecha de siembra afecta significativamente el rendimiento. También hay una correlación con la densidad de plantas, aunque es un dato más complejo de analizar fuera de un ensayo controlado”, explicó Aramburu Merlos.
En el mismo hilo, subrayó la importancia económica de este desafío: “Los datos son contundentes: existe una correlación muy fuerte entre rendimiento y margen bruto. Ahorrar costos no mueve tanto la aguja de la rentabilidad como sí lo hace obtener más kilos".
"A medida que aumentamos el rendimiento, diluimos los costos fijos y el margen aumenta de manera significativa. Por eso, el rendimiento es, sin dudas, el principal factor que define el negocio”, completó.
Respecto del corrimiento de la frontera agrícola en maíz, indicó que “al analizar los datos precisamos que, incluso en la zona núcleo, los rendimientos han alcanzado una meseta. Lo interesante es que este techo se observa tanto en años Niño como Niña. Esto es, aunque los techos son distintos según el clima, el estancamiento está presente en ambos escenarios”.
Por su parte, José Micheloud presentó los resultados del Proyecto Brechas, que analiza datos de 28.000 lotes de producción y propuso un enfoque pragmático.
“Pongamos la zanahoria un poco más cerca. Vamos en búsqueda de un rendimiento mayor al actual pero alcanzable”, aseveró y los definió como un nivel de alta eficiencia en el uso de insumos.
Productividad de los cultivos
En el análisis de CREA, las brechas en maíz oscilan entre el 8% y el 20% (dependiendo de la región).
Micheloud identificó tres palancas fundamentales para acortar estas distancias: “La genética, los manejos de la densidad y la nutrición son las principales variables que inciden en esta dinámica”.
No obstante, advirtió sobre el deterioro de los suelos cuando señaló que “al agregar más tecnología, muchas veces lo que estamos haciendo es enmascarar ese deterioro”.
Andrés Madias coincidió en que la base de la productividad es el sistema. “Es muy difícil pensar en explorar los rendimientos máximos alcanzables con una condición de deterioro de suelo”, sentenció.
El trabajo de Aapresid, justamente, se enfoca en la salud del suelo a través de la intensificación y diversificación de rotaciones para mantenerlo vivo y activo la mayor parte del tiempo posible.
En tal sentido, destacó que no solo se trata de insumos, sino de la aplicación de tecnologías de proceso.
En otro tramo de la exposición, mencionó el manejo del tránsito en los lotes para evitar la compactación y el uso de cultivos de servicio e intersiembras para aportar más carbono y raíces al sistema.
“Estamos seguros de que hay que levantar los niveles de salud de suelo para explorar esos niveles potenciales”, aseguró.
Para cerrar el bloque, María Fernanda González Sanjuan reforzó la idea de que la eficiencia productiva es el camino hacia la sostenibilidad económica del productor.
“El cierre de brechas no es sinónimo de perder rentabilidad, sino que, al contrario, lo que mejor explica el margen bruto es el rendimiento”, sostuvo y enfatizó que, aunque existan campañas con buena humedad, no se deben descuidar las estrategias de manejo.
“Probablemente, por más que muchas veces quedemos contentos con los rendimientos de la campaña pasada porque hubo humedad, tenemos para trabajar el tema brechas. ¿Por qué? Porque siempre algo nos perdimos en el camino”, advirtió.
Finalmente, instó a los productores a utilizar herramientas como el buen diagnóstico, la nutrición balanceada, las rotaciones y el riego para maximizar sus resultados.