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Cambio de paradigma

Empleo clandestino: Un reto urgente a enfrentar en la era digital

Las causas estructurales de la informalidad, sus consecuencias económicas y sociales, y las estrategias necesarias para impulsar la formalización laboral.

Por Juan Pablo Chiesa 18 de febrero de 2025 - 12:36

Millones trabajan en las sombras, diría en la oscuridad, en un laberinto de ilegalidad y silencios cómplices.

El empleo en negro de Argentina no sólo es un número o una fría estadística, es una herida abierta en el tejido social y en el mercado del trabajo que no crece hace 20 años.

Es la historia de los invisibles que construyen el país sin protección, sin futuro. La verdad duele, y esta es cruda.

Un reto urgente a enfrentar

El empleo no registrado, también conocido como trabajo informal, es un fenómeno que persiste en muchas economías, incluida la nuestra, y que requiere atención inmediata y acciones concretas por parte de los gobiernos, nacionales y provinciales.

Esta problemática no solo afecta a los trabajadores, (dependientes y empleadores) que se ven privados de derechos y beneficios básicos, sino que también debilita el tejido económico del país y el mercado laboral.

El empleo no registrado deja a los trabajadores en una situación de vulnerabilidad.

Sin relación de dependencia formal, carecen de acceso a seguridad social, jubilaciones, cobertura de salud adecuada, y protecciones laborales básicas como las licencias por enfermedad o las vacaciones pagadas.

Esta informalidad laboral socava el bienestar de más de 10 millones de argentinos, perpetuando ciclos de pobreza y exclusión social.

El empleador también se ve afectado desde el punto de vista de su vulnerabilidad, relacionado con la escasa seguridad jurídica y el alto costo a la hora de contratar dependientes.

Los organismos descentralizados del Estado (ARCA) son quienes deben sacar el pie sobre la cabeza de los únicos que generan empleo genuino: los empleadores.

Las consecuencias del empleo clandestino

Para la economía, el trabajo informal representa una pérdida significativa de ingresos fiscales.

Sin impuestos y contribuciones recaudadas de estos empleos, se reduce la capacidad del estado para financiar servicios públicos críticos, desde infraestructura hasta educación y salud.

Además, una fuerza laboral sin protección adecuada es menos productiva y más propensa a experimentar inestabilidad económica.

El Gobierno tiene la responsabilidad de crear un entorno regulatorio, un marco que incentive a las empresas a formalizar sus empleos.

Mas allá de la necesidad de una reforma laboral, acá hablamos de una reforma tributaria. Esto podría incluir reducciones impositivas, beneficios por formalización, y un endurecimiento en la fiscalización y sanciones por incumplimiento.

Por su parte, los empleadores serían tentados a la contratación de empleo genuino, no siendo ya el costo laboral lo que los abruma día a día. Esto se transformaría en una inversión en la estabilidad y potencial de crecimiento a largo plazo.

Es crucial elevar la conciencia pública sobre los derechos laborales, de ambas partes (empleador y dependiente) y fomentar una cultura de cumplimiento y obligaciones.

Esto comienza por la educación, asegurando que los individuos conozcan sus derechos, emprendan, se capaciten y sepan las ventajas provenientes de la formalización, no sólo para ellos mismos, sino para la sociedad en su conjunto y el trabajo del futuro.

La llegada de la era digital

El empleo no registrado es una trampa para el crecimiento sostenible y el desarrollo humano.

A través de políticas públicas de empleo efectivas, y una ciudadanía informada, instruida y idónea en el futuro del trabajo podemos comenzar a revertir esta tendencia.

Es hora de que todos reconozcamos que cada día trabajado sin registro es un paso atrás en nuestra lucha por un futuro más competitivo y próspero.

La paradoja es cruel, el mismo sistema que genera la precariedad, la Inteligencia Artificial podría ser la llave para resolverla.

Una gestión inteligente de datos, la automatización de procesos de contratación y la vigilancia del cumplimiento normativo a través de algoritmos podrían trasparentar el mercado laboral y erradicar las sombras del empleo en negro.

El desafío está en diseñar sistema de IA éticos y equitativos, que no se repliquen las desigualdades existentes, sino que las corrijan.

El futuro del trabajo, incluido el informal, podría ser digital, pero debe ser justo.

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