Por Sergio Candelo. Argentina tiene gas a US$ 2 el millón de BTU. Tiene litio, cobre, oro. Tiene la segunda reserva de shale gas del mundo. Tiene 30 millones de hectáreas productivas, agua dulce, sol, viento.
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Argentina que tiene todo menos lo obvio: un norte fijo
Las oportunidades de crecimiento del país relacionadas a la energía y el desarrollo de la IA. ¿Cómo aprovechar el momento?
Tiene una base industrial que supo fabricar desde autos hasta satélites. Y tiene una generación de ingenieros, desarrolladores y técnicos que compite con cualquiera.
Con todo eso, debería ser sencillo. No lo es.
El subsuelo se puso en marcha. Fértil Pampa invierte US$ 2.400 millones para producir urea en Bahía Blanca y dejar de importar fertilizantes.
Vaca Muerta necesita 7 millones de toneladas de arena por año y no tiene cómo moverlas sin colapsar las rutas.
Corrientes arranca un polo foresto-industrial. Catamarca, San Juan y Mendoza entran en un ciclo minero de escala histórica.
La energía barata posiciona al país como destino natural para datacenters de Inteligencia Artificial.
Son solo algunos ejemplos. La lista es mucho más larga.
Todo esto es real. Está pasando. Y todo demanda lo mismo: logística, infraestructura, metalmecánica, vivienda, formación, servicios. Si se activa junto, es un cambio de era.
Los recursos no aparecen donde se los necesita por arte de magia
El desarrollo está llamando desde Neuquén, Corrientes, San Juan, la Patagonia. Pero la gente, la industria y los servicios siguen concentrados en un radio de 50 kilómetros alrededor de Buenos Aires.
Un tercio del país apilado en el conurbano, y 2,8 millones de kilómetros cuadrados semivacíos.
Esa distribución no se corrige sola. Hay que pensar en serio cómo redistribuir la población, las industrias, la vida misma a lo largo de un país enorme y hermoso que tiene lugar de sobra.
Miremos Añelo: creció cinco veces en una década. Llegaron los sueldos, pero no las escuelas, ni los hospitales, ni las cloacas. Déficit habitacional del 60%. Eso no es desarrollo, es crecimiento sin dirección. Y sin dirección, el éxito es pura casualidad.
Organizar esto requiere mirar el tablero completo. Qué se va a necesitar, dónde, cuándo, y qué recursos hay que mover para que lleguen. Eso no lo hace el mercado solo.
Tampoco lo hace un Estado burocrático lleno de prebendas. Lo hace un Estado que organiza, que habilita, que mueve las piezas para que el sector privado ejecute.
Y además hay que resolver el costo argentino, que es mucho más permanente que solo devaluar.
Impuesto al cheque, Ingresos Brutos en cascada, sellos, retenciones, tasas municipales encubiertas, logística atada al camión, regulaciones infinitas, costos laborales sin correlato regional, comisiones de medios de pago, leyes que no se cumplen y una justicia que tarda años.
No hace falta inventar nada. Hace falta sacar lo que sobra.
¿Estamos de acuerdo con este país?
Si la respuesta es sí, entonces ese es el rumbo. Independientemente de quién gobierne. Basta de péndulo. Ya lo probamos durante 70 años y no funcionó.
No es un programa de un partido. Es una dirección de país. Y sostenerla no es tarea de un gobierno: es obligación de todos los que vivimos acá.
Pero no alcanza con estar de acuerdo en silencio. Hace falta más coraje.
Involucrarse activamente. Los que saben de energía, de tecnología, de logística, de finanzas, tienen que dejar de mirar desde afuera cómo otros toman decisiones que no entienden. Ya vimos esa película. Muchas veces.
El subsuelo nos dio otra oportunidad. Ahora nos toca a nosotros definir si este norte se sostiene los próximos 50 años o se resetea en cuatro.
El riesgo ya no es que falten recursos. Es que sobre indiferencia.
Sergio Candelo, ex-Economista, co-fundador de Snoop Consulting y ejecutivo del Sector Tecnológico.
Fue Presidente de la Cámara de Software (CESSI) y del Project Management Institute (PMI) Chapter Buenos Aires.
Para más información: www.snoopconsulting.com