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Futuro

Al algoritmo lo entrenás vos

De la receta de cocina al código que moldea nuestra atención.

24 de julio de 2026 - 12:55

Por Sergio Candelo. "El algoritmo" se volvió la excusa universal. Le echamos la culpa de la polarización política, de la adicción al teléfono, de la furia en las redes y hasta del video de Messi que nos aparece a las tres de la mañana.

Se lo suele tratar como si fuera una entidad oculta, un titiritero invisible. Pero para entender su impacto real, conviene desarmar la fantasía y volver a lo básico: ¿Qué es, técnicamente, un algoritmo?

Lógica pura: Cero ambigüedad

En informática, un algoritmo no es más que una secuencia finita, ordenada y precisa de instrucciones para resolver un problema o ejecutar una tarea.

Para cumplir su función, tiene tres reglas duras:

_Ser preciso: Sin admitir dobles interpretaciones.

_Ser determinado: Produciendo siempre la misma salida ante la misma entrada.

_Ser finito: Con un principio y un final, sin quedarse corriendo en un bucle eterno.

La diferencia entre cómo nos comunicamos las personas y cómo procesa una máquina se entiende fácil con la cocina.

Una instrucción humana es ambigua por naturaleza: "Ponga una pizca de sal, bata los huevos un rato y hornee a fuego medio hasta que esté listo".

Una persona entiende el contexto. Una computadora no tiene forma de procesarlo: ¿Cuánto es una "pizca"?, ¿Cuántos segundos son "un rato"?, ¿Qué temperatura exacta implica "fuego medio"?

Una instrucción algorítmica, en cambio, es inequívoca:

1. Tome 2 huevos.

2. Agregue 5 gramos de sal.

3. Bata a velocidad constante durante 180 segundos.

4. Caliente el horno a 180°C.

5. Hornee durante exactamente 30 minutos.

Las computadoras son veloces, pero estrictamente literales: no tienen sentido común, intuición ni contexto. Solo ejecutan órdenes, paso a paso.

El verdadero truco: La orden del programador

Si un algoritmo es solo una receta ciega, lo que lo convierte en herramienta de manipulación no es el código: es la orden exacta que le dieron sus programadores.

Las plataformas no programaron sus sistemas para "hacer feliz al usuario" ni para "informar a la sociedad".

Le asignaron un objetivo matemático cuantificable: maximizar el tiempo de permanencia y la interacción.

El programa no entiende qué es el odio, la política o la empatía; mide variables.

Y tras procesar miles de millones de datos, el sistema quedó optimizado para los estímulos psicológicos que generan respuestas inmediatas en las personas: el programador define la orden, el algoritmo explota el sesgo, el usuario reacciona.

Los tres botones que presiona el código

El código condiciona la conducta aprovechando tres mecanismos humanos:

_La regla del conflicto: Reaccionamos más rápido ante la indignación o la amenaza que ante la calma. Si una publicación genera peleas y cientos de comentarios, el sistema la distribuirá masivamente porque cumple su meta de generar actividad.

_La recompensa variable: El cerebro libera dopamina ante lo impredecible. Por eso las notificaciones no llegan de golpe, sino dosificadas para generar expectativa.

_La cámara de eco: Para evitar que salgamos de la aplicación, el sistema nos muestra contenido que confirma lo que pensamos y filtra lo que nos discute.

Matemática sin moral

El código no tiene intenciones. No hay una persona en una oficina decidiendo promover el conflicto.

El mecanismo es más simple y frío: matemática optimizando una métrica.

Si hacer que alguien discuta con un desconocido lo mantiene diez minutos más conectado, el sistema lo hace: no es maldad, es eficiencia.

Suele aplicarse en informática el principio "Trash in, trash out" (si entra basura, sale basura). Con los feeds digitales pasa lo mismo: el sistema no registra lo que decimos que nos gusta, sino lo que hacemos.

Quedarse tres minutos leyendo comentarios en una discusión es, para el código, un dato inequívoco: "A este usuario le interesa este contenido, enviarle más".

Si querés que el sistema te muestre otra cosa -lo que sea que te importe a vos-, tenés que premiarla con el mismo tiempo de lectura e interacción directa que le das a la pelea.

El único eslabón que depende de vos

Se suele tratar al "algoritmo" como un fenómeno meteorológico frente al cual no hay nada que hacer.

La cadena, en cambio, tiene tres partes:

1. Los creadores que fijan las reglas comerciales.

2. El código que las ejecuta al pie de la letra.

3. Las personas que lo alimentamos a diario con nuestra atención.

Ese tercer eslabón es el único que depende de nosotros.

Cada minuto que le dedicamos a una pelea es un dato que le enseña al sistema a mostrarnos más peleas; cada minuto que le dedicamos a lo que en serio nos importa es un dato que le enseña a mostrarnos eso.

Te guste o no, al algoritmo lo entrenás vos. Así que dejá de quejarte. Actuá.

Sergio Candelo, ex-Economista, co-fundador de Snoop Consulting y ejecutivo del Sector Tecnológico.

Fue Presidente de la Cámara de Software (CESSI) y del Project Management Institute (PMI) Chapter Buenos Aires.

Para más información: www.snoopconsulting.com

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