Por Guso Saint Martin. ¿Cómo distinguir la visión de futuro de la ? ¿Qué impacto tiene una y otra en tu gestión? En una primera y grosera división de aguas, podemos decir que la ilusión, es una mirada del futuro sin fundamento.
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¿Qué clase de emprendedor sos: visionario o iluso?
Los ilusos esperan un futuro mejor, pero no hacen nada para gestarlo.
La mirada visionaria, no es la que adivina una tendencia, ni se ilumina con descubrir un destino trascendental. La visión de futuro es una simple mirada sobre un futuro posible. Y remarco, posible.
Condiciones necesarias
Ser una persona de negocios con una mirada visionaria no significa tener una bola de cristal en la que adivinar qué va a pasar, qué va a vivir en el futuro, qué va a estar pasando con su negocio.
La visión de futuro es un futuro posible de quien lo ve, que declara que lo quiere vivir y se compromete con hacer que pase, se compromete con el aprendizaje pertinente para gestarlo y se entrega a la ruta de la gestión del cambio.
El sustento está basado en acciones coherentes con ese norte.
Entonces la diferencia entre una mirada y la otra es el sustento, la coherencia y la acción.
Los negocios son acción. Sin acción, la visión es un sueño, una fantasía, un regodeo intelectual que solo ocurre en la cabeza.
Sin acción es creer que la magia o un milagro nos colocará en el futuro soñado.
Como cuando en las películas aparece una placa que dice: “Un año después” y nos muestran los resultados de ese paso del tiempo.
Los ilusos esperan dar vuelta a la esquina y toparse de lleno con alguien que los descubra, que los señale, que los ilumine, que los saque del lugar no deseado en el que están.
Los ilusos son víctimas de su propia ilusión. Analicemos los componentes de la visión y los peligros de la ilusión.
Los componentes de la visión:
1) Ver un futuro posible.
2) Declarar que vas a gestarlo.
3) Acción y compromiso.
4) Quiebre y aprendizaje.
5) Nuevos hábitos.
Pensar el futuro, ver el futuro, reflexionar el futuro, verlo y sentirlo posible son los primeros pasos para diseñar el futuro de un negocio. No importa la escala del mismo.
Declararlo que lo querés gestar es sacarlo del plano intelectual para ponerlo sobre la mesa.
El compromiso, en el contexto de la gestación, del diseño de futuro es un acto creativo, es gestar algo que no existe.
La acción es donde ocurre la transformación, como decía antes, sin la acción la visión es un sueño, pero también tengamos en cuenta que la acción, si un sueño es la deriva. E ir a la deriva es poner todo el capital que es tu negocio en un barco sin rumbo, dejarse llevar hacia la nada.
En el quiebre es todo lo que se interpone en entre ese futuro y nosotros, lo que nos quita acción y nos aleja del nuestro norte.
Entonces, cada vez, que nos estancamos, que nos paralizamos, que algo nos sale mal, que retrocedemos, que nos fastidia, eso es un quiebre en nuestro camino. Y entonces, la única salida es el aprendizaje. Porque nuestra gestión se nutre de piedras que obstaculizan la acción.
Cada vez que superamos un obstáculo, avanzamos, pero también incorporamos o podemos incorporar un aprendizaje basado en un nuevo hábito.
Sin los nuevos hábitos, haremos más de lo mismo y hacer más de lo mismo nos llevará al mismo lugar, como el perro que se quiere morder la cola, estaremos llevando más pasado al futuro, entonces la frustración se apoderará de nuestra gestión y el cambio quedará trunco.
Las trampas en que hacen caer en la ilusión:
1) La ilusión de controlar.
2) La ilusión que el talento alcanza para triunfar.
3) La ilusión de ser experto te hace saber todo.
4) La ilusión de una identidad que no es.
5) La ilusión de dialogar.
Querer controlar a las personas de tu equipo, a las acciones y a los resultados, es una droga de alto poder de adicción y degradación.
La necesidad de control nunca tiene límite, siempre se quiere más y más.
El control no es más que una falacia en la que caen muchas personas a la hora de hacer negocios, de formar equipos de trabajo.
Es simple, no vamos más que detrás de la ilusión del control. Porque no es posible controlar los resultados, tampoco los procesos de un ecosistema productivo, son tantas las variables del mismo y muchas ocurren en nuestro espacio de ceguera y en el de la cultura de la empresa.
Entonces, si desconocemos la totalidad de las variables, cómo vamos a controlar, lo que hacemos en los fallidos intentos de control no es más que intervenir en sistemas y subsistemas que desconocemos.
¿Y si los desconocemos cómo haremos para controlar un resultado? imposible. Una pérdida de tiempo y por ende, una pérdida de dinero. Un desgaste inmenso en la gestión.
La clave del éxito
El talento hace una diferencia en los negocios, desde ya, pero no alcanza, por una simple razón: poseer talento para una disciplina no nos convierte en emprendedores exitosos.
Si tu talento está en el diseño, programación, cocina, electrónica, jardinería o lo que fuera, no se traslada a otros dominios del negocio.
Es más: no alcanza con tener un team repletos de diferentes talentos, porque si no forman un equipo de alta performance no tendremos más que un descoordinado equipo de gente talentosa que hace aguas en la coordinación de acciones, por ejemplo.
Poseer un talento para una disciplina no te transforma en un buen líder. Entonces, la diferencia la hace el aprendizaje individual y colectivo.
Saber mucho, es otra de las trampas peligrosas cuando eso te para en un pedestal de petulancia egocéntrica. Cerrar las puertas al aprendizaje es lo mismo que tirarte de cabeza en un acantilado.
El saber actual te trajo hasta el presente, pero para ir por nuevos desafíos, son necesarios nuevos aprendizajes.
Muchos liderazgos se construyen sobre una propia idea de una identidad que creen transmitir, pero que no tiene coherencia con la mirada externa, esto te transforma en un meme de tik tok, “lo que yo me creo y lo que los otros ven de mí”.
Para romper esta dicotomía, es preciso el diálogo. Pero, para que el diálogo constructivo exista, debemos renunciar a la necesidad de tener razón, de escuchar para rebatir lo que dice el otro.
El verdadero diálogo es cuando la diversidad se usa para nutrir el tema que se está hablando y nos damos cuenta que esto ocurre, porque nos permite ir a nuevos niveles de pensamiento colectivo, individual, porque como dijo Albert Einstein: “ningún problema puede ser solucionado en el mismo nivel de pensamiento en el que fue creado”.
Guso Saint Martin es consultor organizacional PYME en gestión del cambio y coaching ontológico. Lanzó el ebook “Monsters in the Company”