De acuerdo a un sondeo de Reuters, el real brasileño y el dólar australiano son las divisas más vulnerables del mundo emergente y desarrollado ante la eventualidad de que la Reserva Federal desacelere el ritmo de sus estímulos monetarios.
Para continuar, suscribite a Somos Pymes. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEDe acuerdo a un sondeo de Reuters, el real brasileño y el dólar australiano son las divisas más vulnerables del mundo emergente y desarrollado ante la eventualidad de que la Reserva Federal desacelere el ritmo de sus estímulos monetarios.
El relevamiento profundiza que ambas monedas, las cuales durante la última década se beneficiaron de un sostenido aumento en el precio de materias primas como el mineral de hierro y la soja, seguirían volátiles tras haber perdido casi un 13 por ciento de su valor en poco más de tres meses.
Catorce de los 24 analistas consultados por Reuters en los mercados cambiariso del mundo describieron al real como una de las monedas de los países emergentes más expuestas a los cambios en la política monetaria de Estados Unidos.
Entre las divisas de los mercados desarrollados, el dólar australiano fue caratulado como vulnerable por 11 de los 27 estrategas consultados. Los analistas podían mencionar más de un país.
Australia -al igual que Japón- se beneficiaría por una depreciación de su moneda que abarataría sus bienes domésticos en dólares, algo que ayudaría a impulsar las exportaciones, según los analistas.
Los primeros indicios, en mayo, de que la Fed estaba preparándose para reducir su plan de estímulos mediante la compra de bonos golpearon los mercados financieros y fortalecieron el dólar.
Esa política, minimizaría los esfuerzos de Brasil para domar la creciente inflación e impulsándolo a vender más de 30.000 millones de dólares en derivados, casi un récord histórico.
Las fluctuaciones del real brasileño en anteriores fases de volatilidad del mercado y sus fuertes ganancias durante la última década son algunas de las razones por las cuales es ahora visto como una apuesta riesgosa o, en la jerga del mercado, un "beta alto".
Según los analistas, la desaceleración económica decepcionó a los inversores, que hasta el 2010 veían a Brasil como una de las economías de más rápido crecimiento del mundo.
La balanza comercial del gigante sudamericano también empeoró, a medida que disminuía el apetito de China por los metales y granos brasileños.
Y por último, las agresivas medidas de la presidenta Dilma Rousseff para estimular la economía fueron percibidas como una excesiva interferencia en el sector privado, lo que inhibió el apetito de los inversores extranjeros por las acciones y la deuda local.
"El real se ha debilitado porque el dólar se fortaleció, pero también porque Brasil empeoró", señaló al respecto André Perfeito, economista jefe de Gradual Investimentos en São Paulo.