Edición Nº: | | Dolar: 58,07 / 63,07

Construyó un negocio vendiendo gorras centradas en la ecología

La cruzada a favor del medio ambiente no es sólo una gesta de Greta Thunberg. Cada vez más emprendedores se suman a la ola verde, con acciones que van desde reducir el consumo de energía y reutilizar residuos, hasta donar a fundaciones ecologistas.

Pero no tantos son los que ganan dinero publicitando un fin ambientalista, y Tomás Mejía es uno de ellos. Así nació Trown Gorras, una empresa que, por cada gorra vendida, planta un árbol autóctono en algún parque del sur argentino.

Para Mejía no se trata sólo de cuidar al medio ambiente, sino de que la empresa sustentable también genere ganancias. Por eso, dentro del valor de la gorra está contemplado el del árbol.

"Antes de lanzar el producto, tuvimos que considerar los costos de la planta. No es que hago el producto y después veo si puedo ayudar", razona. Para el emprendedor, el propósito ecológico tiene que surgir desde el inicio del proyecto y acompañar su desarrollo.

"El producto está a un precio razonable y genera un impacto positivo en el medio ambiente", cuenta Mejía, quien junto a Emiliano Caroprese invirtió US$ 90.000 para fundar la empresa.

Si bien el proyecto lleva más de un año, recién hace dos meses lanzaron a la venta sus primeras gorras. Las expectativas son grandes, durante el primer mes vendieron 1000 y esperan crecer mensualmente en un 20%. Cada gorra cuesta $1300.

Mejía tiene 30 años, es oriundo de Bariloche y además de emprendedor es actor y deportista. Practica esquí, buceo, surf y escalada, e inclusive trabajó durante 10 temporadas como instructor de esquí en Aspen. Las gorras son su segundo emprendimiento sustentable.

NOTAS RELACIONADAS:

El 47% de los jóvenes aspira a tener un negocio propio

La historia de la diseñadora coya que viajó 1600 km para contar su experiencia

Antes, había fundado Kanawa Juices, una marca de jugos frutales. Pero hace un año la vendió para dedicarse enteramente a su nuevo desafío: quiere reforestar los bosques degradados de la Argentina.

La idea se le ocurrió, porque estaba aburrido de que las remeras que dicen "Toy triste. No toy, me fui a Bariloche" fueran el único recuerdo posible que los turistas se llevaran de su ciudad.

"Era eso, una gorrita con un corazón o remeras de algodón que se achican al primer lavado", dice. Para el joven no había merchandising copado ni nada que identificara a la Patagonia.

Entonces decidió unir sus dos pasiones, la montaña y los deportes extremos, e innovar en un accesorio que cumpliera un triple rol. Quería que el producto tuviera calidad y estilo, que fuera propositivo y que a la vez fomentara el cuidado del planeta. "El motivo es medioambiental, y, además, el producto está bueno. Esto genera un impacto fuerte en el consumidor".

Mejía define al sistema como "círculo virtuoso entre el producto y el propósito". Por un lado está quien compran para ayudar y por el otro quienes sólo buscan la gorra, pero a la vez ayudan.

La empresa tiene 50 diseños diferentes que están inspirados en parques nacionales, cerros y animales. "Pensamos en una marca relacionada a flora y fauna autóctona de nuestro país, y a los deportes", detalla Mejía.

Antes incluso de los incendios en el Amazonas, la problemática ya estaba dándole vueltas. De chico vio muchísimos incendios que consumían sus bosques.

"Eso me generaba una impotencia muy grande, porque más allá de la infraestructura, no se puede hacer nada", explica. Entonces se lo propuso, buscar la forma de plantar árboles y hacerlo dentro de un sistema sustentable.

"Soy un convencido de que cada uno tiene que descifrar para qué es bueno y juntarse con gente que ya encontró en qué es bueno". Él tardó un año en conocer ReforestArg, un programa desarrollado por la Asociación de Amigos de la Patagonia que busca la restauración ecológica del bosque andino arrasado por el fuego.

Pero no reforestan con cualquier variedad de flora. Sólo plantan árboles nativos y realiza esa tarea es un equipo capacitado en reforestación.

El lugar va cambiando, hace unos meses era el Parque los Alerces, ahora están reforestando en Cholila, Chubut. En la última misión, desde la ONG plantaron 4600 árboles, de los cuales 1000 fueron aportados por la empresa de gorras.

En la actualidad, además de la venta por internet, las gorras tienen presencia en locales exclusivos de The North Face, Rip Curl y Patagonia de Bariloche, Mendoza, La Angostura y San Martín de los Andes. En los próximos días arribarán a Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Ushuaia.

Para Mejía el momento actual es clave para visibilizar la necesidad de reforestación y acelerar su proceso. "Las empresas también pueden salvar al mundo", añade.

Fuente: Catalina Bontempo / lanacion.com.ar