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La vida los llevó a fabricar bolsas de dormir para los sin techo

Hace algunas semanas una ola de frío polar atravesó la provincia de Buenos Aires. Eso incentivó a Conrado May de 24 años, a dormir en el balcón.

Fue la noche del 10 de julio. Se puso un short, un buzo y se llevó la bolsa de dormir que había fabricado, una especie de sobre metalizado hecho de material aislante que selló con una pistola de calor.

A unos pocos metros estaba su cama, pero él quería estar en la piel de los que no tienen techo para ver si su invento funcionaba. Y así fue.

En los días que pasaron hasta hoy, Conrado y su equipo fabricaron más de 70 bolsas. El objetivo: salir a repartirlas entre las personas en situación de calle.

"Arranque hace un poco más de diez días. Lo empecé como un proyecto personal porque se me había ocurrido hacer bolsas de dormir con este material ya que mi viejo tiene una empresa de aislación para techos. Esto se llama espuma de polietileno, se usa para que no pase el frio o el calor", dice May.

Él creó Abrigo para un Amigo, se trata de un grupo de jóvenes que estudian y trabajan pero en sus ratos libres se juntan a fabricar bolsas de dormir que luego reparten entre gente en situación de calle.

El puntapié inicial fue la movida solidaria organizada por la Red Solidaria en el estadio de River Plate el 4 de julio pasado. El club, junto con la ONG, presidida por Juan Carr, había coordinado una campaña para recibir abrigo y alimentos para resguardar a las personas que duermen en la calle.

"A partir de eso me puse a pensar que yo tenía este material a mano y que podía hacer algo para ayudar a esa gente. Probé y salió esto. Al otro día ya tenía una amiga que se había sumado y empezamos a fabricar".

May recibe las bobinas de 20 metros de material y las cortan en cuatro planchas de cinco metros. Luego las doblan a la mitad y sellan los bordes con pistolas de calor. Así de simple. Cada bolsa les lleva 20 minutos y cuesta aproximadamente 200 pesos.

"Cualquiera se puede sumar y hacer una de estas bolsas. Es muy sencillo. Con las planchas y una pistola de calor de 1500 watts ya podes hacerlas".

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Hoy fabrican desde un taller que tiene su padre en San Isidro. El lugar está tomado por este proyecto solidario que ocupa casi todo el espacio con los rollos de material aislante. Este es uno de los grande limitantes que tienen. No hay más lugar para guardar el stock de material y eso les frena la producción.

Otro punto donde necesitan ayuda es en la logística para repartir las bolsas. Ellos solo cuentan con la camioneta de May, en la que caben 25 unidades.

"El taller está lleno. Si quisiéramos aumentar el volumen no podríamos porque no nos da el espacio. Tampoco sabría cómo repartirlas. En mi camioneta no entran muchas. A veces le pedimos a algún otro amigo que se las cargue en el auto, pero la logística es un tema".

No hay más lugar para guardar el stock de material y eso les frena la producción. Otro punto donde necesitan ayuda es en la logística para repartir las bolsas. Ellos solo cuentan con la camioneta de May, en la que caben 25 unidades.

Por el tipo de material con el que están hechas, las bolsas se convierten en un refugio que mantiene la temperatura del cuerpo. "La noche que dormí en el balcón, estuve muy bien protegido por estas bolsas. La verdad que del mentón para abajo estaba perfecto. El problema era la cara y el aire helado que respiraba. Pude dormir cuatro horas y luego entré a mi casa, súper agradecido de tener la suerte de poder dormir en una cama".

Él estudia psicología social, una carrera enfocada en facilitar herramientas que puedan generar cambios sociales planificados, es decir, consensuados en grupo.

"Los vemos pero no les damos bola. La gente sin techo es un sector invisibilizado de la sociedad. Por eso para mí fue una necesidad acercarme para ayudar. Cuando uno se acerca con algo para dar, rompe el hielo, rompe la barrera que está implícita entre los transeúntes y la gente que duerme en la calle. Yo me he quedado horas hablando con ellos y tuve charlas muy profundas, incluso nos recomendamos libros para leer".

El resto del equipo está formado por Agustina Gurmendi, que estudia psicología y trabaja en un colegio de la zona norte. Nicolás Sorabilla, abogado, Luciano Santoni, contador, Lucila Feit y Agustina Caffarone. Todos de 24 años. Por lo general, se reúnen tres veces por semana con jornadas de cuatro horas cada una.

Actualmente están en contacto con Fundación Sí, la ONG que hace recorridos solidarios para llevarle comida y una bebida caliente a la gente en situación de calle.

Fuente: Alejandro Horvat / lanacion.com.ar