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IDEA

Espejito, espejito: ¿hay alguna idea mejor que la mía?

17 de enero de 2018 - 20:29

Por Gabriel Schwartz. Esteban vino a mi oficina para contarme de su proyecto. Estaba gestionando un nuevo emprendimiento.

Había diseñado un plan de negocios, conseguido inversores y contaba con importantes ¨alianzas estratégicas¨ -consultoras internacionales se encargarían de la auditoría; una importante empresa de logística, de la distribución y una agencia de comunicación, de la imagen y relación con la prensa-.

Necesitaba un consultor que lo ayudase en la búsqueda y selección de los cuadros gerenciales y medios. No quería una de las “grandes” por costos y porque quienes gestionan los procesos son profesionales jóvenes con poca experiencia.

El start up me parecía un trabajo interesante, tanto por los perfiles que debía seleccionar como por los honorarios que representaban. No creía que se iba a concretar, para ser sincero. Sin embargo, unos meses después, recibí el llamado y la convocatoria a una reunión en la que tuve la descripción de los primeros puestos.

Me entusiasmó pero tenía cierta dosis de desconfianza. Pedí un adelanto y me lo dieron.

Empecé con las búsquedas y, al mes, tenía concretados los primeros dos ingresos. Facturé y cobré.

Mi cliente siguió incorporando colaboradores. Los perfiles eran cada vez más variados y concreté tres incorporaciones más.

El entusiasmo es un motor fantástico pero, por las dudas, hay que cuidarse y ser precavido.

Puede fallar.

Empecé a tener la sensación de que todo iba demasiado rápido: me llegaba información respecto a la dinámica del emprendimiento y veía que la estructura iba armándose pero sabía que las ventas no aparecían...

Me pareció que estaban gastando más de lo que podían. Sin embargo, también desconfiaba de mi propia intuición: yo no soy un empresario o un emprendedor, pensaba.

Quizás los pasos de los emprendimientos son los que debe dar mi cliente. Contaba con recursos e inversores y sabría manejar el timing para que su proyecto fuese exitoso. No debería preocuparme, tendría que confiar.

Me invitaron al lanzamiento oficial - a la presentación en sociedad - de su proyecto. Asistirían medios, filmarían un video e invitarían a potenciales clientes.

Desde ya que estuve allí, acompañando. Me encontré con los profesionales que había seleccionado y me comentaron que su sensación era la misma que la mía, no sabían por cuánto tiempo podían continuar invirtiendo a este ritmo pero - también, como yo - confiaban en el CEO.

Confiamos en las personas porque las personas confían en sí mismas.

A veces no alcanza.

A la semana siguiente, presenté dos nuevos candidatos y tardaron en darme una fecha para entrevistarlos.

Cuando pregunté por nuevas opciones de días y horarios, mi cliente me comentó que postergarían los ingresos.

El negocio marchaba bien pero los tiempos eran diferentes a los que habían previsto y querían esperar a que mejorase la facturación para avanzar con el aumento de la nómina.

A los pocos días supe, extraoficialmente, que mi cliente estaba en contacto con un compañía aceleradora de negocios para ver qué opinaban de la marcha del proyecto.

Leo Piccioli - un reconocido economista (y actualmente speaker y escritor) al que suelo recurrir para que me ayude en mi interacción con el mundo de las empresas - supo de esta consulta y sentenció ¨están enamorados de su proyecto¨.

Algo así como que no son capaces de escuchar que lo que imaginaron no es perfecto y que tienen que ajustar sus previsiones a las respuestas del mercado.

¡Imaginen a un psicólogo escuchando esa frase de un economista! Una invitación a linkear la ¨lógica del emprender¨ con los afectos y emociones de los emprendedores, maravilloso (debería saber más de marketing para conseguir algún reconocimiento. ¡No el Nobel pero sí un abrazo, aunque sea)!

La fase inicial de cualquier relación duradera – y un emprendimiento tiene que ser duradero para dejar de ser un intento - tiene esa cuota de fantasía que nos hace creer que es exactamente lo que buscamos y lo que precisa el mercado. Es necesaria.

Pero, para que el proyecto sea real, tendremos que adaptar nuestra conducta a lo que necesita el proyecto. Narciso, enamorado de su imagen, quiso besarse a sí mismo en el lago en el que se estaba mirando… y se ahogó.

Como en una relación de pareja,

También en los negocios hay que poder pasar del ¨enamoramiento¨ al ¨amor¨.

¿Y por qué no? Si creemos que somos justo lo que el mercado necesita y no estamos atentos a los indicadores que permiten ajustar nuestra estrategia, probablemente, la relación termine extinguiéndose. Y tendremos el corazón y el bolsillo roto...

Los emprendimientos son relaciones de ganar - ganar con el mercado.

Mi cliente cerró abruptamente sus puertas a los tres meses de haber iniciado su proyecto. Su inversor ángel le había retirado la confianza y dejó de girarle dinero. No pudo pagar sueldos y tendrá que enfrentar juicios. A mí me quedó una factura sin cobrar (¡no es mucho, pero no me gustó nada!). ¿Tuve que ¨poner la cara¨ ante quienes me dijeron ¨a dónde me mandaste?¨.

Mi ex cliente se mudó a USA y, meses después, está intentando otro proyecto en un rubro absolutamente diferente. Quizás está enamorado de la idea de emprender y, todavía, no registra que al mercado hay que escucharlo, saber qué quiere, adaptarse, ceder, conquistarlo y, muy de a poco, generar un vínculo duradero que dé frutos.

Los sueños son nuestros propios deseos disfrazados.

Pero los emprendimientos, tienen que ser realidades.

 

Gabriel Schwartz es Licenciado en Psicología

Cuenta con más de 25 años de experiencia en el área clínica y laboral. Fue Director de Activa Personal S.A., una de las empresas líderes en selección de recursos humanos y prestación de servicios eventuales, desde 1990 hasta 1997.

Lideró la fusión de la compañía con Gelre Servicios Empresarios S.A. - Companía Multinacional, de origen brasileño, la de mayor facturación en América Latina en su rubro - y asumí la posición de Gerente Comercial y Operativo de la nueva organización, para Argentina, hasta el año 1999. 
Ese año inicio su proyecto relacionado a servicios de consultoría, evaluación, selección, coaching e intervenciones en psicología organizacional.

En el ámbito académico, se desempeñó como docente concursado de las asignaturas Psicología General, Psicología Evolutiva y Psicología Clínica, en la Universidad de La Plata, de Psicología del Trabajo, en UADE y como Coordinador Docente de las asignaturas de Psicología del Trabajo y Selección de Personal y Psicodiagnóstico Laboral en la Universidad de Belgrano.

Colabora con notas periodísticas en medios especializados, publica habitualmente en LinkedIn y gestiona el blog

www.psicologiaparaempresas.blogspot.com
www.psicologialaboral.com

 

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