Durante un año difícil para la economía argentina, los turistas se volcaron al mercado trasandino para comprar ropa y calzado, de acuerdo a estimaciones del Ministerio de Producción de la Nación.
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SUSCRIBITEDurante un año difícil para la economía argentina, los turistas se volcaron al mercado trasandino para comprar ropa y calzado, de acuerdo a estimaciones del Ministerio de Producción de la Nación.
Según registros presentados por los empresarios textiles, con base en datos brindados por la Secretaría de Transformación Productiva, la suma sería de dos mil millones de dólares.
El Gobierno esgrimió que aún no posee un dato global para cotejar los números presentados por Pro-Tejer, la fundación que agrupa a los industriales textiles de todo el país.
Según explicó Jorge Sorabilla, presidente de la entidad, estos números son significativos porque el principal problema del sector textil en 2016 fue la caída del consumo, a lo que se sumó un mayor ingreso de importaciones.
El empresario resaltó que durante 2017 se nota una merma del 2,1 por ciento en el número de toneladas importadas, y destacó el retorno del sistema “puerta a puerta”.
Los repsentantes del rubro resaltan que a pesar de todos, durante 2017 se desaceleró la retracción en la producción textil, que pasó de un acumulado negativo del 27 por ciento en 2016, con una pérdida cercana a los 25 mil puestos de trabajo, a un acumulado positivo del 12,9 en lo que va de 2017.
"Sólo para que tengamos una dimensión de lo que estamos hablando, entre 2016 y 2017 se estima que se pagarán 500.000 millones de pesos en intereses para financiar el programa de Lebac del BCRA. Esto seca el presupuesto del Estado y privilegia en forma desmedida al sector financiero, en detrimento de los sectores productivos, que somos los que generamos valor y trabajo", señaló Sorabilla al respecto.
Además, el dirigente remarcó que el Estado es el "principal problema" a la hora de explicar los elevados precios de las indumentarias, ya que la carga impositiva representa el 50,3 por ciento del precio final de la ropa, mientras la industria se lleva un magro 8,7.