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2012, EL AÑO EN QUE SE TERMINÓ EL MODELO

8 de enero de 2013 - 15:10

Por Tomas Bulat. Desde 2009, el Gobierno ha tenido como eje de su política económica la convicción de que el crecimiento se iba a sustentar en la expansión del consumo interno y del gasto público, relegando a un segundo plano las exportaciones y la inversión. 

Las mejores condiciones internacionales y el uso de excedentes permitieron que durante los años 2010 y 2011 todo creciera: consumo, inversión, exportaciones y gasto público. Pero en 2012 apareció la frazada corta y el Gobierno eligió. Es así que el consumo interno creció, no mucho –cerca del 2%–, también lo hizo el gasto público –el 4%– pero cayeron la inversión y las exportaciones –el 15% y el 8% respectivamente–.

Aportes al crecimiento del PBI 2012
Aporte PBI 2012*
Consumo 2%
Gasto público 4%
Inversión -15%
Exportaciones -8%
*Estimado.

Por lo tanto, y a juzgar por los datos, el modelo encontró su límite y es tiempo de cambiarlo. Claro que es fácil escribirlo, pero muy difícil hacerlo, por varias razones. La primera es que se trata de un modelo que dio resultados políticos impresionantes con el 54% de los votos en la última elección, con lo cual aplica aquello de táctica que gana no se toca.

La segunda razón es que un cambio hoy implicaría que el consumo interno pierda su dinámica actual y pasen a ser la inversión y las exportaciones las fuentes del crecimiento, con fuerte impacto en la popularidad del Gobierno.

Finalmente, implicaría que el modelo de toma de decisiones centralizado debería relajarse más y apostar un poco más al aporte privado. Como no hay cambios a la vista, tendremos más de todo, como lo dejaron claramente expresado Guillermo Moreno en Tecnópolis y la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, en su reportaje a otro medio gráfico el domingo pasado. Los controles se intensificarán, los cepos se mantendrán, los impuestos subirán, la inflación seguirá y el retraso cambiario se incrementará.

El 2013, sector por sector. ¿Qué nos espera luego de un año en que la economía se estancó? La economía tiene, a grandes rasgos, cuatro sectores: primario –agrícola, minero y petrolero–; industrial –liderado por el sector automotor y su cadena de valor metalmecánico–; servicios –liderado por el sistema financiero y el turismo–; y construcción. Analicemos qué puede pasar con cada uno.

Sector primario. En el sector agropecuario –a pesar de que le saquen el predio rural a la SRA o el formulario F 1116 a la Federación Agraria– el productor sojero será el año próximo el principal aliado económico del Gobierno. La producción de soja no alcanzará el volumen originalmente estimado, pero superará las 50 millones de toneladas a un precio aproximado de US$ 520 por tonelada, lo cual implica un muy importante ingreso de divisas y recursos fiscales.

Eso sí, el resto de los productores agropecuarios –en especial los del interior–, los de frutas, vino, aceitunas, de limones, arroz o cítricos, tendrán un año muy difícil debido a la suba de costos en pesos y el retraso cambiario, que nos les da margen para exportar y el mercado interno no puede absorber la oferta total.

Por lo tanto, la soja muy bien, y el resto bastante mal. Pero como un todo, el sector va a aportar al crecimiento económico más del 1 por ciento. La Pampa húmeda y la zona sojera del NEA y NOA tendrán un mejor año, pero para el resto del interior –en cambio– será peor.

El sector minero ha perdido dinámica de inversiones y las trabas continuarán, por lo que tendrá un año muy similar a éste, con más explotación y menos inversión, lo que en resumen dará una temporada positiva de bajo crecimiento sectorial.

Finalmente, tendremos el sector petrolero con una YPF más activa en producir y explotar, pero sin los recursos suficientes para cumplir su plan. El resto de las empresas con inversiones a niveles mínimos esperando un mejor contexto regulatorio.

El sector industrial. Este sector, liderado por el automotor, dependerá de Brasil y del mercado interno. Es probable que la industria automotriz de Brasil mejore y algo más se venda allí, pero existen claras dudas acerca de la competitividad de la Argentina. Con un aumento de salarios del 26%-28% quedará muy complicado. El mercado interno ya no será tan movido, entre otras cosas por menor crédito y más caro que el actual. Por lo tanto, se trata de un sector con expectativas de producción similar a este año, para considerarlo un buen resultado.

Los servicios. El sector financiero tendrá otro buen año, pero con rentabilidades bajando y con dos fuertes competidores en el mercado crediticio: YPF, debido a sus urgentes necesidades de financiamiento, que le sacan recursos a la plaza local, y las provincias, que serán activas colocadoras de fondos en un año electoral. Por lo tanto, no estarán en condiciones de aportar al crecimiento económico en igual magnitud este año.

El turismo dependerá del mercado interno, ya que el internacional seguirá en franco descenso debido al alto costo de la Argentina que ya complica a todo el sector. Por lo tanto, se prevé que en turismo los datos sean negativos.

La construcción. El proceso de pesificación forzada desplomó las ventas de departamentos usados y está parando la construcción de los nuevos. Este sector claramente tendrá un peor 2013 desde lo privado y las políticas públicas, plan Procrear incluido, no logrará compensar esa caída.

Luego de este panorama, se verá que hay buenas y malas, pero un crecimiento económico positivo ya sería un logro para 2013.

El tridente decisor. Los salarios. Los costos salariales estarán creciendo entre el 25% y 28%. El rumor que circula acerca de que el Gobierno pondría un techo al aumento de salarios del 20% resulta poco verosímil por una sencilla cuestión fiscal. Hoy, si se suman los ingresos fiscales de aportes más contribuciones, más PAMI, más Ganancias de la cuarta categoría, ese total supera al IVA como principal impuesto recaudatorio. Si los salarios tienen un techo nominal, el impacto en la recaudación sería muy grande. Entonces, lo que seguro habrá serán aumentos nominales por arriba del 25 por ciento.

Dólar. El tipo de cambio oficial necesariamente va a tener que acelerarse –con el objeto de evitar un mayor retraso– y lo hará al 18%/20%, por lo cual el dólar terminará el año cerca de los 5,90 pesos. El paralelo seguirá a la inflación como mínimo, por lo que estará entre $ 8,50 y 9 pesos. Aumentando la brecha entre el oficial y el paralelo a cerca del 50 por ciento.

Inflación. Como resultado de lo anterior, la inflación será necesariamente más alta que este año, acercándose al 30%. El gasto público subirá en el año electoral y la forma de financiarlo va a seguir siendo el BCRA, que incrementará la base monetaria a valores superiores al 40% anual (esperemos que al menos sea con billetes de 200 pesos).

La duda… Todo muy previsible, pero… siempre hay dudas acerca de cuándo vendrá el ajuste que se está queriendo evitar. Es obvio que el déficit fiscal financiado con emisión monetaria y retraso cambiario termina con una devaluación un día u otro. Estamos viendo si ese día, que todos sabemos vendrá, será dentro de este año o del siguiente.

Dilatar ese día requiere cada vez mayores controles y restricciones, lo cual hace necesario un mayor poder político. Si el poder se comienza a diluir, los controles pierden fuerza y el ajuste se avecina.

Un economista es la persona que explica muy bien por qué no pasó lo que dijo que iba a pasar. No soy la excepción. Hoy hay previsibilidad de una economía trabada y estancada con inflación y retraso cambiario que no es sostenible en el tiempo. Muchos ven 2014 como el año del ajuste inevitable, pero yo no dejaría de mirar de cerca cómo viene 2013.

Tomás Bulat es economista y periodista especializado en el rubro.

Fuente: www.perfil.com

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