Por Mauro Torres. Como si nada, un día soleado de abril en la Capital de la Argentina sirvió para separar la paja del trigo, en téminos políticos. Con la victoria de su delfín -Horacio Rodríguez Larreta- en las PASO del domingo, el ingeniero Mauricio Macri dejó de ser sólo el presidente más exitoso de la historia de Boca Juniors o el líder del partido nuevo más relevante de la Argentina por estos días, el PRO.
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MAURICIO ELUDIÓ UNA BALA
El ex gobernador santafesino, médico de profesión, tuvo una muy buena gestión al frente de la provincia del 2007 al 2011, año en el que fue ungido como el candidato a Presidente por el progresismo, tras recibir el apoyo del radicalismo, del socialismo y demás vertientes de centro-izquierda.
En octubre de ese año, logró que el 17 por ciento del electorado depositara su confianza en él. Y pese a no haber conseguido el objetivo de máxima, el futuro cercano parecía muy optimista, tanto para él como para su tan mentado Frente Amplio Progresista.
Casi cuatro años despúes, la gran esperanza blanca de la nueva política argentina anunció sin mucha cháchara ni expectativa, que se bajaba de la carrera por el Ejecutivo nacional en 2015, tras el fracaso del proyecto exprés de la Capital denominado UNEN.
Binner notó que se volvió una figura irrelevante para la política nacional ya que durante todo este tiempo no ocupó ninguna posición legislativa o ejecutiva que le permitiera ejercer un cambio real en la vida de las personas.
El mismo escenario pudo habérsele presentado a Macri en octubre, en caso de no poder derrotar a sus potenciales rivales en el camino a la Casa Rosada; más precisamente, el oficialista Daniel Scioli.
Si Michetti hubiera conseguido la nominación del PRO para liderar la Capital -con su consecuente arribo a la Jefatura del GCBA-, el líder del partido se hubiera encontrado sin cargo oficial para ejercer su poder fáctico, mucho menos mediante una figura que no apoyó abiertamente como su único enlace con la vida política real, de aquí al 2019.
El triunfo de Rodríguez Larreta en las primarias fue también el triunfo de Macri, ya que sin él en el GCBA habría demostrado una flojera de liderazgo no sólo intramuros sino hacia al votante nacional, aquel que sabe que de ninguna manera le dará el visto bueno al kirchnerismo ni a sus colectoras, a la hora en que las papas queman.
La pretensión de Mauricio se fortalece cada día ante la caída en desgracia de figuras de la oposición como Sergio Massa, único pretendiente serio a ser el principal referente de la opo en la carrera final por la Presidencia. El único rival está claro hoy más que nunca.
En un sólo día macrista -el domingo 26 de abril del 2015-, el esposo de Juliana eludió una bala con su nombre y, quizás esa, sea la mínima diferencia que lo pueda catapultar a ser el próximo presidente de los argentinos. El resto se resolverá por su curso natural.
Mauro Torres-Redacción de Somos Pymes