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Consorcios

La morosidad en el pago de expensas subió hasta el 31% en 2026

El fenómeno afecta principalmente a la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, con picos críticos en la Costa Atlántica.

Por Redacción Somos Pymes 18 de febrero de 2026 - 10:56

La morosidad en el pago de expensas alcanzó un promedio del 20 por ciento general, con picos del 31% en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Así lo reflejaron recientes relevamientos de las cámaras de administradores del AMBA.

Morosidad en las expensas

A pesar de que el ritmo de aumentos en 2025 mostró una desaceleración respecto al 2024, la capacidad de pago de los hogares sigue siendo limitada.

Con una expensa promedio en CABA que ya se ubica en $316.390, la prioridad de los copropietarios es postergar el cumplimiento con el consorcio.

En el primer mes de 2026, los niveles de deuda llegaron a picos en zonas turísticas como la Costa Atlántica, donde la falta de pago llegó a tocar el 42%.

La morosidad está disparando los conflictos de convivencia y el inicio de ejecuciones de expensas.

Si bien la inflación acumulada del año (31,5%) fue ligeramente inferior al aumento de las expensas (34,7%), ese desfase de tres puntos, sumado al arrastre de deudas previas, tornó la situación insostenible para muchos sectores de la clase media.

El costo habitacional

La estructura de costos de los edificios se ve afectada por tres frentes que los administradores definen como "inflexibles".

En cuanto a servicios públicos, las facturas de AySA y las prestatarias de gas impactan con fuerza, especialmente en inmuebles que cuentan con servicios centrales de calefacción y agua caliente.

A esto se le agrega el alza en los sueldos de los encargados de edificios, que sigue siendo el componente de mayor peso en la liquidación mensual.

Y más atrás figuran los contratos de abonos (ascensores, bombas e infraestructura) se mantienen al ritmo de la inflación técnica.

Para evitar una situación peor, muchos consorcios están financiando su operatividad mediante deudas con proveedores, postergando pagos no urgentes para priorizar sueldos y servicios básicos.

Esto causó un freno casi total a las obras de mejora. Los edificios se limitan a realizar arreglos "de supervivencia" o urgencias extremas, postergando tareas de pintura, impermeabilización o renovación estética.

En este contexto, la Costa Atlántica presenta el panorama más desolador, con niveles de morosidad que treparon al 42% durante la temporada.

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