Por Sergio Candelo. Tenemos fiaca. Todos. Y no es un defecto de carácter. Durante doscientos mil años, el cerebro humano tuvo una obsesión: ahorrar energía.
- Somos Pymes >
- Opinión >
La fiaca es de fábrica
Salimos a la cancha 3 a 0 abajo y seguimos creyendo que vamos empatando.
Pesa alrededor del 2% del cuerpo y se come cerca del 20% de lo que consumimos.
En un mundo donde la próxima comida no estaba garantizada, gastar de más era jugarse la vida.
El que encontraba algo fácil y calórico no lo pensaba dos veces. El que podía quedarse quieto, se quedaba.
No somos vagos. Somos biología. La fiaca vino de fábrica, y nos mantuvo vivos.
El problema es que esa fábrica sigue funcionando igual en un mundo que ya no tiene hambre. Y del otro lado de la cancha alguien lo entendió mucho antes que nosotros.
Primer gol: la fábrica
Arrancamos el partido con un jugador que, ante la duda, elige ahorrar.
Siempre. Lo fácil le gana a lo importante, y lo inmediato a lo que vale la pena.
No por debilidad: por diseño.
Segundo gol: los ingenieros
Cuando salimos del hambre, la industria de la comida descubrió que podía jugar con ese instinto. Hay equipos enteros dedicados a encontrar el punto justo de azúcar, sal y grasa.
No el máximo, el que hace que no puedas parar. Lo lograron: hoy hay más personas en el mundo con obesidad que con hambre.
Con el celular pasó lo mismo, con ingenieros mejor pagos.
El scroll infinito, la notificación que llega justo cuando estabas por soltarlo, el video que arranca solo antes de que decidas si lo querés ver.
El algoritmo no quiere nada: es código. Pero el modelo de negocio sí quiere algo, y es tu tiempo.
Cuando el producto es gratis, lo que se vende sos vos, por minuto.
Tercer gol: la escala
Hacé la prueba en la próxima sobremesa del domingo. Contá cuántos celulares hay arriba de la mesa.
Después contá cuántas veces alguien lo agarra "un segundito" sin que haya sonado nada. Nadie lo decidió. La mano fue sola.
Antes, para comer de más, por lo menos tenías que levantarte e ir a la heladera. Y la heladera tenía fondo.
Hoy la heladera está en el bolsillo las veinticuatro horas, nunca se vacía y sabe exactamente qué te tienta, porque aprende de vos más rápido de lo que vos aprendés de vos mismo.
Y ahora, con algoritmos potenciados por Inteligencia Artificial, al rival le llegó un refuerzo de lujo.
Tres a cero. Y el partido ni empezó.
Estamos fritos, y nadie se pesa la atención
Acá está la diferencia con la comida. La obesidad se ve: en el espejo, en la balanza, en el pantalón que no cierra.
La atención no se pesa. Nadie se mira al espejo y nota que ya no puede leer diez páginas seguidas.
No hay balanza que te avise que se te fueron tres horas en videos de los que no te acordás ninguno.
Jonathan Haidt, el psicólogo que escribió "La generación ansiosa" y probablemente quien más estudió este tema, reconoció este año que había subestimado el daño.
Creía que lo más grave era la salud mental de los adolescentes.
Hoy dice que el problema más grande es la fragmentación de la atención. Y no es solo cosa de chicos: los que contestamos WhatsApp en el semáforo somos los adultos.
El mejor de los mundos
Que quede claro: no soy de los que dicen que la tecnología nos arruinó la vida.
Al contrario. Nunca tuvimos tanta tecnología ni tantas herramientas a disposición. Nunca fue tan fácil aprender, crear, emprender, conectar.
Lo difícil hoy no es la tecnología disponible.
Es que no tenemos tiempo, o no nos damos tiempo, para pensar cómo usarla.
Y la paradoja es cruel: el mismo aparato que podría cambiarte la vida es el que se come el tiempo para pensar cómo hacerlo.
Estamos en el mejor de los mundos y no lo dejamos florecer. Se nos va la vida scrolleando, en piloto automático.
Fritos o vivos
¿Se da vuelta un 3 a 0? Con voluntad, no: la voluntad también gasta energía, y ya sabemos qué hace el cerebro con eso. Se descuenta de a un gol.
Regalate media hora por día que sea tuya. Sin redes, sin notificaciones, sin pantalla. Los momentos más fáciles para empezar son dos: irte a dormir sin el celular y no mirarlo apenas te despertás.
¿Miedo de perderte algo? Tranquilo. Si pasa algo grave, te van a encontrar igual.
Esa media hora no es para ser productivo. Es para aburrirte. Para pensar. Para que aparezca la pregunta que el feed nunca te deja hacer: qué quiero hacer con todo esto que tengo.
Estamos fritos. Salvo que seamos más vivos.
La fiaca nunca fue el problema. Era el tiempo libre del cazador, y alrededor del fuego nacieron los cuentos, el arte y las ideas.
Hoy esa fiaca la llena la pantalla.
¿La tecnología nos vuelve locos? No sé. Pero seguro nos dejó sin espacio para pensar.
Sergio Candelo, ex-Economista, co-fundador de Snoop Consulting y ejecutivo del Sector Tecnológico.
Fue Presidente de la Cámara de Software (CESSI) y del Project Management Institute (PMI) Chapter Buenos Aires.
Para más información: www.snoopconsulting.com