ver más
Señales económicas

Dólar "flotante" y cambio de estrategia empresaria

Hoy la eficiencia comercial vuelve a estar en el centro del modelo de negocio.

Por Damián Di Pace 11 de agosto de 2025 - 17:36

Esta semana se dará a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) del mes de julio, que mostrará una leve alza respecto del mes anterior.

El arco de las diferentes consultoras estiman inflación entre 1,7 y hasta 2 por ciento.

A pesar de la devaluación del peso frente al dólar en el mes de julio, superior al 13%, el traslado a precios fue prácticamente nulo en ese mes.

La Canasta de Alimentos presenta un incremento de precios en las cuatro categorías relevadas del 0,96% intermensual, una variación interanual del 25,65% y una acumulada del 8,35% en los 7 meses que van del año.

Las categorías que presentan aumentos en el período julio 2025 vs junio 2025 son las siguientes: Alimentos +0,66%, Bebidas 1,06%, Cuidado personal 1,18%, y Limpieza 0,54%, medidos a través de Scanner en 676 puntos de venta de todo el país con datos formados por el precio promedio ponderado de todas las categorías, todas las marcas, y todas las presentaciones, de los productos más consumidos por los argentinos.

Canasta Consumo Masivo Julio 2025 Vs Junio 2025

image

Sin embargo, al observar la primer semana de agosto 2025 la variación de precios respecto de la primera semana de julio 2025 es más elevada con un promedio de aumento de la canasta de consumo masivo del 3,2%.

Es decir hay una aceleración en la variación de precios.

Canasta Consumo Masivo 1er Semana de Agosto 2025 Vs 1er Semana Julio 2025

image

Los signos de la macroeconomía

El escenario pre electoral 2025 y el ciclo económico macro y micro es diferente este año respecto de las últimas elecciones de 2023.

En aquel momento había un contexto de creciente incertidumbre cambiaria y pérdida sostenida del poder adquisitivo, tanto los consumidores como los canales comerciales intensificaban sus estrategias de stockeo y anticipación de compras, buscando protegerse frente a una posible corrección del tipo de cambio y señales de presión alcista permanente.

Acopiar bienes durables, semidurables o con bajo grado de obsolescencia como refugio de valor, incluso en detrimento del ahorro financiero tradicional era la búsqueda por parte del empresario y el consumidor.

Esta preferencia reflejaba no solo la búsqueda de cobertura ante una eventual suba del dólar, sino también el temor a la pérdida de acceso o encarecimiento futuro de ciertos productos, en un mercado todavía afectado por restricciones cambiarias para las importaciones.

Desde mayoristas y distribuidores hasta cadenas de retail, la estrategia de stockeo era central.

Los cupos de importación marcaban la escasez futura, la incertidumbre respecto al ritmo del tipo de cambio y la reposición de mercadería era elevada.

Esto impulsaba a decisiones comerciales orientadas a aumentar inventarios en forma permanente.

El contexto actual es absolutamente diferente. Hay elevada competencia comercial, donde las empresas enfrentan crecientes dificultades para trasladar la totalidad de los aumentos del dólar a los precios, por el riesgo de quedar fuera del mercado.

La elasticidad de la demanda y la caída del poder adquisitivo imponen límites concretos a los aumentos, obligando a muchos a absorber parte del impacto cambiario en sus márgenes.

El esquema actual de tipo de cambio flotante permite cierta previsibilidad a corto plazo, que es el techo de la banda de flotación acordada con el FMI, donde el BCRA interviene al llegar a ese lugar.

La política de desinflación ancla expectativas diferentes. Un mes puede subir el dólar, luego puede bajar y volver a subir. Y lo mismo puede suceder con la variación de precios eliminados los controles.

El acceso al mercado cambiario ha mejorado y no se registran niveles de escasez como en otras etapas, la combinación de expectativas de devaluación, límites al pass-through y fragilidad del ingreso disponible, mantiene al mercado en tensión constante.

La estrategia empresaria

La economía argentina se sigue moviendo entre dos motores: precaución frente al riesgo y reacción defensiva ante la incertidumbre.

La estabilización relativa de las variables clave comienza a cambiar el juego.

Con una mayor fluidez en el acceso al mercado de cambios para importaciones, precios más estables y una proyección de tipo de cambio contenido dentro de márgenes de flotación controlada, el incentivo a "comprar antes de que suba" empieza a perder fuerza.

Y muchas compañías, especialmente en sectores industriales y de consumo durables, se enfrentan hoy al desafío de convertir inventarios en ventas.

Hoy el empresario pasó de preocuparse por quedarse sin producto, a preocuparse por cómo rotarlo. Hoy la eficiencia comercial vuelve a estar en el centro del modelo de negocio.

La fortaleza del área comercial se convierte en un activo estratégico. Los equipos de ventas vuelven a tomar protagonismo, no solo para sostener niveles de facturación, sino para ganar participación de mercado en un escenario en el que la demanda todavía muestra signos de cautela.

Además, la intensidad competitiva se mantiene elevada. La salida del esquema de defensa vía stock obliga a las empresas a diferenciarse por precio, servicio, financiación o propuesta de valor.

La capacidad de adaptación, la velocidad para leer el mercado y la agilidad para ajustar estrategias en tiempo real se vuelven claves.

Las empresas que se habían quedado en modo defensivo hoy corren el riesgo de perder terreno. Hay que salir a buscar al cliente y volver a generar volumen.

La gestión del capital de trabajo también está en revisión. El exceso de inventario, que antes se leía como una fortaleza, hoy puede convertirse en una carga financiera en un contexto de tasas reales positivas y bajo margen de maniobra.

En consecuencia, muchas empresas están reajustando sus estructuras logísticas, reduciendo niveles de stock y optimizando flujos.

El objetivo es claro: mayor rotación, menos inmovilización de recursos y foco en el crecimiento orgánico de las ventas.

Este proceso de transición no es inmediato ni uniforme. Algunos sectores -particularmente aquellos con cadenas de suministro más largas o sensibilidad a variables externas- mantienen una posición prudente. Pero el cambio de lógica ya está en marcha.

Argentina, históricamente marcada por ciclos de inestabilidad que forzaron estrategias defensivas, parece ofrecer por primera vez en años una oportunidad para que el crecimiento empresarial esté más atado la competitividad estructural pendiente de las reformas que promete el gobierno nacional hacia adelante.

Es momento de volver a pensar en cómo vender más y mejor, no solo en cómo cubrirse del próximo cimbronazo.

Si el nuevo equilibrio macro logra sostenerse, el mercado recompensará a quienes sepan adelantarse a la nueva lógica: ya no gana quien más stockea, sino quien mejor rota y conquista clientes.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar