Por Luis Secco. La recesión por la que atraviesa la economía argentina lleva ya nueve meses. Los indicadores mensuales de actividad –tanto los oficiales como los privados– coinciden en situar el inicio de la fase recesiva a partir de marzo/abril, cuando se empezaron a hacer palpables los efectos de la campaña agrícola 2017/18 seriamente afectada por una sequía inusual.
¿Qué podemos esperar en 2019?
Como consecuencia, los pronósticos de crecimiento, que hasta entonces giraban en torno a +3,0%, fueron ajustados a la baja y las nuevas expectativas se situaron entre +2,0% y +2,5%.
Pero no fue todo. Cuando las proyecciones comenzaban a estabilizarse, la desconfianza se instaló en los mercados, y la incertidumbre nominal y real escaló y arrastró tanto la cotización del dólar, como el riesgo país y las tasas de interés, y las perspectivas de crecimiento de la economía se derrumbaron de forma estrepitosa e ininterrumpida durante un lapso de seis meses. En poco tiempo, se pasó de esperar que la economía creciera en 2018, a augurar una contracción cercana a -2,0%.
Además, la segunda ola de corrida cambiaria, la de fines de septiembre-18, dejó secuelas que modificaron las expectativas de los agentes económicos más a la baja aún, producto de un deterioro de todos los indicadores económicos que empezó a hacerse notable y generalizado en las distintas ramas de la producción y el consumo.
Ahora bien, en las últimas semanas las expectativas parecen haber encontrado un “piso”.
De la mano de la relativa pax cambiaria que se observó en el mercado durante buena parte de octubre y todo noviembre (calma que acompañó los primeros 60 días de vigencia del esquema de bandas y que descansa en buena medida sobre las elevadas tasas de interés reales y en los dólares del FMI) y probablemente también porque ya se conocen los datos de la mayor parte del año, las previsiones con respecto al PBI para este año permanecieron inalteradas en -2,4% en el último relevamiento de expectativas (REM) del BCRA (las de 2019 se corrigieron levemente a la baja, de -1,0% a -1,2%).
Vale entonces hacer el ejercicio de intentar anticipar la forma que irá dibujando el ciclo económico. Según se desprende del REM publicado la semana pasada, el mercado descuenta una caída en torno a -2,0% sin estacionalidad para el tercer trimestre y espera un retroceso de -1,7% para el cuarto, de modo que la actividad económica cerraría este año con una contracción del -2,4% antes comentado.
Ahora bien, las “noticias positivas” llegarían en los primeros meses de 2019, cuando la economía podría crecer… +0.0%!!! O sea, el peor momento (el valle de la recesión), de acuerdo al REM sería este cuarto trimestre de 2018.
El dato puede ser visto como “alentador” porque se trata de la tercera encuesta consecutiva en que el pronóstico para el primer trimestre del año próximo no sufre modificaciones.
Además, es esperable que el dato sin estacionalidad correspondiente a abril/junio-19 sea positivo, porque el segundo trimestre es donde tiene mayor incidencia la actividad del sector agroexportador y, hasta el momento, las perspectivas de la campaña agrícola 2018/19 lucen muy alentadoras.
Sumado a esto, y bajo el supuesto de mejora de la competitividad, no sólo se recuperaría el sector agropecuario, sino que también podrían empezar a verse algunos “brotes verdes” en actividades industriales que, por el atraso cambiario, habían quedado postergadas en los últimos años.
Al observar las características de otras recesiones, podemos ver que en casi todas ellas se verificó una trayectoria de tipo “V” (ve corta). Algunas de mayor intensidad que otras.
En el gráfico se pueden ver todas las contracciones/recuperaciones que se dieron desde la crisis del Tequila de fines de 1994. También se puede observar que en casi todas ellas se alcanzó el nivel de actividad previo al inicio de la caída (el pico previo) luego de cuatro trimestres consecutivos de recuperación.
Si nos concentramos sólo en los últimos ciclos del producto, se observa una diferencia importante entre el ciclo de 2008/09 (una “V” bien definida) y los últimos dos (con una “V” mucho más difusa). La comparación con lo acontecido en 2008/09 es relevante dado que, en aquel momento, si bien las condiciones internacionales –crisis de las subprime– tuvieron su impacto sobre la economía global y regional, en el caso argentino lo determinante resultó la pérdida del 30% de la cosecha gruesa (en coincidencia con el conflicto con el campo). Una pérdida similar a la que tuvimos en esta campaña.
En nuestra opinión, sin embargo, el ciclo actual parece más cercano a parecerse a los últimos dos (2013/14 y 2016/17) que a aquel de 2008/09, en el que la recuperación resultó acelerada y muy perceptible. Nuestras estimaciones, algo menos optimistas que las recogidas por el último REM, dan cuenta de una caída en torno a -2,5% (en la medición sin estacionalidad) para el último trimestre de 2018 y un retroceso ligero (-0,3%) incluso para el registro correspondiente a los primeros tres meses de 2019.
De confirmarse estas proyecciones, y tal como puede verse en el último gráfico, luego de que la economía atraviese su peor momento entre el 3er y 4to trimestre de este año, en los meses siguientes las variaciones trimestrales consecutivas desestacionalidas del PBI empezarían a dejar atrás el terreno negativo, pero lo harían muy lentamente.
Así, y por el momento, no se advierte una recuperación rápida de la actividad económica y la secuencia recesión-recuperación no adoptaría una forma de “V” sino que sería más parecida a una “U”, que en el mejor de los casos permitiría llegar a las elecciones con una actividad creciendo a un ritmo débil (pero positivo). Producto de lo anterior, lo más probable es que el año próximo cierre con signo negativo (cerca de -1,5%), por efecto del fuerte arrastre estadístico que dejará 2018 y de una economía que volverá a reactivarse pero lento y débilmente.
Ahora bien, cuando hablamos de PBI o de sus indicadores de mayor frecuencia, nos referimos a un promedio. El problema de los promedios es que muchas veces esconden una notable dispersión entre sectores, lo que los hace menos útiles o relevantes. Este será el caso de la probable recuperación que veamos en 2019.
Para el Gobierno, el 2019 será el “año de la exportación”
"Si no ratificamos el rumbo de cambio, el costo será muy alto"
La dispersión sectorial será notable y los promedios esconderán realidades sectoriales muy diversas. De concretarse los pronósticos de cosecha, al revertirse la pérdida de la campaña pasada, el sector primario será uno de los que liderará la recuperación, mostrando tasas de recuperación interanual de dos dígitos.
Pero habrá otros, incluso de mayor peso en la economía, que mostrarán una tenue recuperación (como el sector comercio y servicios) o que sólo dejarán de caer (como el sector industrial). Amen de la dispersión que se producirá incluso dentro de cada sector o rama de actividad.
Así que la lectura que se hará de la recuperación prevista para el año próximo no será ni lineal ni homogénea. Los indicadores de crecimiento interanual seguirán siendo negativos durante buena parte del año para muchos sectores.
Serán los datos desestacionalizados los que darán alguna información de que la recesión llegó a su fin. Pero la dispersión sectorial generará dudas sobre la misma existencia de la recuperación y de que lo peor haya quedado atrás.
Luis Secco es economista y titular de la consultora Económicas
Fuente: ambito.com