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Ciudades en guerra: los peligros de la pelea por seducir a las grandes empresas

7 de febrero de 2018 - 16:16

Por Stephane Kasriel. Hace unos días, Amazon anunció que había reducido la lista de más de 230 ciudades a veinte para elegir el lugar donde construirá una segunda sede, bautizada "HQ2" (Headquarters 2).

Estando en juego 50.000 nuevos empleos de alta capacitación y US$5000 millones de inversión, la disputa se presenta como feroz, con ciudades de Estados Unidos, Canadá y México compitiendo por ofrecer a una compañía valuada en US$ 530.000 millones lo que probablemente sea un paquete muy generoso de incentivos impositivos.

No es ninguna sorpresa que las veinte ciudades finalistas son grandes centros urbanos con un alto nivel de educación o en su defecto suburbios cercanos a grandes ciudades.

Los Ángeles, Chicago, Toronto, Atlanta y el condado de Montgomery en Maryland (al otro lado del río Potomac de Washington DC) están todas en carrera.

Este hecho debería ser un motivo de preocupación. Las reglas de juego del desarrollo económico que dan impulso a esta competencia por HQ2 parecen cada vez menos sustentables.

A lo largo de la última década, la obsesión de atraer grandes oficinas corporativas hacia distritos de negocios cada vez más densos ha creado tensiones en la vida de los Estados Unidos, en particular para la mitad más joven de la fuerza laboral.

Para demasiadas ciudades, ser un motor de crecimiento acelerado del empleo de alta capacitación también ha significado alquileres más caros, viajes al trabajo más largos, menos niveles de ahorro y menos propietarios de viviendas.

Para construir un futuro de trabajo seguro, innovador y equitativo, se necesita controlar una de las tendencias globales de crecimiento más acelerado: la urbanización del trabajo.

Poco después de que Internet se generalizó, muchos predijeron que pronto la norma serían los lugares de trabajo remotos y virtuales. Y al expandir las vidas digitales en la década del 2000, tenía sentido creer que las oficinas físicas de las compañías se acercaban a su obsolescencia, al menos para el creciente número de trabajadores del conocimiento de la economía posindustrial.

Todavía falta

Pero en 2018 el lugar sigue teniendo una gran importancia. Es cierto que más gente que nunca trabaja desde su casa en estos tiempos, pero el crecimiento del trabajo remoto ha sido más lento de lo esperado.

Según la Oficina de Estadísticas Laborales, la porción de trabajadores que realizaron parte de su trabajo desde el hogar creció solo cinco puntos porcentuales en los 12 años entre 2003 y 2015 (de 19 a 24 por ciento).

Una razón importante es la concentración de industrias de alta tecnología en áreas urbanas, con mini Silicon Valleys apareciendo por toda América del Norte, desde la región de Vancouver-Seattle hasta el corredor Boston-Providence. Gran parte del crecimiento posrecesión en Estados Unidos ha sido impulsado por dos fuerzas intersectantes: la dinámica del empleo tecnológico y la política municipal.

Enfrentadas a una escasez aguda del talento altamente capacitado que necesitan, las compañías tecnológicas -muchas de las cuales incluso pueden tener su sede en los suburbios, como Facebook y Alphabet- se han apilado en los centros de ciudades en busca de más y mejor talento.

Eso a menudo significa robárselo al competidor de la otra cuadra. Demasiadas compañías siguen siendo poco creativas respecto de la flexibilidad de la fuerza laboral que ofrece la tecnología y son muy pocas las ciudades grandes que quieren que eso cambie.

El efecto neto de todos estos factores ha sido una concentración geográfica sin precedente de empleos y oportunidades. Al emerger Estados Unidos de una recuperación económica a comienzos de la década del 90, 125 ciudades habían creado la mitad de todos los empleos nuevos según datos del censo norteamericano, mientras que a partir de 2010 apenas veinte urbes han creado la mitad de todas las nuevas empresas.

A este factor se suma la concentración de empleos dentro de las ciudades mismas. A lo largo de la última década, las tasas de crecimiento del empleo en los centros de las ciudades han superado a las de los suburbios en un tiempo dominantes.

Este no es solo un fenómeno de Nueva York o San Francisco, sino que también se ha dado en otros lugares, desde Chicago y Orlando hasta Charlotte y Milwaukee.

Dicho de otro modo, los empleos no solo se han alejado cada vez más de gente que vive en áreas rurales. Incluso se han alejado de gente que vive en las ciudades mismas.

Las consecuencias de negarse a reimaginar dónde y cómo se trabaja amenaza el sueño americano tal como lo conocemos. Con los alquileres subiendo más aceleradamente que el ingreso en muchas grandes ciudades estadounidenses, las tasas de las propiedades -históricamente uno de los principales motores de la creación de riqueza, pero ya no necesariamente- llegaron a su punto más bajo en 50 años en 2016.

Primeros pasos

Hace unas semanas, el CEO de WordPress, Matt Mullenweg, dijo a los trabajadores en su elegante oficina de San Francisco, de 1300 metros cuadrados, que se fueran a casa y no volvieran. No estaba despidiendo a nadie.

En cambio, el número uno de la popular plataforma de edición estaba invitando a los empleados a hacer su trabajo donde quisieran y prometió que los ayudaría a hacerlo.

Mullenweg ha reorganizado por completo su compañía de 500 personas valuada en US$ 1000 millones en torno del trabajo remoto. Los empleados ahora reciben estímulos para armar oficinas en sus hogares.

Sus reuniones se realizan en chatrooms online. Y cuando el trabajo realmente requiere estar cara a cara, WordPress paga los costos.

El año pasado, el CEO de Zapier, Wad Foster, dijo a los empleados de su compañía tecnológica, muchos de los cuales tienen dificultades para cubrir sus gastos en el área metropolitana de San Francisco, que les daría hasta US$ 10.000 para mudarse a otra parte.

"Puede ser un verdadero desafío convertir el área de la bahía en un hogar para toda la vida en vez de una breve parada en algún momento entre los veinte y tantos y los treinta y tantos", explicó Foster, que proviene del centro de Missouri, a sus trabajadores en su blog en marzo pasado.

"La escasez de viviendas y el alto costo de vida simplemente superan a muchas familias y, pese a que nos encanta la zona, la realidad es que muchos tenemos que ir a otros lugares para crear la vida que queremos para nuestras familias", aseguró Foster.

La libertad de trabajar desde cualquier parte es también un factor importante citado por la cantidad creciente de freelancers.

Con más de 57 millones de estadounidenses que realizaron algún trabajo en forma independiente durante 2017, casi la mitad asegura que una de las ventajas de esta modalidad laboral es que les permite vivir en una zona menos cara, según el último relevamiento Freelancing in America de la firma Upwork.

Pero antes de poder abrazar estas libertades geográficas primero hay que actualizar nuestra mentalidad de la era industrial. Ya no se trabaja de la misma manera en que se lo hacía. Por esta razón, no todas las personas deberían estar trabajando en el mismo lugar tampoco.

Stephane Kasriel es emprendedor y CEO de Upwork

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