El Observatorio de Economías Regionales precisó que el productor vitivinícola afronta una situación precaria en la cadena de producción, por una fuerte caída en la rentabilidad del vino común blanco y tinto.
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Baja de la rentabilidad en el vino afecta a la cadena de producción sectorial
El órgano respaldado por la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas informó que la rentabilidad del vino tinto común, en noviembre de 2016 es un 41% menor que en noviembre de 2015, según los datos del informe.
"En lo que va del año, cayó un 39,5%. Desde enero de 2012, la rentabilidad del vino tinto tuvo una baja del 2,9%, esto es debido a que en dicho período el precio del consumidor aumentó (342,2%) y el precio de traslado lo hizo en un 355,6%", señalaron los especialistas.
Mientras que "en noviembre de 2016 la rentabilidad del vino blanco común subió un 0,9% respecto del mismo mes de 2015. Durante los once primeros meses de 2016, la rentabilidad de este vino aumentó un 14%. Si consideramos la rentabilidad del vino blanco desde enero del 2012, dicha relación aumentó un 28,7%, lo que significa que el precio pagado por el consumidor aumentó más que el precio del vino de traslado (312,1% y 220,1%, respectivamente)", indicaron los autores del informe.
En noviembre de 2016, el precio del vino tinto genérico de traslado por litro fue de 11,73 pesos, una cifra 281,2% superior a la del mismo mes de 2015.
Desde enero de 2012, ese precio se elevó 355,6% y en lo que va del año 2016 el avance fue del 262,5%.
En tanto, el precio del litro de vino blanco escurrido de traslado, en noviembre de 2016, alcanzó 3,55 pesos, marcando un crecimiento del 78,5% respecto del mismo mes de 2015.
Por su parte en los primeros once meses del año, ese precio sufrió un ajuste de 57% y desde enero de 2012 se incrementó un 220,1%.
El consumidor pagó por un litro de vino tinto común en tetra-brik en noviembre de 2016, 34,231 pesos, un 125% más que en noviembre de 2015.
La rentabilidad del vino analizada en este reporte corresponde a la relación entre el precio pagado por el consumidor por el vino común y el que abonan las bodegas fraccionadoras a las bodegas trasladistas por el vino genérico.
"Es decir que, al hablar de rentabilidad, en este caso se hace referencia a la diferencia de precios que separa a los productores y al consumidor, por tanto es un indicador de la rentabilidad del sector fraccionador y comercializador analizado en forma conjunta, medido en términos de relación o diferencia de precios", subrayaron desde el Observatorio.