¿Cuál es el límite a la hora de buscar reconocimiento en los medios sociales de la Web? Repasamos una serie de malos pasos en Facebook y Twitter: desde usuarios que perdieron su trabajo por culpa de un post tristemente célebre, hasta inevitables “linchamientos” en la red por publicar imágenes políticamente incorrectas.
Errores en las redes sociales que costaron un puesto de trabajo
También los gorjeos del pájaro azul pueden terminar mal. Justine Sacco tenía menos de doscientos seguidores en Twitter; teniendo en cuenta el caudal de usuarios de aquella red, se trata de un número bastante bajo. No obstante, su humillación tuitera fue de grandísima dimensión. Sacco viajaba hacia Sudáfrica y, en una escala en Londres, publicó el siguiente tuit: “Voy a África. Espero no contagiarme sida. Es broma. Soy blanca”. Cuando aterrizó en Ciudad del Cabo, eran cientos y miles los mensajes de desaprobación. Para su desgracia y para su escarnio, el mensaje se había convertido en trending topic a nivel mundial. Un hashtag hacía furor en Twitter: #yaaterrizójustine? Cuando la mujer piso el aeropuerto, fue fotografiada y escrachada ante el mundo. Un libro del periodista Jon Ronson cuenta en detalle el mal paso tuitero de Sacco y afirma que la vida de esta mujer se convirtió en un calvario, por culpa de un tuit.
El caso de Alicia Ann Lynch también es particular. Esta joven de 22 años publicó en Twitter una imagen que, en primera instancia, no generaría ninguna consecuencia indeseada. Allí se la veía disfrazada para una fiesta de Halloween, artificialmente ensangrentada y vestida con indumentaria deportiva. Ahora bien, agregó el siguiente título para la fotografía: “Víctima de la maratón de Boston”. Alicia estaba haciendo referencia al hecho tristemente célebre que tuvo lugar en aquella ciudad en el año 2013, donde murieron tres personas y hubo casi trescientos heridos.
Esta publicación en la red de microblogging pronto fue ganando viralidad, difusión que mutó en una suerte de linchamiento virtual. Lynch fue blanco de innumerables críticas y las consecuencias no encontraron límite en la arena digital: la joven debió recluirse en su casa para no ser vapuleada en las calles, y días más tarde su jefe la despidió. “¿Qué hubiera pasado con Alicia Ann Lynch si hubiera hecho la misma broma, con la misma foto, en 1970, antes de la red? La foto la habrían visto solo sus amigos y su jefe difícilmente la hubiera despedido por esa broma de mal gusto pero de alcance exclusivamente doméstico. El caso es interesante porque evidencia cómo las redes sociales magnifican episodios que, sin esa difusión masiva, hubieran sido mucho menos importantes”, señala en su repaso El País.
La publicación española traza un interesante paralelismo con un hecho que tuvo lugar en la década del 30, cuando faltaban más de setenta años para que Facebook dibuje sus primeros pasos. El País recuerda una ocasión en la cual el célebre artista Salvador Dalí y su musa, Gala, concurrieron a una fiesta en Nueva York caracterizados con disfraces que remitían a la imagen de un bebé que había sido secuestrado y asesinado, hijo de un piloto también célebre. Si bien la prensa se escandalizó, este hecho no opacó la vida de Dalí ni mucho menos. De hecho, salvedades aparte, no son muchos lo que conocen esta anécdota. ¿Qué hubiera ocurrido en los tiempos de las social media? El País arriesga una posible escena: “Dalí probablemente se hubiera quedado sin galeristas, hubiera sufrido un gravoso boicoteo y habría tenido que maniobrar para que no se hundiera su carrera”.
A modo de conclusión, la mayoría de nosotros estará de acuerdo al señalar los mensajes de Sacco, Lynch y Lindsey como desagradables, racistas, poco oportunos, y más desaprobaciones. Ahora bien, el análisis no puede dejar de lado un examen sobre el modo en el cual Internet en general y las redes sociales en particular, influyen en nuestra reputación. De hecho, la denominada “reputación online” ya no es un hecho novedoso y todo aquel que participe en los espacios sociales de la Web debe estar al tanto que, incluso aquello que se dice en baja voz, puede llegar al otro lado del mundo.
Fuente: DonWeb