El contrabando y la subfacturación provocaron una pérdida al Estado de 2.855 millones de dólares en 2026, una cifra equivalente al 0,4 por ciento del Producto Interno Bruto, al medir solo 15 sectores de la economía argentina.
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El contrabando y la subfacturación le cuestan al Estado 2.855 millones de dólares anuales
La pérdida fiscal por comercio ilegal en 15 sectores equivale al 0,4 por ciento del PIB.
Así lo mostró un informe de la consultora especializada en negocios MAP LATAM.
Las divisas que están fuera del sistema
El estudio, titulado Impacto adverso del contrabando y la subfacturación en la economía argentina, confirmó que esos sectores representan el 2,6% del PIB y el 14,5% del PIB manufacturero, por lo que el efecto total del fenómeno podría ser mayor.
Según el relevamiento, de los 2.855 millones de pérdida fiscal estimada, 2.283 millones corresponden a contrabando y 572 millones a subfacturación.
Los analistas de mercado identificaron que la mayor pérdida se concentra en bebidas espirituosas, con 1.400 millones por contrabando, seguida por indumentaria, con 470 millones por subfacturación; celulares, con 255 millones; cigarrillos, con 230 millones; y agroquímicos, con 205 millones.
MAP LATAM ilustró que la pérdida fiscal supera todo lo recaudado por Impuestos Internos y equivale al 160% de la recaudación por Bienes Personales.
También indicó que esos recursos alcanzarían para financiar unas 2.400 escuelas, 120 centros ambulatorios o 2.250 kilómetros de rutas nacionales.
Buenas prácticas comerciales
El documento afirmó que el comercio ilícito en Argentina “se convirtió en un fenómeno estructural, no marginal”.
Los expertos ubicaron al país en el puesto 120 sobre 158 en el ranking de comercio ilícito sectorial de TRACIT 2025.
Argentina figura entre los 20 países con mayor comercio ilícito de bienes gravados, en el puesto 16 sobre 193, según el índice de GI-TOC, con un deterioro frente a 2023.
En los 15 sectores relevados, el contrabando o la subfacturación representan entre el 10% y el 83% del mercado, con casos como perfumería árabe, celulares, juguetes, textiles e indumentaria, marroquinería, televisores, pequeños electrodomésticos, calzado, línea blanca, agroquímicos, yerba mate, bebidas espirituosas, cigarrillos y neumáticos.
El informe también vinculó el avance del problema con un contexto de flexibilización de controles sobre el comercio exterior.
La consultora remarcó que “la apertura es necesaria” y que el desafío consiste en acompañarla con controles al nivel de las buenas prácticas internacionales.